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“Detrás de la cortina”, José Miguel González

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Los últimos acontecimientos que han estado suscitándose no solo a nivel mundial o internacional, sino a nivel nacional y local con nuestro país Venezuela, son tan puntales como para detenernos y discernir lo que está sucediendo.
Cuando hablamos de esto es porque hay una serie de elementos que se han conjugado hasta el día de hoy y hemos repetido muchas veces en los recorridos de país que se han realizado durante estos últimos cuatro años.
La crisis en nuestro país no es económica, la crisis en nuestro país no es política, la situación crítica por la que atraviesa nuestro país no es social, deriva de una crisis moral y espiritual. Es allí donde (todos) nosotros con criterio tolerante de sanidad y sensibilidad necesitamos colocar nuestras manos sobre el arado sin mirar atrás.
La extensión del aislamiento a 30 días más va cónsono con la realidad de gran vulnerabilidad sanitaria de nuestro país que sumado a otros tres elementos la agravan…
Tres elementos más la agravan a niveles insospechados y que enumero:
1.- La falla crítica en el suministro de los servicios básicos (agua, electricidad, combustible, etc).

2.- La situación tensa de presión política internacional que pesa sobre nuestro país producto de acusaciones y señalamientos de orden delictivo que están apuntando hacia el liderazgo de esta nación y cuando hablo de ellos es porque nuestra cultura lastimosamente ha sido permeada no en los últimos 20 años, sino desde los últimos 100 años con una propensión hacia la corrupción, el robo y el vilipendio.

3.- El elemento que faltaba como condimento para agravarlo o acelerarlo era la idolatría.
Estos últimos años se ha evidenciado un severo aceleramiento de la crisis espiritual de esta nación producto de la proliferación de culto a deidades, a la necromancia y pare usted de contar cuánta práctica de ocultismo y de hechicería enquistada sobre nuestra nación.
Johnny Enlow dice: «La idolatría despoja a las personas de su protección y provisión. La historia ha demostrado que conforme las personas y naciones erradiquen la idolatría, pronto aparecerá una mejor economía».

La pregunta que salta hoy: ¿Estamos de cuarentena? Ciertamente dentro de lo que es un ciclo de control de epidemias si, mientras se desarrolla una vacuna o tratamiento y que debe cesar de un momento a otro. Pero ¿continuará esta cuarentena sobre Venezuela? Creo que más que una cuarentena, Venezuela está bajo una condición muy particular y depende del punto de vista que la miremos. Creo firmemente que este aislamiento es para la iglesia, es el desafío de retiro espiritual más extraordinario que hayamos podido tener en los últimos años, me atrevería a decir que estamos siendo llevados de manera forzosa a un retiro, donde en primer lugar sea depurado y limpio el altar de la familia. Hemos dado primacía al púlpito y a los momentos de congregación. La fama, el estatus y las estructuras sean grandes o pequeñas, como archipiélago vistos desde la altura… Cada quién con su isla, parece ser la premisa.
Para muchos esto es cuarentena, pero para otros es una cuenta regresiva. Estamos siendo llamados a tomar decisiones y me estoy refiriendo al liderazgo es tiempo para de poner todo esto.
«Una sola cosa hago», decía el apóstol Pablo.
Días atrás utilizaba la ilustración de un tren para agradecer una deferencia recibida en uno de los grupos o chats de líderes a nivel nacional.
El tren hoy día ciertamente ha evolucionado, pero sigue siendo en esencia el mismo, conformado por una serie de vagones más una locomotora, motor o cabina de conducción que los tira y dirige. Cuando los observamos por modernos que sean la alternabilidad está allí activa siempre funcionando. En una ocasión el motor o cabina de conducción del tren es vagón de hecho es el último porque en la ida y la vuelta se utilizan dos.
Qué decir, no tienen mapa de rutas (atajos u opciones de dirección) tienen destinos. Funciona sobre rieles cuya distancia se llama batalla inspirado en los caballos de mayor brío que se colocaban juntos para tirar una carreta de guerra en la antigüedad garantizando el mejor desempeño y potencia.
Cierro con dos preguntas:
¿Cuánto estamos dispuestos a ser vagón para llevar insumos, recursos y pasajeros o cabina de conducción o viceversa?
¿Pararnos sobre los rieles para llegar juntos al mismo destino?
Todo esto es parte de lo que se encuentra detrás de la cortina.

José Miguel González

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