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El combustible de los milagros, Liliana González de Benítez

Clama día y noche con fe al todopoderoso. ¡No te rindas!, porque la oración es el combustible de los milagros

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Si has recibido malas noticias dile a Dios con fe: sé que todo lo que te pida me lo darás. Aun ahora, en medio de esta sentencia, tú puedes hacer un milagro. ¡Dios puede revertir lo irreversible! No te des por vencido; no bajes los brazos, persevera en oración.
Y te lo digo yo que recibí un mal informe. El médico expresó: “el cateterismo cardíaco que le hice a tu esposo reveló que tiene la principal arteria coronaria obstruida en un 95 %, necesita ser operado de urgencia”. Por unos segundos no pude levantarme de la silla donde me hallaba sentada, un frío aterrador me recorrió todo el cuerpo de tan solo pensar en que mi amado esposo podría morir. Definitivamente, no estamos preparados para la muerte, y menos cuando nos sorprende.
Sin embargo, mientras intentaba, a duras penas, reponerme del shock, tuve una profunda sensación de la presencia y el propósito de Dios. La declaración de Jehová establecida en Isaías 65:24 hizo rema en mí. Esta es la palabra que por el evangelio ha sido anunciada: “Y sucederá que antes que ellos clamen, yo responderé; aún estarán hablando, y yo habré oído”. Dios estaba conmigo; Él también escuchó el desafortunado informe, y me dijo: “iré delante de ti; estaré contigo, no te dejaré ni te desampararé; no temas ni te acobardes” (Deuteronomio 31:8). Desde ese momento comenzamos la guerra espiritual. El diablo había venido para zarandearnos, el día malo había llegado, así que nos revestimos con toda armadura de Dios (Efesios 6:11-13) y doblamos rodillas. Mi suegra, mi madre y un ejército de fieles hermanos oramos día y noche sin cesar.
La respuesta de Dios fue inmediata. Aun cuando no teníamos una dirección clara, el Espíritu Santo ya había tomado el control de la situación; cerró las puertas que no convenían y nos dirigió al grupo médico que realizó con éxito la cirugía a corazón abierto.
En mi clamor, Dios me llevó al pasaje bíblico de Lucas 8:22 donde Jesús le dice a sus discípulos: “pasemos al otro lado”, al leerlo entendí que esa enfermedad no era para muerte, sino para que el Hijo de Dios sea glorificado por medio de ella.
Ese es el Dios que yo predico, al que exalto y alabo. Un Dios de amor y misericordia. Él es nuestra fortaleza en las tribulaciones. “Ora en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Efesios: 6:18). Clama día y noche con fe al todopoderoso. ¡No te rindas!, porque la oración es el combustible de los milagros.

Liliana González de Benítez
Periodista y autora
lili15daymar@hotmail.com

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