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Den gracias a Dios por todas las cosas

Lo que desencadena el favor de Dios en una persona, familia y nación es el agradecimiento

Ya casi despedimos el 2020. Un año difícil. Muchos de nosotros hemos sufrido pérdidas enormes. Hemos visto morir a familiares y amigos, algunas personas han quedado sin empleo y la economía mundial se ha visto severamente afectada. Sin embargo, no debemos olvidar que hay un Dios misericordioso que aun en medio de esta crisis nos cuida y sustenta.
Nuestra tendencia natural es a la queja. Preferimos enfocarnos en lo que nos falta en vez de agradecer a Dios por las bendiciones que derrama sobre nosotros cada mañana. Esto es un pecado que Dios no pasa por alto.
Narra la Biblia que los israelitas vagaron cuarenta años por el desierto y no entraron a la tierra prometida, ni disfrutaron de las bendiciones que Dios había contemplado para ellos, por causa de la murmuración y la queja. “Todos los israelitas empezaron a gritar y a llorar. Se quejaban contra Moisés y Aarón, y decían: ‘¡Ojalá nos hubiéramos muerto en Egipto, o en este desierto! ¿Para qué nos trajo Dios a este territorio?’” (Números 14:1-3. TLA).
Cuando te quejas por las circunstancias que estás soportando prolongas tu estadía en el desierto. Lo que desencadena el favor de Dios en una persona, familia y nación es el agradecimiento. Dar gracias en cualquier situación y por todas las cosas es la voluntad de Dios para con nosotros en Cristo Jesús (1ª Tesalonicenses 5:18). Agradecer en tiempos de salud y enfermedad, en abundancia y escasez, en paz y en guerra es reconocer que Dios es soberano, que su gracia es suficiente y que su misericordia no tiene fin.
Tal vez te resulte difícil agradecer cuando no tienes trabajo ni dinero para pagar las cuentas, cuando estás enfermo o cuando un ser querido ha fallecido; sin embargo, Dios ordena a sus hijos que en cualquier situación sean agradecidos.
De seguro, recuerdas el pasaje bíblico en el que un niño ofreció su almuerzo a más de cinco mil personas. Constaba de cinco panes de cebada y dos pescados. “Pero ¿qué es esto para tanta gente?”, preguntó Andrés (Juan 6:9). ¿No es esa la pregunta que nos hacemos con frecuencia? “¿Qué hago con tan poco?”. “Lo que tengo no me alcanza”. ¿Te acuerdas de lo que Jesús hizo con aquella porción de alimento? Dice la Biblia: “Jesús tomó en sus manos los panes y, después de dar gracias a Dios, los repartió entre los que estaban sentados. Hizo lo mismo con los pescados, dándoles todo lo que querían” (Juan 6:11 –énfasis añadido).
Toma hoy en tus manos la provisión que Dios te ha dado, sea poca o mucha, y dale gracias. Compártela con los que tienen menos que tú y verás el favor de Dios sobre tu vida. Serás saciado. Comerás tú, los tuyos, y los que están alrededor de ti.
Cualquiera que sea la situación por la que estés pasando, confía en Dios. Procede como el niño de la historia, que un corazón generoso ofreció lo único que tenía. Aquel día, después que la multitud comió y quedó satisfecha, Jesús le pidió a sus discípulos que recogieran los pedazos sobrantes. “Ellos los recogieron, y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada” (Juan 6:13).
Camina por fe y no por vista. Pues, “mi Dios proveerá a todas [tus] necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).

ORA LA PALABRA

“Den gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús” (1ª Tesalonicenses 5:18).
Amado Padre celestial, perdóname por quejarme, por sentir lástima de mí mismo, por culpar a otros de mi condición y por hablar con incredulidad e ingratitud. Sé que es un pecado que me aleja de Ti. Hoy me postro ante tu presencia y te pido perdón. ¡Ayúdame en mi debilidad!  Tú Palabra dice que “toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17). Gracias, Señor, por darme salud, familia, hogar, sustento y habilidades para salir adelante en esta vida. Ayúdame a enfocarme en Ti para vivir contento y agradecido con lo que Tú me provees cada día. Gracias, Padre, por tu gran misericordia a través de Jesucristo, mi amado Señor y Salvador.

Liliana González de Benítez
Periodista y autora
lili15daymar@hotmail.com

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