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Cuando los amigos se van…

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Decir adiós no es fácil. Se nos forma un nudo en la garganta, se siente que las lágrimas están a punto de brotar y una sensación indescriptible de incertidumbre nos nubla el pensamiento. Si el que se va no vuelve ¿Qué nos queda? ¿Por qué no aprovechamos esos tiempos de amistad?… Y esas diferencias de opinión que no faltan ¿pudieron evitarse? Seguro que sí…
De haber sabido que un gran amigo partiría, habría aprovechado mejor el tiempo… No hubieras dicho «Debo irme, se hace tarde», sencillamente te habrías quedado. No habrías mirado tanto el reloj. Y esos momentos que hoy rememoras con nostalgia, los habrías disfrutado al máximo. ¡Si en esos momentos hubieses entendido que todo es efímero, que las cosas y el tiempo pasan con una facilidad extraordinaria! Las cosas hoy serían diferentes…
Y los amigos se van cuando menos lo esperamos. Cuando todo marcha bien y sentimos que nada nos hace falta. Y de pronto esa llamada telefónica. Y las palabras que nos caen como agua fría. Y el ser querido que no volveremos a ver. Que se irá en avión, en tren o en barco o que sencillamente emprenderá el viaje sin retorno, y no habrá tiempo de abrazarle antes que levante su mano y nos diga «adiós…».
…Y esa sensación de tiempo perdido cuando salimos del cementerio y en el corazón albergamos la íntima convicción que ese amigo se guardó para la eternidad muchos de los buenos momentos que compartimos juntos… Como si bajo el brazo se nos llevara el mejor álbum, con las fotografías amarillentas pero cargadas de recuerdos y de instantes inolvidables…

APROVECHANDO LOS BUENOS MOMENTOS

Piense por un instante en quienes están más próximos: su esposa, su esposo, sus hijos, sus padres, sus hermanos, sus amigos… Ahora, así no lo haya analizado antes, medite en el hecho de que tarde o temprano, cuando menos lo esperemos, partirán ellos o lo haremos nosotros. Y no habrá tiempo quizá para despedidas…
Hoy es el día para llegar a casa, darle un abrazo fuerte a su familia, sentarse a disfrutar una buena charla con los amigos o probablemente disfrutar con los hijos de una buena película o un partido de fútbol. Este es el momento para volvernos a aquélla persona que amamos y decírselo con ganas, con entusiasmo, con sinceridad: «Te amo». Posiblemente mañana no los tendrá cerca…
El apóstol Juan escribió: «En esto conocemos lo que es el amor: en que Jesucristo entregó su vida por nosotros. Así también nosotros debemos entregar la vida por nuestros hermanos. Queridos hijos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad» (1ª Juan 3:16,18 NVI). Estoy convencido que si amamos, de corazón, no nos arrepentiremos de haber sido egoístas cuando debamos marchar al viaje sin retorno.
¿Ha pensado dónde pasará la eternidad? Lo apropiado es que sea con Cristo, nuestro amado Salvador. Por esa razón, recíbalo hoy en su corazón como su único y suficiente Salvador.

Fernando Alexis Jiménez
Pastor y maestro
pastorfernandoalexis@hotmail.com

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