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Descansando en el Señor

(Fernando Alexis Jiménez – Pastor).-

Necesitaba dinero. Era apremiante. Una necesidad que dio vueltas en su cabeza muchas veces. Incluso, amenazaba robarle la paz. Era inminente un viaje y, a menos que Dios proveyera, no existía la más remota posibilidad de resolver la escasez.
¿Qué hacer? La pregunta que lo asaltó por varias horas mientras observaba desde su escritorio, todos los rincones de aquél pequeño estudio. Andaba a la búsqueda de una salida a su laberinto, pero no lo encontraba.
Cayendo la noche decidió dejar de luchar. Simplemente someterse al Señor. Permitirle que Él obrara. «Sólo tu puedes ayudarme», le dijo en oración.
Desde ese momento el clamor fue intenso. Una y otra y otra vez. Y en apariencia nada ocurría. La fecha de emprender el largo desplazamiento se acercaba cada vez más, como comprobaba al despuntar la mañana en el calendario de su habitación.
Y justo cuando comenzó a sentir paz porque tomó conciencia que el Supremo Hacedor había tomado en sus manos el asunto, recibió una llamada telefónica. Del exterior. Alguien que le explicó llanamente: «Sentí de Dios ayudarle». ¡No podía creerlo! Jamás imaginó que la respuesta se produciría de ésa manera. Y era mucho más de lo que necesitaba.

Simplemente… descanse…
Lo más aterrador es que busquemos resolver los problemas, dejando de lado a Aquél que todo lo puede. Los resultados generalmente son desalentadores porque en nuestras fuerzas, es fácil que se cierren las puertas; sin embargo bajo el poder de Dios, no hay puerta que prosiga hermética. Él hace posible lo imposible.
Ahora viene un interrogante, ¿cómo asegurar que ocurran los milagros? En primera instancia, reconociendo el poder y grandeza de Dios; segundo, deje que el problema repose en las manos del Señor; y tercero, descanse en la convicción de que Él sabe cómo hacer las cosas. No improvisa. Todo es perfecto. Un último aspecto, de suma importancia, es que no permita que anide la sombra de la duda.
Cuentas las Escrituras que en cierta ocasión y mientras atravesaban el mar de Galilea, se desató una tormenta de dimensiones gigantescas. «Entonces los seguidores se acercaron, lo despertaron y le dijeron:—¡Señor, sálvanos!!Nos estamos ahogando! Él les dijo:—¿Por qué son tan cobardes, hombres de poca fe? Jesús se levantó y regañó a los viejos y al mar; y todo quedó en gran calma» (Mateo 8:25, 26. Santa Biblia, la Palabra de Dios para todos).
¿En qué fallaron? En dudar. Permitieron que las circunstancias alrededor primaran y esa determinación errada, minó su fe. Sucumbieron.
Dios puede obrar milagros en su vida, pero debe disponerse de corazón y con acciones, para que ocurran…
No deje pasar este día sin tomar la mejor decisión de su vida: recibir a Jesucristo como Señor y Salvador de su vida. ¡Su existencia será transformada!
pastorfernandoalexis@hotmail.com

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