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Ejerza una influencia transformadora y eficaz en sus hijos, Fernando Alexis Jiménez

Debemos pedir a Dios sabiduría para edificar la vida de nuestros hijos

«El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige… Castiga a tu hijo mientras haya esperanza; pero tómalo con calma, no vayas a matarlo» (Proverbios 13:2, 19:18).
¿Hasta cuándo podemos tener el control pleno de nuestros hijos? Esa es una de las preguntas que formulan con mayor frecuencia los padres de familia. Y generalmente lo hacen cuando los hijos experimentan períodos de rebeldía, particulares cuando atraviesan etapas definitivas en su vida y están en la transición de adolescentes a jóvenes y de jóvenes a adultos.
La respuesta invariablemente es la misma: Desafortunadamente tenemos pleno dominio sobre la forma de pensar y actuar de nuestros hijos hasta el momento en el que ellos deciden qué zapatos usar y el color de su ropa. Hasta ese momento ejercemos una influencia directa —que debemos reforzar con principios y valores— y se torna indirecta cuando entran en la adolescencia cuando esos mismos principios y valores deben ir acompañados con nuestro ejemplo.
Tenga presente que de nada sirve insistirle a nuestros hijos sobre determinado comportamiento si nosotros hacemos lo diametralmente opuesto.
No obstante, la tendencia de los últimos años es a caer en los extremos. La especialista Julie Lythcott-Haims anota que:
“Hay tres estilos de crianza de los hijos. En primer lugar, están los padres sobreprotectores, que piensan que el mundo es un lugar miedoso e inseguro, y protegen a sus niños para asegurarles que vivan en un entorno cómodo y tranquilo. Luego está el modelo de la madre tigre, que representa a unos padres estrictos que obligan a sus hijos a seguir el camino que ellos consideran más apropiado. Finalmente, está el tipo de padres que quieren tener a sus hijos siempre de la mano; es decir, que parecen asistentes personales de sus pequeños cuando ya han crecido”. (Citada por la Revista Semana. 12/07/2015. Colombia. Edición digital).
Es evidente que las cosas no andan bien. Y no andan bien porque dejamos de lado a Dios y los principios que Él nos enseñó en la Biblia para criar a los hijos.
Es necesario fundamentarlos en sólidos principios y darles pautas para que aprendan a enfrentar las situaciones adversas que inevitablemente vendrán a sus vidas. La sobre protección los torna inseguros, de ahí que hayan hombres y mujeres —literalmente— que tienden a envejecer con sus padres sin arriesgarse a formar su propio hogar.
Si caen, debemos enseñarles a levantarse y no correr tras ellos velando que ni siquiera una mariposa se pose en su cabeza. ¡Tremendo error! Llevarlos de la mano por la vida los tornará inútiles, y esa es también una responsabilidad por la que deberemos dar cuenta ante Dios.
El libro de los Proverbios tiene mucho que enseñarnos alrededor de la crianza, formación y disciplina para los hijos. Si no lo hacemos apropiadamente, advierte que los padres correremos con las consecuencias.
¿Quiere mirar algunos casos? Por ejemplo, el rey Salomón enseña que si no los disciplinamos y educamos adecuadamente, los hijos serán para la madre motivo de tristeza (Proverbios 10:1); de vergüenza, de oprobio (Proverbios 29:15b); de amargura (Proverbios 17:25b); y luego, el hijo la menospreciará (Proverbios 15:20b), y aun la ahuyentará (Proverbios 19:27a).
También se verá afectado el padre, a quien le causará pesadumbre (Proverbios 17:25a) y aun le robará (Proverbios 19:26), y llegará a decir que tal cosa no es maldad (Proverbios 28:24). El corazón del padre no se alegrará (Proverbios17:21), al contrario, será para él motivo de tanto dolor que preferiría en lugar de su hijo al siervo prudente (Proverbios 17:2).
Los hijos hay que formarlos adecuadamente. En esa dirección, es Dios quien nos provee la orientación apropiada para dar solidez a la educación de los hijos, pero también nos enseña de qué manera hacer cuando llega el momento.
Recuerde la enseñanza del rey Salomón: «El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige» (Proverbios 13:2); y también un poco más adelante instruye: «Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza» (Proverbios 19:18). Sobre esa base aprendemos que una disciplina tardía resulta inútil. La instrucción debe ser oportuna, en el momento indicado.
Es importante hacer un alto en el camino y evaluar el tipo de formación que estamos impartiendo a los hijos; si lo estamos haciendo oportunamente o si dejamos que ellos hagan cuanto quieran, y por último, llegó el momento de involucrar a Dios en nuestro hogar para retomar el control de la familia.

Fernando Alexis Jiménez
Pastor y maestro
pastorfernandoalexis@hotmail.com

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