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Discurso con motivo de los 500 años de la Reforma ante la Cámara del Municipio Santiago Mariño, del Estado Nueva Esparta, a cargo de Georges Doumat B.

Agradezco con todo mi corazón la designación con la cual esta ilustre Cámara Municipal me ha honrado para pronunciar el Discurso de Orden por tan significativa fecha, hoy 31 de octubre cuando los cristianos reformados celebramos 500 años de haberse hecho pública la propuesta de cambio dentro de la iglesia católica romana, tras más de 1.000 años de tener enclaustradas las Sagradas Escrituras y la revelación que la viva y eficaz Palabra de Dios encarna en cada uno de aquellos que un bienaventurado día decidimos abrir nuestro corazón a Jesucristo, la Palabra eterna hecha hombre, haciendo de Él nuestro único Señor y Salvador; pasando así de la religión y sus tradiciones a una genuina relación con Cristo.

«Nada podemos hacer contra la verdad, sino a favor de la verdad» (2ª Corintios 13:8).
Aunque lo parezca no vengo a hablar de religión, nunca lo he hecho durante los 25 años de ministerio que Dios me ha permitido ejercer, y creo que todos los creyentes que me acompañan tampoco lo harían, no será un sermón más, vengo a disertar lo que el Espíritu Santo me ha indicado que debo decir en la mañana de hoy. Hablaré cosas que para muchos serán duras, porque duros fueron los hechos y poderosa la verdad eterna que los promovió. Vengo a hablar de historia, de la verdadera libertad que da el tener un encuentro con el resucitado, de progreso y desarrollo socio-moral; en fin, traigo ante ustedes el mensaje que Venezuela necesita urgentemente y que es lo único que la sacará del estado de postración y esterilidad en la que se encuentra; porque aunque muchos no lo crean, el problema de Venezuela es eminentemente espiritual que repercute en el mundo físico.
Abramos nuestro corazón entonces para recibir este transformador mensaje…
Si queremos entender la historia desde el inicio hasta nuestros días, debemos comprender que es Dios el creador de todo y quien partió la misma en antes de y después de Cristo, su Hijo. Él es antes del inicio y será después del final, a diferencia de lo que la humanidad cree, Dios ha estado presente durante estos casi 6.000 años de la creación humana, aunque muchos vivan de espaldas a Él, el Señor jamás lo ha hecho con su más dilecta creación: el hombre. Él es un Dios que ha procurado y procura el bien de la humanidad, y en función de ello ha revelado su plan de amor para con los hombres de manera progresiva. El Altísimo es un Dios reformador y lo ha demostrado en cada uno de los pactos hechos con su pueblo.
Al llegar Jesús al mundo, su mensaje, pasión, muerte y resurrección trajo el Nuevo Pacto por medio de su sacrificio en la cruz del Calvario, por amor a nosotros. Él vivió en la Ley de Dios para traernos su gracia redentora, no hay amor más grande que este. Cristo fue quien habló de la Iglesia por primera vez; el término Iglesia en los originales de la Biblia en griego viene del término «ekklesia», que significa ‘la asamblea de los llamados afuera’; ¿afuera de qué?, afuera del mundo pervertido a una vida consagrada y en plena intimidad e identificación con nuestro Señor. Así lo enseñó, así lo vivieron y enseñaron también los apóstoles y los creyentes, a pesar de la terrible humillación, persecución y martirio a manos de los emperadores romanos de turno desde el siglo I hasta el inicio del IV. Durante ese tiempo el Espíritu Santo terminó de revelar el contenido total e inspirado de las Sagradas Escrituras, para que posteriormente los llamados padres apostólicos aprobaran el canon bíblico con 66 libros, a los que más adelante la iglesia católica le agregó los deuterocanónicos (fuera del canon inspirado).
Como ni el Imperio Romano ni sus creencias paganas pudieron doblegar la inquebrantable fe de los cristianos a pesar de los más de tres siglos de persecuciones y martirios; cierto día y tras el impacto que los cristianos causaron en la vida del emperador romano Constantino, este decidió que el Imperio que lideraba abrazara la fe cristiana en el siglo IV de nuestra era, lo cual al inicio parecía una loable decisión, pero con el correr de los años en vez de mantenerse la observancia plena de la Biblia como la única autoridad de fe y conducta, un grupo de los líderes comenzó a aceptar las prácticas paganas e idolátricas que Roma arrastraba de los antecesores imperios (babilónico, medo, persa y griego), corrompiendo una buena parte de la Iglesia y trayendo como resultado la primera gran división del cristianismo.
Así nace la iglesia imperial o la iglesia católica romana como se le conoció en lo sucesivo hasta hoy, debido a que se exigió a la cristiandad de entonces la subordinación al obispo de Roma, posteriormente llamado Papa, quien ha fungido siempre como un jefe de Estado. Un monarca religioso, para ser más exacto. Tal subordinación trajo una subdivisión entre las iglesias de Occidente, abyectas al Papa romano como las de Oriente que no reconocieron la autoridad suprema del pontífice y recibieron el nombre de ortodoxas con sus ramificaciones en griega, latina, entre otras. Ahí el Papa romano y su organización se vuelve jerárquica y comienzan a establecer prácticas como la oración a los santos y a María; la idolatría; la simbología pagana en la ropa, objetos de culto y los ritos; establecen que en cada misa se vuelve a sacrificar a Jesucristo, aparecen los sacramentos, las indulgencias o pago por el perdón de los pecados para la salida del alma de un supuesto purgatorio que no existe en ninguna parte de las Escrituras. Además, el Papa comienza a considerarse como infalible e injuzgable, como autoridad supra escritural y el único administrador de la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el que unge a reyes y monarcas y quien tiene autoridad sobre reinos y estados.
Estas prácticas totalmente extrabíblicas fueron incrementándose con el pasar del tiempo. Hasta que en el siglo XI d.C. Dios comienza a inquietar a hombres brillantes y escrituralmente bien formados e inicia la época de los pre-reformadores, todos ellos parte del clero romano y educadores de las mejores universidades de Europa, a excepción de Pedro Valdo (1140- 1217) quien era un comerciante adinerado de Lyon, Francia, de quien toman nombre los «valdenses», una de las primeras denominaciones cristianas en aparecer en la historia.
De la universidad de Oxford, en el Reino Unido, el Señor levanta al clérigo John Wycliffe (1320-1384), quien inspirado en la Biblia y los escritos doctrinales de los padres apostólicos como Agustín de Hipona, desafía a la jerarquía romana al desconocer las prácticas paganas del catolicismo y de su máxima autoridad como lo es la institución papal.
Wycliffe desde 1376 en adelante comienza a publicar tratados que denunciaban la secularización de la iglesia católica; la tesis central de estas obras era que las Escrituras son el fundamento de toda doctrina. Él vio la iglesia como una institución espiritual y no política. Por eso la obra pre-reformadora de este valeroso hombre está cimentada sobre las doctrinas de la Escritura y la Iglesia. Sus enseñanzas de las Escrituras y de la Iglesia como una sociedad espiritual fueron las piedras del fundamento sobre las cuales la “Reforma” sería luego fundamentada. Más tarde Jan Huss de Praga así como Martín Lutero, Hulrych Zwinglio y Juan Calvino adoptarían el punto de vista de Wycliffe. Sin él no se hubiera dado la Reforma como la conocemos, pero el Dios Altísimo que es perfecto, justo y amante de la libertad, sabe hacer las cosas exactas y necesarias; Él nunca se adelanta ni se retrasa.
John Wycliff tradujo la Biblia al inglés, trabajo que hizo desde la Vulgata en latín; dando así al pueblo inglés la primera traducción de las Escrituras en su propia lengua; asunto que desagradó a la jerarquía católica del siglo XIV. Fue un traductor antes que Lutero; un teólogo antes que Calvino; y un reformador antes de la Reforma. Este valiente y decidido hombre fue un destacado y brillante pastor y predicador, aunque murió en el total abandono debido a la persecución que el papado le impuso; pero dejó encendida la antorcha de la Reforma en la iglesia romana; antorcha que fue tomada por el no menos brillante clérigo Jan Hus.
Jan Hus nació en Husinec, una pequeña provincia de Bohemia -hoy República Checa- (1369-1415). Estudió en la universidad de Praga, se tituló como maestro en Artes, filósofo y sacerdote; fue también un crítico de la jerarquía eclesiástica. Transmitió sus ideas reformadoras a través de sus predicaciones desde la capilla de Belén en Praga, inspirado por la Biblia y los escritos de Wycliff. Se convirtió en rector la universidad de Praga y confesor de la reina Sofía de Baviera. Pero a partir de 1410 la situación cambió para él y sus seguidores luego que acusaran de simonía a los enviados papales que llegaron a Praga vendiendo las indulgencias plenarias. Comenzó a denunciar la corrupción del liderazgo eclesiástico, en particular la venta de las posiciones jerárquicas dentro del clero, incluido el cargo de Papa. Sostuvo el concepto de Wycliffe de la iglesia invisible de los elegidos, una posición clave que sustentó la Reforma un siglo después.
Fue excomulgado por rehusarse a dejar de predicar. Sin embargo lo que colmó la paciencia de Hus fue que el Papa Juan XXII, en 1412, lanzó una guerra contra el rey de Nápoles, donde el pontífice ofreció un perdón completo de pecados a cualquiera que lo apoyara. Hus atacó este uso de las indulgencias para el avance personal y monárquico del Papa. Como resultado fue perseguido y tuvo que abandonar Praga para refugiarse en el sur de Bohemia, donde escribió sus dos mayores obras, La iglesia y Simonía (compra-venta del favor de Dios, que solo se recibe por gracia a través de Jesucristo). Durante el concilio celebrado en Constanza en 1515 donde compareció y se negó a retraer sus enseñanzas basadas totalmente en la Biblia y no en las tradiciones del catolicismo romano, fue condenado y quemado en las afueras de esa ciudad; su última oración fue: “Señor Jesús, por ti sufro con paciencia esta muerte cruel, te ruego que tengas misericordia de mis enemigos”; y murió cantado salmos.
El movimiento pre-reformador no se detuvo con el martirio de Jan Hus, sus discípulos y muchos otros hombres y mujeres, entre seglares y sacerdotes, continuaron predicando solo la Palabra de Dios hasta que Martín Lutero nace en Eisleben, Alemania, en 1483. Lutero destaca de los demás reformadores del siglo XVI por haber sido el primero de ellos que se enfrentó a la jerarquía romana de manera pública. En julio de 1505, poco antes de cumplir los veintidós años de edad, Lutero ingresó al monasterio agustino de Erfurt. Él tenía un sentimiento muy hondo de su propia pecaminosidad, y mientras más trataba de sobreponerse a ella más se percataba de que el pecado era mucho más poderoso que él.
En 1512 obtuvo su doctorado en teología, y para ello tuvo que estudiar todas las Escrituras. A mediados de 1513 empezó a dar clases sobre los Salmos. El gran descubrimiento vino probablemente en 1515, cuando Lutero empezó a dar conferencias sobre la Carta a los Romanos, pues él mismo dijo después que fue en el primer capítulo de esa epístola donde encontró las respuestas a sus dificultades. Le impactó lo que el gran apóstol Pablo escribió en la Carta a los Romanos 1:17: «Porque en el evangelio se revela la justicia de Dios, que de principio a fin es por medio de la fe, tal como está escrito: “El justo por la fe vivirá”».
Y un día como hoy 31 de octubre, en 1517, Martín Lutero clavó en las puertas del castillo de Wittenberg, en Alemania, donde ejercía el sacerdocio, sus ya conocidas y famosas 95 tesis; a través de las cuales levantaba su voz ante el abuso y la opresión religiosa a la que jerarquía católica venía sometiendo a la feligresía durante siglos. Tanto estas tesis como el total de lo que Lutero y los otros reformadores venían reclamando que fuese cambiado dentro de la religión romana, están magistralmente resumidas en las cinco «solas», que se les considera la base fundamental y el corazón de la Reforma:

1. Sola fide (Solo por la fe). La salvación es solo por fe. La fe en Jesucristo y en su obra en la cruz. No es necesaria ninguna obra humana.
2. Sola gratia (Solo por la gracia). La salvación es un don de Dios. Por tanto, es algo que el pecador recibe de forma inmerecida basada en los méritos de Cristo alcanzados durante su vida, muerte y resurrección; nunca por nuestras obras.
3. Sola Scriptura (Solo las Escrituras). La Biblia es la Palabra de Dios autoritativa, inspirada, la única fuente de autoridad y accesible para todos; solo ella puede normar nuestra conducta, nada que contradiga la revelación de Dios puede regular la vida del creyente.
4. Solus Christus (Solo Cristo salva). Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres. En ningún otro hay salvación, se excluye así cualquier otro camino para llegar a Dios.
5. Soli Deo gloria (Solo a Dios la gloria). Dios, por su poder y gracia con que nos salva es el único merecedor de toda la gloria. El propósito de la salvación que recibimos es glorificar a Dios; poner de manifiesto las excelencias o virtudes de su carácter.
No es que la iglesia católica no creyera en Cristo, en la gracia, la fe, no leyera las Sagradas Escrituras y no diera a Dios la gloria, sino que enseñaba y aún enseña que estas son compartidas entre Jesús, los santos y María, a quienes se les califica como co-redentores, o lo que es igual, salvadores junto con Cristo; además permiten que los hombres se postren ante otros hombres con vestiduras religiosas, hasta les besan hasta sus manos y anillos, cuando la Biblia enseña que solo de Dios y para Dios es la gloria por siempre, y que Él no la comparte con ningún mortal, llámese Papa, obispo o sacerdote. Cuando los reformadores dijeron «solo» es necesario Cristo, la fe, su gracia, la Biblia para ser salvos, prácticamente movieron el entarimado sobre el que descansaba la mayor parte de la doctrina católica.
Ante tal coyuntura religiosa que afectaba las relaciones monárquicas del Vaticano con los reyes de Europa, así como ponía en peligro los mal habidos ingresos, posiciones y beneficios materiales de la jerarquía católica; pues, Biblia en mano eran confrontadas las falsas doctrinas esgrimidas por el papado, inclusive muchas de ellas hasta el día de hoy; era obvio que el Vaticano debía hacer algo para detener el movimiento reformador en defensa de sus beneficios y del poder que ostentaba la hasta ahora plenipotenciaria religión católica.
Es por eso que el Papa León X advirtió a Martín Lutero el 15 de junio de 1520, con la bula papal (es decir, con un documento sellado por el Papa) que se arriesgaba a la excomunión, a menos que en un plazo de 60 días repudiara 41 puntos de su doctrina seleccionados de sus escritos. En octubre de ese año 1520, Lutero envió su escrito al Papa, denominado En la Libertad de un cristiano, añadiendo la significativa frase: “Yo no me someto a leyes al interpretar la palabra de Dios”. El 12 de diciembre quema la bula papal en Wittenberg, por lo que el Papa León X hizo efectiva la excomunión de Lutero el 3 de enero de 1521. Al año siguiente Lutero se presentó ante el emperador Carlos V en la infame Dieta (corte) de Worms (Alemania). Cuando se le preguntó si iba a renunciar a sus puntos de vista, la conocida respuesta de Lutero fue: “Mi conciencia está cautiva por la Palabra de Dios. No puedo ni quiero retractarme de nada, porque no es ni seguro ni honrado actuar en contra de la propia conciencia. Aquí estoy, y no puedo hacer otra cosa. Que Dios me ayude. Amén”. El emperador condenó a Lutero como hereje, pero eso en vez de desanimarlo reavivó el fuego que el Espíritu Santo ya había encendido en su corazón años atrás.
Lutero se casó con una exmonja de nombre Catalina de Bora con quien tuvo seis hijos. Murió de un ataque al corazón el 18 de febrero de 1546 en Eisleben, la ciudad donde nació. Fue enterrado en la Iglesia del Palacio de Wittenberg, cerca del púlpito desde el cual había transformado al catolicismo e impactado el cristianismo desde su época hasta el día de hoy.
Tanto Lutero como otros reformadores siempre encontraron príncipes y monarcas que creyeron en los fundamentos de la Reforma y se convirtieron a Jesucristo, apoyando la traducción y distribución de las Sagradas Escrituras en los idiomas de cada nación. En el caso de Lutero gozó del apoyo y resguardo del príncipe Federico III de Sajonia donde pasó un año traduciendo la Biblia al alemán; por esta razón, Lutero es considerado además como uno de los fundadores de la literatura en alemán.
Contemporáneos con Lutero fueron los también reformadores, Erasmo de Rotterdam, William Tyndale, Ulrico Swinglio, Juan Calvino, entre muchos otros que se volvieron de la religión a una verdadera relación con Jesucristo y pusieron a la Biblia como la única norma de fe y conducta para el cristiano.
Ante el terremoto que significaron los postulados del movimiento reformador en el catolicismo medieval, incorrectamente llamada «Reforma Protestante», pretendiendo hacer ver a la Reforma como un movimiento protestatario, ignorando que la palabra Reforma es una de las que más sinónimos tiene en el mundo; se le conoce por lo menos 17 sinónimos, que son: Transformación, mejora, alteración, reconversión, modificación, progreso, restauración, arreglo, cambio, renovación, revisión, reajuste, reparación, corrección, enmienda, variación y perfeccionamiento. Este movimiento conocido mundialmente como la Reforma Protestante, en realidad debería llamarse: «la vuelta de gran parte del pueblo católico a la Biblia».
Pero la Reforma no fue solo un movimiento religioso, como lo indiqué al principio de esta disertación, ni tampoco terminó en la época medieval; esta continuó hasta nuestros días. Con el correr de los años los valores de la Reforma promovieron: La educación pública abierta para todas las personas; la ética; la libertad de pensamiento y fe; una cultura del trabajo libre y abierta para cualquier ciudadano; la familia tal y como Dios la instituyó cobró fuerzas; se estableció un compromiso radical con las necesidades del prójimo; nació el sistema democrático como lo conocemos hoy; se logró la separación de Iglesia y Estado; entre muchos otros logros que de no haberse dado la Reforma, probablemente la vida pública, las instituciones sociales y gubernamentales estuvieran todavía sometidas a una casta religiosa que disfrutó ante la opresión del prójimo durante siglos. Dios ha sido bueno con nosotros.
Como dijimos, la religión de Roma no se iba a quedar sin arremeter contra el movimiento divino, así son los ideales totalitarios, sean estos religiosos o de cualquier índole; es así como la jerarquía católica crea lo que se conoce en la historia como la Contrarreforma. Este movimiento surgió en el siglo XVI en el seno de la iglesia católica como una reacción a la Reforma Protestante y para tratar de frenar sus ya peligrosas consecuencias para la religión imperialista romana. Su aparición produjo la creación de la Inquisición, llamado Santo Oficio, a cargo del Papa Pablo III en 1542 y tuvo sus ramificaciones persecutorias en varias naciones de Europa, entre ellas España.
Además de la Inquisición, Pablo III aprobó varias órdenes religiosas, siempre en pro de frenar o minimizar el poderoso impacto que estaba causando la Reforma en Europa. Una de las órdenes que de manera rápida adquirió poder fue la Compañía de Jesús o los jesuitas, como se le conoce, fundada por Ignacio de Loyola; cuya labor, además de perseguir a los Reformadores a muerte expandió el catolicismo y lo sacó de los claustros, llegando a establecer fundaciones para atender a los pobres, los niños, la educación y esparció el catolicismo por muchas naciones de Asia, África y América, en clara muestra de que los protestantes no serían los únicos que se ocuparían del prójimo; de manera que algo bueno produjo el celo de los jesuitas por aquellos excatólicos, ahora convertidos a Jesucristo, a quienes denominaban «herejes» por defender la Biblia y no los dogmas del Vaticano.
Esta costumbre persecutoria de la Compañía de Jesús, de la mano del movimiento Opus Dei, una suerte de secta secreta del catolicismo, siempre han perseguido a los creyentes en Cristo y herederos de la Reforma hasta el día de hoy; es de resaltar que de esa orden sacerdotal procede el actual Papa Francisco, el único jesuita en la historia en llegar a la máxima jerarquía de la religión romana; quien apenas ascendió al poder en el Vaticano, Bergoglio declaró: «hay que frenar a los evangélicos en América Latina»; pero ahora en pleno ejercicio de la diplomacia religiosa intenta acercarse a la Iglesia del Señor en una abierta falta de respeto para con Dios, para con la memoria de los reformadores que durante siglos fueron perseguidos y ejecutados, y una abierta muestra farisaica para con la Iglesia cristiana de hoy, conformada mayoritariamente por excatólicos a quien el Espíritu Santo le abrió los ojos de su entendimiento para ser salvos, al igual que ayer, solo por la fe, la gracia de Cristo, reconociendo a la Biblia por encima de cualquier autoridad gubernamental y religiosa, para finalmente darle únicamente a nuestro Padre y Dios la gloria en todo tiempo y lugar.
Volviendo a la Inquisición, es necesario que se sepa que muchos historiadores afirman que fue un movimiento mayormente español, y no es casualidad que el fundador de la Orden jesuita, el exmilitar y sacerdote Ignacio de Loyola también fuera español; pues fue España el país donde se persiguió y ejecutó a muchos reformadores, tratando así de frenar el avance de la libertad religiosa que ofrece Cristo y la Biblia en el territorio de Miguel de Cervantes.
La Inquisición en Europa produjo una desbandada de muchos cristianos reformados a otras naciones, expandiendo así la enseñanza de la Biblia a otros continentes, entre ellos Norteamérica (estableciéndose en EE.UU. y Canadá); mientras que a lo que conocemos hoy como América Latina (desde México hasta Argentina) llegaron los monjes católicos a través de los viajes colonizadores, con Cristóbal Colón y otros navegantes europeos, ya que fueron mayormente los reyes bajo el férreo dominio católico los que financiaron tales viajes. Por eso vemos hoy la marcada diferencia social, política, económica y espiritual entre Norteamérica (fundada bajo los preceptos bíblicos) y Latinoamérica, que fue fundada por las diferentes órdenes eclesiásticas de Roma. Creo que no es necesario hablar de la diferencia… La Biblia pronuncia una lapidaria frase: «Tal el sacerdote, tal el pueblo»; y de acuerdo a los líderes espirituales que llegaron a cada región de América ha sido el comportamiento de sus respectivos pueblos.
Como España no abrazó inicialmente la Reforma durante el siglo XVI, América Latina tampoco la conoció, sino hasta inicios del siglo pasado; y por eso, al igual que África, somos un continente sumido en pobreza, corrupción, políticos sin amor por su pueblo ni temor de Dios, donde la mayoría de la población está sumida todavía bajo los influjos engañosos de una religión que viene practicando, con ligeros cambios, los mismos desmanes que los reformadores protestaron desde los siglos XIV, XV, XVI y XVII. Pero considero que Roma hoy empeoró en el tema del sincretismo religioso, pues antes quemaban a los brujos por herejes, ahora aceptan que se practiquen las religiones afroamericanas ocultistas usando el mismo nombre de los llamados santos y vírgenes para sus deidades demoníacas. Y como dice el refrán popular: «el que calla, otorga».
Recordemos lo escrito por el apóstol Pablo en la Carta a los Romanos (1:18-25) que haríamos bien en no olvidar jamás:
«Ciertamente, la ira de Dios viene revelándose desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los seres humanos, que con su maldad obstruyen la verdad. Me explico: lo que se puede conocer acerca de Dios es evidente para ellos, pues él mismo se lo ha revelado. Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa. A pesar de haber conocido a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón. Aunque afirmaban ser sabios, se volvieron necios y cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes que eran réplicas del hombre mortal, de las aves, de los cuadrúpedos y de los reptiles. Por eso Dios los entregó a los malos deseos de sus corazones, que conducen a la impureza sexual, de modo que degradaron sus cuerpos los unos con los otros. Cambiaron la verdad de Dios por la mentira, adorando y sirviendo a los seres creados antes que al Creador, quien es bendito por siempre. Amén».
La Reforma apenas llegó a Venezuela en 1906, y que en Margarita se fundó la primera iglesia cristiana de todo el Oriente, en 1917, en la población de Puerto Fermín, Municipio Antolín del Campo, donde está establecida la que hoy se llama Iglesia Ebenezer, de la que me siento honrado de haber conocido a Cristo hace 26 años durante el cuidado pastoral de Nieves Oswaldo Flores (hoy con el Señor), un hombre de Dios como pocos han pisado esta tierra guaiquerí. Esta centenaria congregación margariteña desde sus inicios fue perseguida y quemada por el sacerdote católico de esa parroquia, quien huyendo a la ciudad de Carúpano se encontró con el Cristo Resucitado, viviendo el mismo encuentro que millones de hijos de la Reforma han experimentado desde aquel célebre 31 de octubre de 1517.
Como excatólicos y herederos de esos valerosos hombres y mujeres que ofrendaron su vida por Aquel que la dio primero por ellos en la cruz del Calvario, nosotros también hoy tenemos que, en el nombre de Jesús, pegar nuestras tesis de protesta en las puertas de los edificios de gobierno e iglesias no reformadas… Como ciudadanos que conocimos la verdad de la salvación solo en Cristo y a través de la Biblia, hoy tenemos no solo el derecho, sino la responsabilidad de protestar públicamente también:
Protestamos, ante tanta persecución religiosa, muy a pesar de los derechos de libertad de culto que nos consagra la Constitución Nacional en el artículo 59.
Protestamos, que no se nos deje enseñar las Escrituras con la misma libertad que el clero lo hace donde quiere y cuando quiere, pues se proclama libertad de culto pero en instituciones y poderes de la nación se honra oficialmente a la religión imperante colocando sus imágenes y celebrando sus fechas como no laborables, en abierta violación y falta de respeto hacia las demás confesiones de fe.
Protestamos, porque no se nos permite colocarle nombres bíblicos y de héroes de la fe judeo-cristiana a nuestras instituciones educativas.
Protestamos, contra una jerarquía religiosa que a pesar de que ha enseñado más tradiciones y dogmas religiosos a la clase política y dirigencial venezolana durante más de 500 años, hoy pretenda echarle la culpa a los gobernantes por no ser lo que ellos jamás le enseñaron a ser desde sus altares e instituciones educativas religiosas.
Protestamos, porque todavía esa institución religiosa no ha entendido lo que Dios comenzó a hacer hace 500 años en Europa y el mundo entero y aún persisten en su obstinada persecución a la iglesia reformada.
Protestamos, porque nuestros políticos y dirigentes no han entendido que si no buscan de Dios y leen la Biblia, seguirán errando pues quien se inclina y honra a una imagen debe saber que la idolatría, como lo enseña el Señor en la Biblia, produce atraso, hambre, miseria e injusticia. En pocas palabras, produce la Venezuela de hoy.
Protestamos, porque el liderazgo venezolano en general prefiere ser guiado con voz de hombre y confiar sus almas y al pueblo que lideran a una religión y unos religiosos que no solo no les enseñan las verdades de Dios contenidas en la Biblia, sino que les mienten en muchas de las enseñanzas, lo cual les mantiene cautivos en mente y espíritu.
Protestamos, que luego de 500 años de una errónea enseñanza religiosa no bíblica, la jerarquía católica no enmiende, se arrepienta y termine de convertirse a Cristo de corazón y así le enseñen a la población venezolana.
Pero como pueblo del Señor con voz profética para Nueva Esparta y Venezuela, declaramos que la Reforma no se ha detenido, ahora es cuando el Altísimo hará saber a los venezolanos de su gracia y misericordia.
Declaramos que así como en la Europa medieval, la ignorancia religiosa tiene sus días contados, veremos a millones de compatriotas nuestros saliendo del oscurantismo religioso y viniendo a los pies del único que murió por nosotros en la cruz y nos puede salvar y salvar a Venezuela..
Declaramos que aquello que la Reforma trajo al mundo se hará realidad en Cristo en nuestra amada Venezuela: aquí también llegará el modernismo, la libertad, la justicia social, la prosperidad e igualdad, se establecerá la verdadera democracia, la que hombres como Juan Calvino propugnaron, que el temor de Dios vendrá a la vida de los venezolanos y nuestros líderes ejercerán sus funciones bajo la dirección del Espíritu Santo.
Venezuela: te profetizamos en el nombre de Jesucristo, que los días de la injusticia y la opresión están llegando a su fin, Dios nos está hablando de una Nueva Venezuela donde la nación entera, luego del tiempo de tribulación y persecución que aún falte, vendrá un nuevo liderazgo, una nueva conciencia de país reformada por la Palabra de Dios. Cuando el pueblo en general entienda que la religión romana y afroamericana, ambas idolátricas, son abominación al Señor, entonces, y solo entonces, clamarán al Dios verdadero y de Él vendrá tiempos de refrigerio, prosperidad, progreso y Venezuela será una bendecida nación encendida por la unción y el poder del Altísimo.
Venezuela clamará a Dios de corazón, como la Europa medieval, gritando a los cuatro vientos: ¡basta de opresión… queremos una reforma profunda! Entonces el milagro sucederá.
31 de octubre de 1517, 31 de octubre de 2017, a lo largo de estos 500 años la historia está llena de hombres y mujeres que siguiendo los postulados bíblicos de la Reforma, han luchado por la promoción de los más altos ideales de la humanidad; todo fundamentado únicamente en Cristo, la gracia, la fe, las Escrituras, para que solo Dios se lleve la gloria, pues nadie más que Él la merece…
Y por último, pero no por ser lo menos importante, sino que lo dejamos para el final de manera que tuvieran la oportunidad de reflexionar, le resumo, como lo hizo Jesucristo, toda la ley, los salmos y los profetas, como señalan los evangelios: ame primeramente al Señor por sobre todo y a su prójimo como a sí mismo.
El milagro de la Reforma vino de la siguiente manera, como dice la Palabra de Dios:
«Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo. Pero pregunto: ¿Acaso no oyeron? ¡Claro que sí! Por toda la tierra se difundió su voz, ¡sus palabras llegan hasta los confines del mundo!» (Romanos 10:17-18).
«Este es el mensaje que hemos oído de él y que les anunciamos: Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad. Si afirmamos que tenemos comunión con él, pero vivimos en la oscuridad, mentimos y no ponemos en práctica la verdad. Pero, si vivimos en la luz, así como él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado. Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad. Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad. Si afirmamos que no hemos pecado, lo hacemos pasar por mentiroso y su palabra no habita en nosotros» (1ª Juan 1:5-10).
Si amamos en verdad a Venezuela y la queremos ver justa, libre, próspera y bendecida, dejemos ya la vanidosa viveza criolla que tanto nos ha costado y comencemos a cumplir lo que Dios nos pide en su santa Palabra.
Martín Lutero dijo: «Siendo propiedad del Señor Jesucristo a gran precio adquirida, no debemos ser esclavos de Satanás ni de hombre, sino señores verdaderamente libres que no sirven al pecado sino al Señor Jesús».
El arrepentimiento es el primer paso para conocer realmente a Cristo, tal y como lo dice el apóstol Juan. Si ese es su caso, por favor permítame guiarles en una oración final…
Y como lo dijo Martín Lutero: ¡Soli Deo gloria!
Muchísimas gracias… ¡Dios les bendiga abundantemente!

 

Georges Doumat Belune
Pastor, comunicador, escritor y conferencista
Plaza Bolívar de Porlamar, isla de Margarita, Venezuela; 31 de octubre de 2017.

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