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Dios no quiere nada a medias

Bien expresa la Palabra en Colosenses 2:10, que nosotros estamos completos en Cristo. Por tanto, abundemos en acciones de gracias, y anunciemos a otros…

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Uno de los versículos más alentadores de la Biblia está en Filipenses 1:6, y dice: “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”.
Les invito a mirar en la Epístola de los Efesios, cómo esa idea está impregnada en el evangelio, y de qué manera nos afecta positivamente.
En primer lugar, miremos:

TRES ASPECTOS SOBRE LO COMPLETO QUE FUE EL PROGRAMA ETERNO DE NUESTRA SALVACIÓN EN CRISTO

El primero, Dios nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él (Efesios 1:4). Este pasaje no habla de una pre elección arbitraria, como si Dios fue acaso culpable de los que se pierden. Lo que sí expresa es que el proyecto eterno de Dios con los salvados fue que ellos llegasen a adquirir por su fe en Cristo, una justicia que solo Dios puede otorgar. Ningún hombre puede lavar sus propios pecados, pero al aceptar a Cristo, aun el más vil pecador, llega a ser en Él, santo y sin mancha ante la presencia del Padre celestial.
El segundo, Efesios 5:1 Pablo dice que, en amor Dios nos ha predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad. Predestinar aquí no significa preelegir para salvación, sino establecer un destino anticipadamente, en que Dios quería ser nuestro propio Padre. En el plano eterno que Dios hizo en Cristo, Él determinó adoptar a los creyentes como sus propios hijos. En el evangelio eterno, el Padre no hace diferencia entre la manera como ama a su Hijo Unigénito, y como nos ama a nosotros. Lo sabemos porque Jesús pidió así al Padre en Juan 17:26: “para que el amor con que me has amado, esté en ellos y yo en ellos”.
Tercero, en la eternidad, Dios se propuso en sí mismo, reunir todas las cosas en Cristo (Efesios 1:9-10). Sabemos que la presciencia de Dios previó el fallo de la criatura humana. La Biblia enseña que el pecado trae desorden que trasciende al mismo hombre pecador y afecta todo en su entorno. Pero el Dios previsor, lo sabía de antemano e hizo el propósito de poner a su Hijo Jesucristo como reconciliador entre Él y toda la creación que el pecado desordenaría. Así que, en Cristo, finalmente todo está llamado a ser reconciliado con Dios.
Miremos también:

TRES ASPECTOS SOBRE LA OBRA COMPLETA QUE DIOS YA HA HECHO EN NOSOTROS A TRAVÉS DE CRISTO

Dice Efesios 1:22, 23 que cuando Dios glorificó a su Hijo sentándolo a su diestra en los lugares celestiales, también lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la Iglesia. Lo que revela el pasaje es que, al tener a Cristo como su cabeza, la iglesia, por disposición divina, tiene todo bajo sus pies. Una gran parte de los creyentes en el mundo vive sin ejercer esa autoridad. Pero Dios no nos dio un poco de su poder, sino que en el evangelio se dispensa a los que creemos, una supereminente grandeza del poder de Dios (Efesios 1:19).
Asimismo, en Efesios 2:5,6 la Palabra otra vez demuestra que Dios no nos ha salvado a medias, sino que, estando nosotros muertos en pecados, Él hizo una obra triple para restaurarnos: nos dio vida juntamente con Cristo, juntamente con él nos resucitó, y también nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús. Así que, no solo tenemos la vida de Dios como identidad, sino también el poder para vivir victoriosos contra el mal. Como si fuera poco, nos dio una posición celestial, a la que Pablo llama, sentados, completamente salvos, totalmente perdonados, absolutamente redimidos.
Y en Efesios 2:19 Pablo demuestra que, siendo gentiles salvos, no estamos en desventaja como pueblo. Por el contrario, al aceptar a Cristo, ya no somos extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios. En la cruz de Cristo, ya no hay dos pueblos, sino uno. La pared intermedia fue derribada y ahora somos coherederos de los pactos de la promesa.
Amados, bien expresa la Palabra en Colosenses 2:10, que nosotros estamos completos en Cristo. Por tanto, abundemos en acciones de gracias, y anunciemos a otros todas las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas, a su luz admirable.
¡El Señor les bendiga!

Eliseo Rodríguez
Pastor, teólogo y escritor

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