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El cambio que necesita Venezuela

Desde que Venezuela comenzó su lucha independentista por allá por el siglo XVIII, lo hizo con un afán de cambio; pugnaban por la libertad del yugo español. Desde ese tiempo a la fecha, nuestra nación no ha cesado en su incansable búsqueda de cambio. Pero si somos honestos, los mayores problemas a cambiar no son de forma, sino de fondo.
Las diversas situaciones y crisis en Venezuela tienen su origen más profundo que los modelos, leyes, sistemas o ideologías políticas. Hombres y épocas van y vienen, pero las actitudes y conductas sociales siguen ahí, bien enraizadas en lo más profundo del ser nacional; éstas subyacen en el mismo espíritu personal y colectivo. El problema de Venezuela y los venezolanos es eminentemente espiritual, y su respuesta debe ser espiritual.
Pero no atacando el vacío o los vicios espirituales con religión, sea ésta romana, afroamericana u oriental. De eso hemos tenido mucho durante estos últimos 500 años de historia patria, ¿y el resultado?: la crisis se acrecienta y se torna ya insoportable e invivible. Lo que tenemos hoy, en pleno siglo XXI en Venezuela, es un cúmulo de insatisfacciones y perversiones espirituales que han pasado de generación en generación, de práctica religiosa en práctica religiosa sin que hasta ahora resuelvan el primigenio problema generado por el propio hombre en los inicios, en el jardín del Edén.
El pecado es el problema espiritual por excelencia que azota a la humanidad desde hace poco más de 6.000 años de su existencia, según lo afirma la Biblia. Y el pecado no es otra cosa que la rebelión y la desobediencia a lo que Dios, nuestro creador, a los principios que Él estableció desde el inicio para que nosotros, sus dilectas criaturas, vivamos obedeciéndolos. Las Sagradas Escrituras contenidas en la Biblia son la norma de fe y conducta que se nos ha dado para obedecerlos, y desde ellos establecer el resto del marco legal mundial y nacional. Lamentablemente esto no ha sucedido así.
Pensar y afirmar que las elecciones de este 6 de diciembre serán la catapulta para traer el anhelado cambio nacional, no es más que una gran mentira repetida durante siglos. Ni las naciones más desarrolladas del planeta han podido resolver el primigenio problema espiritual para traer cambios sociales y políticos sustentables.
Ante la pregunta del gran líder religioso de los tiempos de Cristo, Nicodemo, acerca del verdadero cambio humano, el espiritual, que no solo nos ayuda a vivir plenamente en este mundo, sino a asegurarnos la eternidad, «Jesús le respondió: —Te digo la verdad, a menos que nazcas de nuevo [o de lo alto], no puedes ver el reino de Dios. —¿Qué quieres decir? —exclamó Nicodemo—. —Te digo la verdad, nadie puede entrar en el reino de Dios si no nace de agua y del Espíritu. El ser humano solo puede reproducir la vida humana, pero la vida espiritual nace del Espíritu Santo» (Juan 3:3-6. NTV, énfasis añadido).
Usted se preguntará, ¿pero qué tiene que ver esto con el cambio que necesita hoy Venezuela y el mundo?, tiene que ver con todo. Aquellos que han tenido la responsabilidad de liderar las naciones, lo han hecho desde la base de la religión o desde el ateísmo -que es peor aún-, pero con un espíritu corrompido, muerto por el pecado y carente de relación con el Creador del hombre y del mundo. Religión es lo contrario a relación con Dios. Nadie puede tener relación con Dios si no nace espiritualmente a través del perdón de Jesucristo. Sin un cambio o nuevo nacimiento espiritual en Cristo, jamás podremos producir un cambio social, político o económico saludable y sustentable.
Podemos cambiar de parlamento, gobierno, de modelo o de constitución, pero jamás será el cambio que Venezuela necesita, a menos que cada venezolano vuelva su rostro de la religión -cualquiera que sea- o tal vez del ateísmo y de su vida en rebelión o pecado, y abra su corazón en arrepentimiento, que es la verdadera actitud de cambio, recibiendo el perdón, la regeneración y vida eterna que ofrece Cristo de manera gratuita -sin necesidad de ningún rito ni otro mediador idolátrico o religioso.
La corrupción y los modelos fracasados de establecer naciones está en los hombres que tienen una actitud religiosa o atea en su corazón. «Un ciego no puede guiar a otro ciego», asegura Cristo, «porque ambos caerán en el mismo hoyo». Si cambiamos lo externo, las estructuras y modelos, pero seguimos cantando: «El vil egoísmo que otras vez triunfó», seguiremos construyendo sobre una gran mentira. Mentira que ha servido de base para la edificación de todas las civilizaciones fracasadas desde la creación del mundo hasta nuestros días. Desde la venida de Cristóbal Colón hasta el «socialismo del siglo XXI» y más allá.
Solo de la mano de Dios, a través de Jesucristo (Juan 14:6), vendrá el verdadero cambio… Si no lo cree, pregúntele a los millones de regenerados por medio del sacrificio del Señor en la cruz del Calvario. Entre ellos «yo el primero», como escribió el apóstol Pablo. ¿Quiere un verdadero cambio para Venezuela? ¡Cambie primero usted volviéndose a Cristo…!

director@verdadyvida.org

@GeorgesDoumat

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