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Cuando Dios no responde

En 2ª Corintios 4:8, Pablo dice que «estamos atribulados en todo, mas no angustiados». Muchos piensan que esta no es una declaración de fe, pero fe no es negar las circunstancias naturales; fe es no permitir que estas circunstancias lleguen a aturdir nuestro corazón, al punto de destruir lo que Dios ha puesto dentro de nosotros.
Pablo vivió momentos de tribulación. A pesar de esto, en una ocasión, estando en la cárcel, Pablo es llevado frente al rey Agripa y, al preguntársele qué tenía que decir, lo primero que él dice, según la traducción de la versión en inglés, es: «Yo me pienso feliz». Pablo no permitía que las circunstancias determinaran lo que había en su interior.
Todos hemos tenido la experiencia de estar atribulados en todo, pero no podemos permitirnos llegar al punto de estar angustiados. Esa palabra angustiados, según la definición del término utilizado en el texto original, denota estrechez. Estar atribulado es estar en presión por todas partes. Y Pablo quiso decir que, aunque estuvo en presión por todas partes, no llegó al punto de estrecharse.
Cuando una mujer va a dar a luz, los médicos miden cuánto ha dilatado, para determinar el momento del alumbramiento porque, ante la presión que siente la mujer en todo su cuerpo, la solución es ensancharse.
La solución para no estar angustiado es engrandecerte. Cuando el mundo te atribula, cuando te pone presión por todas partes, es ahí que Dios te dice: Ensánchate, para que puedas traer a la luz todo aquello que yo quiero para tu vida.
Ante la presión, no cedas, no te estreches, no reduzcas, porque la respuesta de Dios es otra: Ensánchate.
En 1° Samuel 28, vemos que, ante una situación difícil, Saúl consulta a Dios, pero no recibe respuesta. Saúl no tenía a través de quién consultar a Dios, porque el profeta Samuel había muerto. Entonces, Saúl fue a consultar a una adivina, pidiéndole: Hazme venir a Samuel.
“Y Samuel dijo a Saúl: ¿Por qué me has inquietado haciéndome venir? Y Saúl respondió: Estoy muy angustiado, pues los filisteos pelean contra mí, y Dios se ha apartado de mí, y no me responde más…” (1° Samuel 28:15).
¿Cuándo es que se angustia el espíritu de un creyente? Cuando Dios no responde más.
Dios apartó su rostro de Saúl, quitó el reino de sus manos y lo entregó a David; todo esto, porque Saúl no acabó con Amalec, como Dios le mandó. La mano de Dios se apartó de Saúl, pero Saúl no perdió la posición, ni el don, sino la dirección de Dios.
Cuando un hombre pierde la dirección de Dios, angustia llega a su vida. La angustia no viene porque estés en problemas, en dificultades, en presión, sino que viene cuando no tienes alguien a través de quien puedas consultar a Dios, cuando no tienes a dónde ir para consultar a Dios.
Saúl, por mucho tiempo, tuvo tres cosas seguras: Soñaba las cosas que Dios haría; tenía acceso al Urim, al sacerdote; y tenía acceso al profeta. Cuando perdió todo esto, la angustia llegó a su vida.
Una de las cosas más grandes que tienes hoy en tu vida es el hecho de que, a pesar de problemas, dificultades, situaciones, tú tienes dónde ir para consultar a Dios. Cada vez que asistes a tu iglesia, Dios te da una palabra para dirigir tu vida; cada vez que oras, recibes una palabra de dirección de parte de Dios.
El problema es que, muchos, ante la tribulación, el último a quien consultan es a Dios. Consultan al vecino, y quien sea, dejando de buscar en el lugar correcto. Este no era el caso de Saúl. Él sí consultó a Dios primero, solo que ya no tenía acceso. Pero gloria a Dios que tú tienes acceso, gloria a Dios que tienes un lugar dónde recibir palabra. Y Dios te va a hablar, te va a dar dirección.
Ante la estrechez, ante la presión, ante la angustia, lo que hace falta es que vayas al lugar correcto y consultes a Dios, y Él responda a tu vida.

Otoniel Font
Pastor

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