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Diferencia entre oración y clamor, José Miguel Correa

La promesa de ser oídos por Dios y ser librados está estrictamente reservada para los justos que claman

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“Aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre. Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob” (Éxodo 2:23-24).

En este pasaje el pueblo de Dios estaba siendo castigado duramente por Egipto, por lo cual clamó al Señor y recibió misericordia. En diferentes partes de la Biblia se muestra cómo Israel clamaba a Dios por ayuda, con gemido y llanto, entonces Él escuchaba sus súplicas y levantaba un libertador.
La mayoría piensa que orar y clamar es lo mismo; sin embargo, existe una gran diferencia:
ORAR: es hablar y dialogar.
CLAMAR: Es un grito de auxilio, es pedir con desesperación en el corazón, tener angustia y aflicción por la petición, aquella que sale de lo más profundo de nuestro ser.
La promesa de ser oídos por Dios y ser librados está estrictamente reservada para los justos que claman, ellos estarán día y noche doblando rodillas, llorando y gimiendo delante del Señor hasta recibir respuesta.
“Busqué al Señor, y él me escuchó, y me libró de todos mis temores.  Este pobre clamó, y el Señor lo oyó y lo libró de todas sus angustias (Salmos 34:4,6).
Un clamor no se hace de un momento a otro. No es un evento. Un clamor nace de un corazón al que le duele el pecado, la injusticia. Nace de un corazón que llora por ser transformado para agradar a Dios.
“Pero en mi angustia, Señor, a ti clamé; a ti, mi Dios, pedí ayuda, y desde tu templo me escuchaste; ¡mis gemidos llegaron a tus oídos!” (2 Samuel 22:7).
Salmo 34:15: “Los ojos de Jehová están sobre los justos, Y atentos sus oídos al clamor de ellos”.
Salmo 106:44: “Con todo, él miraba cuando estaban en angustia, y oía su clamor.
Ester 4:1: “Luego que supo Mardoqueo todo lo que se había hecho, rasgó sus vestidos, se vistió de cilicio y de ceniza, y se fue por la ciudad clamando con grande y amargo clamor”.
Hebreos 5:7: “Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente”.
Nuestro Padre Eterno, nos da la salida a tanta angustia y a tanta opresión, Él nos pide que clamemos, que nos arrepintamos, que nos humillemos, pero hemos sido un pueblo de corazón duro que no quiere humillarse, que cree que Dios debe darle todo lo que pide, un pueblo que aún dice que no se merece esto, un pueblo que culpa a sus gobernantes, pero que no examina su corazón ni camina en rectitud, pero debemos reconocer nuestra maldad y nuestra condición y humillarnos para que Dios pueda ayudarnos porque a los altivos Él los mira de lejos.
Este pueblo con sus labios ha honrado a Dios, pero nuestros corazones se han apartado de Él.

José Miguel Correa
Articulista

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