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El CEV ante la pretensión de anular el artículo 44 del Código Civil

El Consejo Evangélico de Venezuela en representación de sus afiliados, y ante la agenda que pretende la validación del matrimonio entre personas del mismo sexo en Venezuela manifiesta su preocupación y hace público su llamado de atención al respecto a favor de la familia que es diseño de Dios, y fundamento de la sociedad.

En días recientes, el Tribunal Supremo de Justicia se aproximó a la nulidad del artículo 44 del Código Civil, luego que admitiera la demanda de nulidad que asume dicho artículo como inconstitucional, después de la demanda interpuesta por la Asociación Civil Venezuela Igualitaria, la cual aduce en su escrito, que el dicho artículo del Código Civil, “infringe de manera flagrante y directa el derecho al libre desenvolvimiento de la personalidad, a la igualdad ante la Ley, y el derecho a la no discriminación por orientación sexual previsto en los artículos 20 y 21 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela respectivamente”.
Ante estos alegatos, y la agenda incorporada en la acción ya descrita, nos hemos planteado manifestar ante la opinión pública, los Magistrados de la Sala Constitucional, las iglesias, entidades religiosas, y sociedad en general nuestra visión de algunas realidades pertinentes:

Nuestra visión del matrimonio
Entendemos que el matrimonio es la unión permanente y estable entre un hombre y una mujer, que son complementados en su realidad masculina y femenina para la transmisión y cuidado de la vida, es un estado que se adquiere con la finalidad de desarrollar familias como institución llamada a dar fundamento a la sociedad.
Esta concepción del matrimonio, responde a la visible naturaleza de los seres humanos que existen en el elemental binario de hombre o mujer, y que se complementan en todos los sentidos, y con ello posibilitan la generación de una familia sustentable y prolongable. Así, es evidente que el Creador dispuso la complementación incluso anatómico-biológica y social de los seres humanos para tal fin. De modo que cuando reconocemos jurídicamente al matrimonio como la realidad que obedece al orden natural, somos congruentes no solo con lo creado por Dios, sino con lo que ha hecho posible la vida y el cuidado de ella en la realidad de la crianza de niños que pueden tener la referencia de padre y madre, masculino y femenino, en la conformación de sus nociones naturales.

Nuestra visión de la legislación venezolana
El artículo 77 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela establece que se debe proteger el matrimonio entre un hombre y una mujer, así como el libre consentimiento y la igualdad absoluta de los derechos y deberes de los cónyuges. La finalidad de ello es la de posibilitar el engendrar dentro de los parámetros naturales, el adquirir patrimonio, y educar a los hijos, todo dentro de esta figura jurídica. Por eso, al natural concepto de familia le es debido (por el bien de toda la sociedad) el reconocimiento de su exclusividad y el apoyo legal del Estado.
La idea de que una unión entre iguales sexos constituya un matrimonio, es contradictoria con el bien común, y desnaturaliza el concepto de matrimonio al que se debe proteger. Consideramos que el Estado debe establecer parámetros de prioridad, y clasificación legítima, pues más que tener la pretensión de cuidar o legitimar relaciones amigables, sexuales o asistenciales, debe asegurar la preservación de la vida a través de la procreación y naturalización de la familia como asunto de primer orden, y es esa unión jurídica y espiritual que llamamos matrimonio la base constitutiva de tales familias.
Por otra parte, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela señala en su artículo 78, el interés superior del niño, niña y adolescente, el cual se encuentra por encima de los derechos de los demás ciudadanos. A su vez el artículo 8 de la Ley Orgánica para la Protección de los mismos (LOPNA) así lo ratifica. Es por ello que desde la fe, la ética y los derechos del niño, somos contrarios a la adopción infantil por parte de parejas del mismo sexo, y el reconocimiento como matrimonio a este tipo de uniones es un indiscutible paso hacia esta posibilidad; y consideramos que no hay derecho racional al que se puede apelar para que se equipare la crianza de un niño en un hogar donde se cuenta con padre y madre, a uno que no contaría con la complementariedad de ambas figuras, y más con las consecuencias de ambas nociones en las ventajas relativas al desarrollo de la personalidad del niño.

Nuestra visión de la función del Estado
El Estado opta una o varias de tres alternativas cuando se trata de la conducta de los ciudadanos, promover, permitir, o prohibir, y para ello sigue como pauta el mejor bien común.
Se promueve el matrimonio monógamo y heterosexual, permite una diversidad de relaciones en reconocimiento del libre desenvolvimiento de la personalidad, y prohíbe conductas que perjudican a otros como el incesto o la pedofilia. Dado que estos perjudican a la sociedad, mientras que el matrimonio natural la beneficia.
Y es que el matrimonio protegido por nuestra legislación posibilita la procreación, ofrece el mejor ambiente humano y natural para la crianza, dándoles el mejor modelo de familia posible para los hijos, protege y proporciona civilidad al ser humano. Por otra parte, cuando estas familias responden al orden divino y resultan estables, se facilita la reducción del crimen, la educación de los niños, y beneficia económicamente a los miembros de la familia construyendo la primera y más básica sociedad solidaria. Y eso favorece no sólo a las personas casadas sino a toda la sociedad.
Por su parte, la promoción del matrimonio entre personas del mismo sexo, desnaturaliza el propósito de la institución civil del matrimonio.
En naciones en las que se ha dado aval a las uniones entre personas del mismo sexo bajo la denominación de matrimonio, se ha incurrido en afectaciones varias al derecho común, puesto que su promoción ha implicado la promoción de conductas no heterosexuales mediante planes y programas de estudios diseñados para una diversidad sexual sin que estos hayan sido solicitados por los padres, se ha tratado de imponer elementos que afectan la libertad religiosa, y la bolsa común que constituye el pago de impuestos ha favorecido la promoción de realidades que no aprueban todos los ciudadanos.
La aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo no es un interés realmente apremiante para ningún Estado, no así el caso de la protección de la concepción tradicional de familia.

Nuestra visión de la igualdad de derechos
La Ley debe tratar a todas las personas ecuánimemente, pero no trata todos los comportamientos por igual. La unión de personas del mismo sexo y el matrimonio natural, constituyen comportamientos diferentes con diferentes resultados.
Así que la Ley, correctamente debe tratar a lo diferente de forma diferente. Y esto no es discriminación, como tampoco lo es que se legisle de formas distintas para el ejercicio de una profesión u otra, puesto que se trata de realidades con alguna similitud pero en esencia totalmente distintas una de la otra.
La protección y promoción del matrimonio natural, no discrimina a nadie, pero si beneficia a todos. Pensamos que tampoco discriminó el Creador cuando en el ejercicio de su soberanía decidió que naturalmente solo las mujeres dan a luz, que solo las parejas heterosexuales pueden generar vida, que solo los pájaros tengan alas, y solo las especies marinas puedan vivir bajo el mar.

Nuestra visión de la tolerancia
Es evidente que las relaciones entre personas del mismo sexo no son condenadas por el Estado, más allá de lo que tal conducta represente individualmente para cada ciudadano, o para cada conjunto de ellos. Quienes deciden unirse a alguien de su mismo sexo no cometen delito ante los ojos de las leyes venezolanas, y quienes conviven con personas de su mismo sexo pueden activar mecanismos legales que les permitan heredarse mutuamente, tienen derecho al trabajo, derechos patrimoniales, y demás derechos ciudadanos, además de estar en la facultad de impulsar el tipo de leyes que profundice aún más la protección de acciones aberrantes como las provenientes del odio generado por la homofobia.

Nuestra visión de las personas no heterosexuales
Desde la realidad humana, y desde los postulados de nuestra fe cristiana, entendemos a todas las personas sin discriminación como creada, amada por Dios, y meritorios del reconocimiento de su dignidad humana. Rechazamos contundentemente la homofobia y cualquier conducta que promueva el desprecio y la discriminación contra las personas.
Las personas no heterosexuales son llamadas -al igual que todos nosotros- al arrepentimiento del pecado en cualquiera de sus formas, y a caminar en la gracia del perdón de Dios y la vida en su mejor pureza. Entendemos que no hay un pecado más grande que otro, y por lo tanto asumimos que nadie puede condenar al otro, usurpando lo que en la gracia sólo a Dios corresponde.
Las personas no heterosexuales son bienvenidos en nuestras iglesias, y muchos de ellos reciben la pastoral necesaria para afrontar las realidades de la vida bajo la gracia, la misericordia, y la verdad de Dios.
Exhortamos a quienes con motivaciones religiosas usan de lenguajes desproporcionados a entender que la homofobia es un pecado ante los ojos de Dios, e invitamos a todos a hacer revisión de nosotros mismos a fin de que nuestras actitudes no desdigan de la fe y el Dios al que profesamos.
Exhortamos a las personas no heterosexuales a no generalizar indebidamente y convertirse en lo que rechazan de quienes les hieren con desprecios, pues tan mala es la homofobia como la heterofobia, y tan mala es la incomprensión como la antireligión. Son necesarios los espacios más que para el debate, más bien para el diálogo paciente y tolerante que nos ayude a todos a comprender nuestra dimensión humana.

Nuestra visión de la realidad país
Finalmente, nos preocupa la generación de agendas que distraiga a la opinión pública, y a los entes jurídicos, legislativos, y gubernamentales, de lo que debe ser una verdadera urgencia, como lo es la solución de problemas muy graves para la sociedad, como lo son la crisis alimentaria, la creciente inseguridad, la avasallante pobreza, la crisis del sector salud y la falta de medicinas, y muchos otros males que afligen a la familia venezolana, y que demandan la unión de todos nosotros, y el diálogo constructivo y franco que ayude a nuestra nación a resolver estas situaciones que son comunes a la totalidad de los ciudadanos que habitamos este suelo patrio.

Oremos y volvámonos a Dios, pidiendo que manifieste su paz y misericordia sobre Venezuela.
Dios bendiga a Venezuela

Directiva del CEV

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