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¿Distanciamiento social y espiritual?

Cualquiera sea la condición del cristiano, la Biblia nos llama a perseverar, quedarnos o mantenernos haciendo lo que el Señor nos mandó, sea en libertad, en confinamiento o en distanciamiento social

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Hace unos días leímos un trabajo titulado: «La lectura de la Biblia cae durante el distanciamiento social», basado en un informe del ‘Estado de la Biblia 2020’, publicado el 22 de julio por Barna Group y la American Bible Society, hecho entre los cristianos norteamericanos.
La pregunta: ¿Mejores o peores cristianos durante la cuarentena?, fue desarrollada en el citado informe, arrojando que «la pandemia de COVID-19 está cambiando el compromiso bíblico de los estadounidenses, y muchos de los que están socialmente distanciados de sus comunidades espirituales recurren menos a las Escrituras y aquellos que han perdido a sus seres queridos por el virus la leen más».
«Entre principios de 2019 al 2020, el porcentaje de adultos estadounidenses que dicen que leen la Biblia a diario se redujo del 14 % al 9 %, esta disminución de 5 puntos porcentuales en un solo año no tenía precedentes en los 10 años de historia de la encuesta anual; entre 2011 y 2019, los lectores diarios de la Biblia se mantuvieron básicamente en un promedio de 13,7 por ciento de la población. Pero la disminución continuó durante los primeros meses de la pandemia de coronavirus, y en junio, el porcentaje de usuarios diarios de la Biblia había caído al 8,5 por ciento”, reveló el informe.
Distanciamiento social debería significar acercamiento espiritual, dado que ahora los creyentes tienen más tiempo en casa para orar, leer la Biblia y meditar en intimidad con Dios; sin embargo, eso parece no ser así, lo cual indica que los fundamentos espirituales de muchos no han estado en el Señor directamente, sino que han necesitado de la asistencia a los templos para no enfriar su fe, no solo en EE.UU., sino en otras partes del mundo occidental.
Las cosas no mejoran en el mundo respecto a la pandemia, la multiplicación de los contagios y muertes por Covid-19 avizoran una larga cuarentena y un mayor distanciamiento social. Seamos sinceros, lo peor de la pandemia es el distanciamiento social, el cual nos lleva al confinamiento, siendo la Iglesia de Cristo una de las instituciones más afectadas, dado que funcionamos con reuniones presenciales, las cuales no se han podido hacer desde meses, afectando principalmente a las personas débiles en la fe cuando se encuentran distanciadas de sus hermanos en Cristo.
Jesucristo minutos antes de ascender al cielo, les dio las últimas instrucciones a sus discípulos, entre ellas la más importante era esperar la promesa del Padre: el envío del Espíritu Santo, lo cual ocurrió diez días después mientras ellos estaban confinados y guardando distanciamiento social «por temor a los judíos».
Hechos 1:13-14, dice que «cuando entraron a la ciudad, subieron al aposento alto donde se alojaban Pedro, Juan, Jacobo y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Jacobo hijo de Alfeo y Simón el Zelote, y Judas hijo de Jacobo. Todos estos perseveraban unánimes en oración junto con las mujeres y con María la madre de Jesús y con los hermanos de él». Esta fue la primera de miles de veces que los creyentes en Jesús guardarían distanciamiento social por diversas causas, entre ellas destaca el guardar sus vidas por la dura persecución a muerte que los enemigos del Evangelio han hecho contra la Iglesia durante estos casi 2.000 años de historia cristiana.
La Iglesia en todos los siglos ha debido distanciarse del resto de la sociedad, ahora nos toca a nosotros por causa de la pandemia guardarnos del contagio sin poder congregarnos, a otros les ha tocado distanciarse debido a la persecución en países comunistas, animistas o fundamentalistas islámicos. Lo importante del confinamiento está en lo que hizo la naciente Iglesia desde el aposento alto mismo: «perseverar», ¿de qué manera?, «unánimemente», en un solo sentir y un solo parecer.
Perseverar es un verbo que encontramos a lo largo del Nuevo Testamento, viene del verbo griego primario ‘méno’, encontrado con muchas variantes y aplicaciones. Este importante verbo en el desarrollo de la Iglesia significa: quedarse (en un lugar, estado, relación o expectación dada); hace referencia además a: esperar, morar, perdurable, permanecer, persistir, y hasta vivir (Vine/Strong).
Cualquiera sea la condición del cristiano, la Biblia nos llama a perseverar, quedarnos o mantenernos haciendo lo que el Señor nos mandó, sea en libertad, en confinamiento, en distanciamiento social o huyendo por peligro de muerte debido a la persecución.
Hechos 2:42, nos muestra que los cristianos del primer siglo, aun distanciados en las catacumbas, bosques, desiertos y cuevas por causa de la persecución «perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en las oraciones».
Muchos necesitábamos este tiempo en familia, este distanciamiento social, estar confinados con el Espíritu Santo y con nuestro principal prójimo y cumplir nuestro fundamental ministerio que es la familia. Nunca antes habíamos tenido tanto tiempo para dedicarnos a lo importante, nuestros seres más queridos. No perdamos esta oportunidad divina.
Entonces, podemos resumir que distanciamiento social es igual, o debería ser igual, a acercamiento espiritual. Acercamiento a Dios en oración, estudio de su Palabra, en el compartir con los nuestros y los demás a través del teléfono, las redes sociales, entre otros. Hoy tenemos más tiempo para perseverar en los caminos del Señor gracias al distanciamiento social, aprovechémoslo, porque tal vez no tengamos una oportunidad similar a esta, pues no sabemos lo que nos depara el mañana.
Acérquese a Dios en este distanciamiento social. Si se ha enfriado o apartado del Señor, este es el mejor momento para reconciliarse con el Padre celestial a través del perdón de Cristo. Persevere en la oración, la lectura de la Biblia y en la comunión con sus hermanos en la fe.

Georges Doumat B

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