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Dios también regala…

Si de algo se caracteriza esta temporada decembrina donde muchos celebran la natividad de nuestro Señor Jesucristo, es de dar y recibir regalos. De hecho, muchos se reúnen en torno al rincón de la casa donde reposan los regalos a la espera de la noche escogida para recibirlos. Es un tiempo de compartir en familia y entre amigos, más allá de que los verdaderos cristianos sabemos perfectamente que Jesús no nació el 25 de diciembre.
Pues bien, es bueno saber que Dios fue el primero que regaló en la primera Natividad o Navidad. El centro del universo, el Hijo unigénito del Padre celestial fue, precisamente, el gran regalo de Dios. Muchos ven al Altísimo de diversas maneras, pero muy pocos lo ven como el Dios que regala.
Los hombres compramos regalos del fruto de nuestro trabajo, nuestros obsequios son materiales y temporales, mientras que el regalo de Dios es su propio Hijo, quien voluntariamente decidió dejar su gloria y venir al mundo creado por Él para darle al hombre lo que desde el principio ya Dios nos había regalado y que perdimos por causa del pecado. El regalo de Dios es «el Cordero que fue sacrificado desde la creación del mundo» (Apocalipsis 13:8b/Génesis 3:15. NVI).
Normalmente regalamos a quienes nos aman, sean familiares o amigos cercanos y esperamos reciprocidad de ellos; pero el Altísimo, es el Dios que regala a quienes no se lo merecen, aun a aquellos que son sus enemigos por causa de la desobediencia a Él; a eso es lo que se le conoce como ‘gracia’: el favor, el regalo inmerecido de Dios.
El apóstol Juan escribió en su evangelio el verso más sublime que describe el corazón dadivoso del Padre: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna» (Juan 3:16. Énfasis añadido). Ese verbo ‘dar’ en el original tiene un amplio significado, convergiendo todas sus aplicaciones en un regalo de Dios para aquellos que abren su corazón a Él y aceptan el sacrificio (perdón, salvación) y el señorío de Jesús, por quien tenemos entrada gratuita a la vida eterna. Los regalos no se pagan, simplemente se reciben; y es la voluntad de Dios que recibamos su regalo perfecto: Jesucristo.
En una ocasión Jesús sostuvo una conversación, no acostumbrada por los judíos, con una mujer samaritana, a quien «le respondió: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’; tú le pedirías a él, y él te daría agua viva”» (Juan 4:10). En este episodio Jesús se muestra como ‘el don o regalo de Dios’; donde don, del griego ‘dorea’, se usa siempre para un don espiritual o sobrenatural.
Es decir, Jesucristo no es cualquier regalo, es uno que nos da vida espiritual, gracias a su sacrificio en la cruz del Calvario. A la vez es un don/regalo sobrenatural, porque desde su concepción, ministerio terrenal, muerte vicaria y resurrección gloriosa al tercer día estuvo por encima o más allá de lo natural.
Ya el Padre celestial lo había anticipado a través del profeta Isaías, casi 700 años antes de nacer Jesús, al profetizar: «Porque nos ha nacido un niño, se nos ha dado [concedido, dado por gracia: regalado] un hijo y él tendrá el gobierno sobre su hombro. Estos serán sus títulos de realeza: “Admirable”, “Consejero”, “Dios poderoso”, “Padre eterno”, “Príncipe de paz”. Su siempre creciente y pacífico reinado no acabará jamás. Gobernará con perfecta equidad y justicia desde el trono de David su padre. Traerá verdadera justicia y paz a todas las naciones del mundo. Esto ocurrirá porque el Dios Todopoderoso se ha empeñado en realizarlo» (Isaías 9:6-7. NBV. Énfasis añadido).
¡Imagínese semejante regalo de Dios!, y todavía falta mucho de la manifestación espiritual y sobrenatural de Jesús, quien pronto reinará sobre el mundo entero. Jesucristo como ‘el don de Dios’ para la humanidad, a su vez le regalará a aquellos que acepten voluntariamente su señorío una vida y un reinado de paz, equidad y justicia… «porque el Dios Todopoderoso se ha empeñado en realizarlo».
Fue el Altísimo quien nos regaló a su Hijo Jesucristo sin nosotros pedirlo ni esperarlo, y con Él también todas las bendiciones y su herencia eterna. De todos los regalos que reciba en esta temporada o a lo largo de su vida, nada se compara con Él, celebrar su nacimiento sin recibirlo en su corazón es desechar el mejor regalo de Dios…

Feliz, bendecido y victorioso 2020

Estamos a punto de iniciar un nuevo año, agradecemos a Dios por su amor y fidelidad al permitirnos cerrar el 2019 y abrir el 2020, a pesar de todas las adversidades. Sabemos que venga lo que venga, todo estará en las soberanas manos del Señor, a quien encomendamos cada día de los 365 que están por iniciar.

También agradecemos a Dios por la vida de cada uno de ustedes, lectores, distribuidores, anunciantes y relacionados, por permitirnos servirles desde esta tribuna periodística; esperamos que el nuevo año les traiga muchas bendiciones y puedan lograr sus anhelados sueños tomados de la mano del Señor.

¡Que Dios bendiga a Venezuela y a todas las naciones con su paz y salvación, en el nombre de Jesucristo…!

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