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Cuando testificar de Cristo te cuesta todo

De los 50 países de la lista de mayor persecución, 14 se encuentran en el continente africano y 4 de ellos se encuentran en el Top 10. Como vemos, la persecución en África no es leve

(Puertas Abiertas – Verdad y Vida).-

La realidad de la persecución en África es tan masiva como el continente en sí. En un continente con una extensión de más de 30.000.000 km² y formado por 54 países, es imposible establecer una regla general que defina la persecución a los cristianos en todo el continente, pero gracias a la lista mundial de la persecución podemos establecer ciertas bases que se dan en los países de África dónde existe persecución.
Los agentes de persecución en África son varios, en países como Eritrea la paranoia dictatorial y el absolutismo del presidente han causado que miles de personas tengan que huir del país. En las zonas más remotas del país los cristianos tienen problemas con la aceptación del cristianismo entre las comunidades regidas por el culto a los ídolos o dioses menores tradicionales africanos. Sin embargo, incluso en países dónde se dan estos agentes de persecución hay uno que se solapa y destaca por encima de todos:

LA OPRESIÓN ISLÁMICA

El islamismo más conservador genera muchas dificultades para ser conciliado con otras religiones. En los países dónde la situación es más extrema, como Libia o Somalia, todas las leyes están regidas por la Sharia, que es una serie de preceptos y códigos de conducta, que, llevada al extremo, censura la libertad y los derechos humanos de los ciudadanos del país.
Podríamos pensar que en los países donde la Sharia no está implantada se vive con seguridad. La realidad, sin embargo, es otra, cuando no es el gobierno el que actúa directamente provocando la persecución, son los grupos extremistas islámicos los que deciden atacar a los cristianos por su fe.
Como muestra de esto tenemos Boko Haram, un colectivo extremista fundamentalista islámico que actúa en países como Nigeria, Camerún, Chad, Níger o Malí. Uno de sus objetivos principales es la implementación de la Sharia en países islámicos en los que aún no está implantada por completo. Para ello utilizan acciones violentas, como ataques a núcleos de población, asesinatos o secuestros. Sus objetivos “preferidos” son los cristianos, secuestros como el de Leah Shibaru, una niña cristiana que fue raptada en su colegio junto a otras 100 compañeras el pasado año y aún sigue en cautividad. De todas ellas, Leah es la única que no han liberado debido a su negativa a apostatar de su fe.
La violencia no solo es empleada por grupos como el Boko Haram, en ciertos sitios dónde la presencia islámica es muy fuerte son las propias comunidades autóctonas las que infligen persecución sobre los cristianos. En territorios como el cinturón medio de Nigeria (zona central), los llamados pastores Fulani son una tribu islámica que ha escalado una disputa de tierras que se ha dado durante siglos en terribles ataques con violencia. Lo que al principio eran pequeñas escaramuzas con palos ha derivado en sangrientos ataques en los que los Fulani utilizan armas de fuego contra sus objetivos. Cada vez más extremistas, este grupo nómada ha sido el causante de ataques donde ni si quiera las mujeres embarazadas o los niños son perdonados. El pasado año las víctimas de los Fulani fueron mayores que las del Boko Haram.
Bajo la influencia del islam más fundamentalista y extremista muchos países de África se están convirtiendo en verdaderos campos de batalla, donde los cristianos no pueden ejercer sus derechos más fundamentales y en algunos países ni siquiera tienen garantizada la seguridad.
Si nos fijamos en los países islámicos de Asia donde la influencia islámica es aún mayor y está establecida, podemos ver las mínimas posibilidades de que pueda haber una convivencia entre el islam y otras minorías religiosas como el cristianismo. Mucho de esto viene por la naturaleza intrínseca de compatibilidad que tiene el evangelio. La gran comisión actúa ya no de manera teórica sino espiritual en el corazón de los cristianos a través del Espíritu Santo, lo que fuerza a que de una manera u otra el evangelio se comparta, como de Palabra viva que se trata. Esto junto al poder de liberación y transformación que tiene cuando actúan en las vidas de las personas hace que los gobiernos islámicos intenten detenerlo de todas las formas disponibles. Si evangelio no se comparte, cada vez menos gente conoce las buenas nuevas y, por lo tanto, los cristianos se ahogan. Esta estrategia, aunque generalmente efectiva jamás ha eliminado el 100 % de la población cristiana de un lugar, siempre ha existido un pequeño remanente.
Puertas Abiertas gracias a los apoyos que recibe, realiza una gran labor ofreciendo traducción de la Biblia a idiomas indígenas, capacitación de cristianos para enfrentarse a la persecución o ayuda práctica como alimentos, ropa o pozos en las aldeas. Todo es posible gracias a los compañeros de oración de la Iglesia perseguida que colaboran de forma económica y aunque esto es de mucha importancia nuestros hermanos en estos países siempre nos destacan una necesidad aún mayor: La oración.
Oremos con ellos, ellos y nosotros formamos el mismo cuerpo, al orar con ellos oramos por nosotros en conjunto, la Iglesia universal. Oremos a un Dios que es más grande que gobiernos, ideologías o ejércitos armados, un Dios vivo y poderoso capaz de cualquier cosa por imposible que nos parezca.
“Entonces Jesús, mirándolos, dijo: Para los hombres es imposible, más para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios” (Marcos 10:27).◄

A pesar de la cruel persecución, los cristianos de África no se rinden y cada día se multiplican más y más

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