Home / Opinion / “Desentendidos, cual avestruz”, David Dawodián

“Desentendidos, cual avestruz”, David Dawodián

Somos nosotros los que nos desentendemos de Dios, no Dios quien se desentiende de nosotros

Comencemos este escrito aclarando un mito y limpiando un poco el “testimonio” del avestruz.
Los avestruces NO SON COBARDES, ni se DESENTIENDEN de su entorno. Nada más lejos de la verdad.
Evidentemente, al no tratarse de un animal depredador, sino todo lo contrario (de los que suelen ser presa de los carnívoros) debe tomar todas las precauciones posibles para no ser cazado, motivo por el que, a pesar de ser un ave que no vuela, puede alcanzar grandes velocidades de hasta los 90 kilómetros por hora.
El hecho de que en alguna ocasión podamos observar a un avestruz que mete la cabeza en la tierra, no se debe a su cobardía, sino a que puede estar cavando para conseguir algún tipo de alimento (entre ellos lombrices) y, sobre todo, para cavar un agujero, que muchas veces debe ser mayor a un metro de profundidad, donde posteriormente depositará sus grandes huevos.
Dicho eso, les confieso que ¡me gustan los Salmos! No solo porque son “la crema” de la adoración y alabanza bíblica, y pueden conducirnos a nuestros mejores momentos con Dios, sino también porque son el reflejo de gente común y corriente, como David, Asaf, Salomón, Moisés, los hijos de Coré, o como usted y como yo, tratando de lidiar con sus debilidades y su humanidad, mientras nos acercamos a Dios.
En la Psicología, hay lo que se conoce como un mecanismo de defensa llamado: PROYECCIÓN, el cual consiste en atribuir a otra persona lo que le pasa a uno mismo, bien sean virtudes, defectos, o incluso nuestras carencias.
El primer verso de nuestra lectura de hoy me cautivó porque nos confirma que muchas veces, a pesar de que intentamos acercarnos a Dios de manera sincera, simplemente se nos sale lo que llevamos por dentro, y proyectamos nuestra propia condición sobre Dios, como si Él pensara y actuará como nosotros.
Observe el verso:
“A ti clamaré, oh Jehová. Roca mía, no te desentiendas de mí, Para que no sea yo, dejándome tú, Semejante a los que descienden al sepulcro” (Salmos 28:1).
Sí, leyó usted bien: “NO TE DESENTIENDAS DE MÍ”.
Perdone, pero esa frase, en esa oración, no concuerda con mi definición de Dios.
Dice el diccionario de la RAE que DESENTENDERSE es “fingir que no se entiende algo. Afectar ignorancia. Mantenerse voluntariamente al margen de un asunto absteniéndose de intervenir en él para no atender una responsabilidad”.
Los sinónimos más usados para “HACERSE EL DESENTENDIDO” son: Abandonar, despreocuparse, desinteresarse, desatender, alejarse, apartarse, renunciar, prescindir, ignorar, zafarse, olvidar y omitir.
Jamás hubiésemos pensado que nuestro ilustre y talentoso salmista David pensara en tales calificativos para referirse a su amado Amigo y Salvador. Pero así somos.
Cuando las circunstancias que nos rodean parece que se nos escapan de las manos, y vemos que las cosas no salen como pensamos, creemos que Dios se ha DESENTENDIDO de nosotros.
Cuando tratamos de entender a Dios, desde nuestra propia condición, y no a través de su Palabra, entonces pensamos que Él actúa tal cual como nosotros actuamos.
Somos nosotros los que NOS DESENTENDEMOS de Dios, NO Dios quien se DESENTIENDE de nosotros.
Proyectamos la DESPREOCUPACIÓN y el DESINTERÉS nuestro por Él, como si fuera un DESINTERÉS de Él por nosotros.
Jamás Dios se ha DESENTENDIDO del hombre. En teología eso se conoce como la concepción DEÍSTA, la cual afirma que Dios, aunque fue el creador de todas las cosas, se abstiene de intervenir en lo que aquí sucede. Algo así como un creador que ha abandonado su creación.
Por el contrario, los TEÍSTAS, y mucho más los CRISTIANOS, sabemos y entendemos que nuestro Dios, no solo se INTERESA en nosotros y nos COMPRENDE y ENTIENDE, sino que interviene y actúa CADA DÍA como un Padre amoroso a nuestro favor.
De tal manera que la próxima vez que piense que Dios está, cual avestruz, DESENTENDIÉNDOSE de usted, de sus problemas, o de sus necesidades, vea hacia el espejo y considere a ver, no sea que es usted mismo quien tiene la cabeza enterrada en su mundo, desde hace ya algunas horas, días, semanas, meses o años DESENTENDIÉNDOSE, por cierto, de Dios y de sus cosas.
Paz.

David Dawodián
Pastor

About Verdad y Vida

Check Also

¿Qué puedo hacer para unir a mi familia?, Liliana González de Benítez

El mal manejo de la tecnología está acabando con la unidad entre los miembros de …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *