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¿De dónde viene el estrés?

La peor ansiedad es muy sutil y es un deseo de aprobación disfrazado de deseo de servir, que tarde o temprano frustra, fatiga, y detiene el crecimiento de tu liderazgo

Lo noto cada vez que tengo la oportunidad de tener cerca a alguno de ellos. Los mejores líderes, sean mujeres u hombres, viven en “modo campeonato”. No bajan la guardia jamás, y pueden manejar muchas decisiones, acciones y responsabilidades complejas a la vez.
Esto no significa que no descansen, sino que no se relajan. Y es que hay una diferencia entre una cosa y la otra. El descanso es activo; el relajarse es pasivo. Relajarse tiene que ver con bajar la guardia y no darle la atención o la intensidad debida a algo que debe ser solucionado; y esto no es lo mismo que descansar, ya sea en las fuerzas y promesas de Dios, o porque nuestro físico lo requiere. Irnos a descansar para estar listos mañana es una disciplina, pero detenernos a esperar a que las circunstancias cambien para hacer lo que debemos, es el axioma de la pasividad y una de las más monstruosas trampas devoradoras de líderes.
La Biblia tiene un nombre para esto de esperar a que las circunstancias “sean las ideales” para hacer lo que debemos, y esa palabra es pereza. Y no solo la menciona, sino que tiene varias advertencias en cuanto a ella.
Pero la pereza no es tu único enemigo, y puede ser que no sea tu peor debilidad. Por eso te presento a otro contrincante. En la esquina contraria, con guantes dorados y una mirada asesina, se encuentra “el perro”. Su naturaleza es el activismo. “El perro” te hace correr por el ring de la vida sin descanso. No te permite disfrutar de estar en la pelea, porque sus golpes son constantes.
Con él nada es suficiente para estar en paz. No te deja disfrutar del gozo de sentirte amado, y no te permite ningún tipo de seguridad en las riendas del uso de tu tiempo. Y claro, por más fuerte que pegues, “el perro” te gana por cansancio. Absorbe todas tus fuerzas porque te hacer correr sin respiro y con un stress que no tiene que ver con tus movimientos sino con las sensaciones, percepciones y motivaciones por las que “el perro” te hace mover.

EL SÍNDROME DE MARTA

¿Te acuerdas de Marta en Lucas 10:38-42? Si miramos con atención, lo extraño de esta historia no es lo que pasó con Marta, sino lo que sucedió con María. Ella decidió no preocuparse por las tareas pendientes, para poder escuchar a Jesús. Esa es la anomalía en la historia y claro que tuvo sus consecuencias. La primera es que, claramente, irritó a Marta. Ella estaba trabajando como loca mientras María estaba sentada con Jesús. Esto la exasperó a tal punto que fue a hacerle el reclamo al mismísimo Jesús. ¿Y qué fue lo que le respondió el maestro? Él le dijo: “Marta, Marta, te preocupas demasiado por muchas cosas. Pero sólo una es necesaria. María ha escogido la mejor, y nadie se lava a quitar” (Lucas 10:41-42).
La primera pregunta que suelo escuchar en la mayoría de los sermones con respecto a esta escena es: ¿Cuál es la única cosa necesaria? Pero vamos más atrás: ¿Qué es lo que en realidad estaba poniendo a Marta tan ansiosa? El texto dice que ella estaba ansiosa “por muchas cosas”, y yo personalmente creo que la raíz de todo ese estrés era imaginarse qué iba a pensar toda esa gente si la casa no estaba en orden y si ella no tenía lista la comida a tiempo. A Marta le preocupaba que su hogar y su servicio pudieran dar un reflejo pobre de su identidad, y esta carga la cegó, impidiéndole disfrutar lo que en esa situación era lo más valioso: que el Maestro de maestros estaba en su casa. ¡Esa debió haber sido su prioridad!
El problema de Marta no era lo que estaba haciendo, sino lo que no estaba haciendo. Ella se estaba perdiendo un asombroso tiempo de intimidad con Jesús. “El perro” no le estaba dejando descansar en la presencia de Cristo. Ella estaba ansiosa, a simple vista por todo lo que tenía que hacer, pero debajo de la piel, por algo más. Y es que la peor ansiedad es muy sutil y es un deseo de aprobación disfrazado de deseo de servir, que tarde o temprano frustra, fatiga, y detiene el crecimiento de tu liderazgo. Y reitero: El problema crucial no está en las actividades ni en el volumen de ellas. El problema está en las motivaciones equivocadas con expectativas irresueltas, y en el estrés que estas producen.
Lo que suele producir el desbalance en nuestras vidas no son las actividades, sino el porqué de ellas, y el no tenerlas en el orden de prioridades correcto. Entonces, la pregunta clave aquí es: ¿A quién servimos en nuestro servicio?

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Lucas Leys
Pastor, escritor y conferencista
(Este artículo fue extraído de su libro “Stamina”)

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