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Crisis de Venezuela está más allá de la economía

(Germán Novelli – Verdad y Vida).-

«Si mi pueblo, sobre el cual se invoca mi nombre, se humilla y ora, y busca mi rostro, y se aparta de sus malos caminos, yo lo escucharé desde los cielos, perdonaré sus pecados y sanaré su tierra» (2° Crónicas 7:14).
La pregunta que normalmente se harían es: ¿Qué tiene que ver este viejo pasaje de la Biblia con el desabastecimiento, la inseguridad, la subida de los precios de las materias primas, la violencia e intolerancia política, el enfrentamiento entre los poderes de Venezuela?
La respuesta puede ser tan sencilla como incomprensible. La razón es que las verdades de Dios han de ser discernidas espiritualmente y, para ello, es imprescindible ser conducido por el Espíritu Santo, inspirador de lo que muchos llaman un libro viejo sin vigencia en la actualidad: Las Sagradas Escrituras.
Quienes me conocen como periodista reconocen mi racionalidad en el momento de difundir la información veraz y oportuna. Sigo en la misma línea, lo que compartiré con ustedes, tiene el mismo sentido, solo que, a diferencia de otros textos noticiosos, este tiene la total veracidad de la fuente y la infalibilidad del Autor.

¿Por qué Venezuela está postrada?
La historia venezolana, no en los años del extinto Chávez, sino mucho tiempo atrás, es similar a la del pueblo judío que, de una forma u otra, calcó la realidad de todas las naciones. Pecaron contra Dios, siguiendo falsas enseñanzas, ídolos y una vida desenfrenada desde el punto de vista ético, moral y espiritual, con consecuencias directas sobre la vida de la nación.
Cuando Dios dice, por ejemplo, «no tendrás doses ajenos delante de mí, porque soy Dios fuerte y celoso» o «no hurtarás», además de que fueron plasmados en el Código Perfecto de Dios, Los Diez Mandamientos, nos habla a todos sin excepción.
Los Mandamientos de Dios son normas expresas. Los tres primeros tienen que ver con nuestra relación con Dios, entretanto que, los siete restantes, expresan el deseo del Señor en nuestro trato con nuestros semejantes y «ni una jota, ni un acento» hemos cumplido.
Esto nos lleva a afirmar que el país tiene que oír, como Israel, el llamado del Señor, quien nos invita a humillarnos, a reconocer que «Él nos hizo y no nosotros a nosotros mismos», que hemos pecado contra Él y que «la ira de Dios se manifiesta sobre los hijos de desobediencia».

La clave es arrepentimiento
El segundo paso tiene que ver con invocar el nombre de Dios. No los ídolos de ayer ni los de hoy, sean dioses importados de lejanas o cercanas tierras, sino de Dios de verdad por cuya palabra fueron creados los cielos y la tierra en seis días.
Arrepentidos invocamos su nombre para suplicar perdón. ¿Qué nombre es este? «Todo el que invoque el nombre de Jesús será salvo». ¿Por qué Jesús y no María Lionza, Negro Felipe, San Juan, etc. «Porque no hay otro nombre bajo el cielo en el que pueda ser salvo».
Cristo es Dios hecho carne, fue a la cruz, obediente, para ofrecer su vida en rescate de toda la humanidad y Él nos da la fe que nos justifica, declara su perdón y, en gracia, de fe en principio y fin, recibimos el perdón de los pecados.

La oración vía expedita para salir de la crisis
La gran diferencia entre lo que dice la Escritura y los que enseñan los que combinan la Biblia con una serie de elementos ajenos a ella, es que no es posible hombres nuevos ni menos una sociedad nueva, sin que el autor de las nuevas criaturas, actúe con todo su poder renovador, para quien «todas son hechas nuevas».
Estos que oran no son lejanos a Dios, aunque antes lo éramos, han sido agregados a la familia de la fe, mediante Cristo Crucificado y Resucitado, sabiendo que lo que «pidamos en su nombre será hecho». Dios promete, en Cristo, escucharnos, perdonar y sanar. Esa es la clave.
Es probable que te parezca un simple discurso religioso frente al hambre, inseguridad y escases, pero para que el país sea abastecido de comida y medicinas, debe primero ser lleno por la gracia del Señor Jesucristo. Buscar soluciones económicas, políticas y sociales, solo serán paños calientes para la nación. Una nación es bendita cuando se postra y reconoce que adoran, siguen, oran y obedece al Dios de la salvación.
Es tiempo de buscar al Señor, mientras pueda ser hallado y expulsar en su nombre a las legiones, gobernadores, principados de las tinieblas, huestes de maldad que tienen ataduras sobre Venezuela.
Solo así veremos un nuevo amanecer, porque en manos de Dios el resto de las bendiciones políticas, económicas y sociales vendrán por añadidura. Dios nos ayude a entender esto por el bien del país.◄

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