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El aborto es un homicidio

(Juan Hernández Cortés – Articulista).-

Por falta de una educación sexual adecuada, y por considerar el tema tabú, la mayoría se ha dejado llevar por publicaciones, series televisivas y películas degenerativas que presentan el ejercicio de la sexualidad como algo imprescindible todos los días, en cualquier lugar y con quien sea, sin medir las consecuencias.
La moral se ha hecho a un lado, y ya no se considera que los instintos deban estar sujetos a la razón; la templanza y la cordura se ignoran para dar rienda suelta a los deseos y la forma de satisfacerlos a cualquier costo.
“Si hay placer, satisfacción o gozo, hay que aprovechar el momento”. Es el decir de muchos jóvenes y adultos que se a limentan de las ediciones pornográficas que, con lujo de detalles, presentan el acto sexual en forma aberrante, degenerando la mente, que los impulsa a la práctica, siempre buscando la oportunidad.
Sexualidad es todo lo que tiene que ver con el carácter y con el sexo, y es uno de los regalos más grandes que Dios ha dado a la humanidad, que se debe conocer para ponerlo en práctica en el momento adecuado, el matrimonio, que es donde debe llevarse a cabo.
En el matrimonio, el hombre y la mujer pueden entregarse el uno al otro en amor, y satisfacer sus instintos y deseos, pensando en el fruto que puede engendrarse, lo que aumenta el gozo y la satisfacción de llevarlo a cabo, por su cooperación en la obra creadora de Dios.
Pablo hace una recomendación: “En cuanto a ustedes, los esposos, sean comprensivos con sus esposas. Denles el honor que les corresponde, teniendo en cuenta que ellas son más delicadas y están llamadas a compartir con ustedes la vida que Dios les dará como herencia. Háganlo así para no poner estorbo a sus propias oraciones”1.
Dios proveyó al hombre y a la mujer, de la sexualidad, para que el matrimonio sea sólido. Por eso dio el instinto, el deseo y la satisfacción; pero también dio el razonamiento y la voluntad para saber el momento y el tiempo de practicarlo, planeando la familia.
Otra recomendación de Pablo es: “Pero, por el peligro de la prostitución, cada uno debe tener su propia esposa, y cada mujer su propio esposo. Y tanto el esposo como la esposa deben cumplir con los deberes propios del matrimonio”.
Y sobre la continencia dice: “Por lo tanto, no se nieguen el uno al otro, a no ser que se pongan de acuerdo en no juntarse por algún tiempo para dedicarse a la oración. Después deberán volver a juntarse; no sea que, por no poder dominarse, Satanás los haga pecar”2.
Por ignorancia, y algunos por egoísmo, no respetan el orden de Dios, y dan rienda suelta a las pasiones, teniendo relación sexual fuera del matrimonio, y muchas veces dentro de él, sin recordar que también fue hecho para la reproducción. Y cuando la mujer resulta embarazada, buscan la manera fácil para no tener el hijo o hija, no deseado, abortando.
Sin Dios, siempre se actuará inmoralmente, buscando el beneficio personal; así, los economistas prefieren que se legalice el aborto, para evitar el crecimiento poblacional, en lugar de propiciar programas alimenticios o educativos que eleven el desarrollo cultural y espiritual de las personas. O que se aumenten los salarios para que salgan de la marginación y tengan acceso a una vida digna.
Los políticos prefieren aprobar también la legalización y no de desarrollo social, para que las gentes permanezcan en la indigencia y la ignorancia, y seguir manipulándolas a su antojo, sin importarles las muertes por aborto, creando más degeneración.
Hace cuatro años se aprobó en la Ciudad de México, capital de la República Mexicana, la legalización del aborto, y el 8 de octubre del 2012, el secretario de Salud del D.F., Armando Ahued, informó que desde 2007, cuando se aprobó la interrupción del embarazo, se tienen registrados 92 mil 990 casos.
El 73 por ciento han sido a mujeres de la ciudad, y 26 por ciento residentes de otros estados, que, de seguir así, en 25 ó 30 años, México será un país de viejos, como sucede en Irlanda, que ha tenido que aprobar una Ley de Adopción de niños huérfanos del extranjero, porque ya casi no hay jóvenes.
Se debe enfrentar, demandar y denunciar siempre, que el aborto es homicidio, con todas las agravantes de la ley, ya que va en contra de la vida. Para planificar la familia hay otros medios.
Dios siempre apoyará, y está dispuesto a solucionar toda necesidad de la humanidad, por la mediación de Jesucristo; es tiempo de hacer a un lado las prácticas religiosas vanas que no solucionan nada, y buscar al Señor; ahora que es tiempo.
Jesucristo da la vida, el orden y la responsabilidad, haciendo personas nuevas en Él, que aman como Él ama y respetan a los demás, aún cuando todavía sean un feto.
Por la vida y contra el homicidio, que Dios siempre bendecirá.
——-
1.- 1ª Pedro 3:7
2.- 1ª Corintios 7:2-3; 1ª Corintios 7:5.
Textos de La Biblia Dios habla Hoy. 1996

juanychepita@gmail.com

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