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COVID-19 podría provocar a finales de 2020 un aumento de 130 millones de personas afectadas por el hambre crónica

La Biblia muestra que en los tiempos del fin el hambre aumentará y matará a millones

Lo que hoy vemos y oímos es apenas «el comienzo de los dolores», y para tragedia del mundo el Covid-19 acelerará el hambre sobre la tierra / EFE

Cronica Uno – Verdad y Vida).-

En la última edición de «El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo», publicado este 13 de julio, se calcula que casi 690 millones de personas pasaban hambre en 2019 (un aumento de 10 millones de personas desde 2018 y de casi 60 millones en cinco años). Los altos costos y la escasa asequibilidad impiden también a miles de millones de personas lograr una alimentación saludable o nutritiva.
El número de personas que padecen hambre está aumentando, de acuerdo con los resultados de un estudio anual de las Naciones Unidas. Y, según las previsiones de ese mismo informe, la pandemia de COVID-19 podría provocar a finales de 2020 un aumento de 130 millones en el número de personas afectadas por el hambre crónica en todo el mundo.
Mientras se estancan los progresos en la lucha contra el hambre, la pandemia agrava la vulnerabilidad y las deficiencias de los sistemas alimentarios mundiales, entendidos como todas las actividades y procesos que afectan a la producción, la distribución y el consumo de alimentos. Aunque es demasiado pronto para evaluar el efecto pleno de los confinamientos y otras medidas de contención, el informe calcula que, como mínimo, otros 83 millones de personas y quizá hasta 132 millones, pueden empezar a padecer hambre en 2020 como resultado de la recesión económica desencadenada por la COVID-19.
En los últimos cinco años, decenas de millones han engrosado la legión de personas que sufren subalimentación crónica y los países de todo el mundo siguen enfrentándose a múltiples formas de malnutrición.
En la última edición de «El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo», publicado el 13 de julio, se calcula que casi 690 millones de personas pasaban hambre en 2019 (un aumento de 10 millones de personas desde 2018 y de casi 60 millones en cinco años). Los altos costos y la escasa asequibilidad impiden también a miles de millones de personas lograr una alimentación saludable o nutritiva.
La cantidad de individuos que sufren hambre es mayor en Asia, pero está creciendo con más rapidez en África.
«El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo» es un estudio mundial en torno al seguimiento de los progresos realizados hacia la erradicación del hambre y la malnutrición. Está elaborado conjuntamente por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS).
En el prólogo, los responsables de los cinco organismos advierten de que «cinco años después de que el mundo se comprometiera a poner fin al hambre, la inseguridad alimentaria y todas las formas de malnutrición, seguimos sin realizar progresos suficientes para alcanzar este objetivo en 2030».
En esta edición, debido a significativas actualizaciones de los datos sobre China y otros países muy poblados, se han reducido de forma considerable las estimaciones del número total de personas que sufren hambre, hasta 690 millones. Sin embargo, no se han producido cambios en la tendencia. Al revisar toda la serie de informes sobre el hambre desde el año 2000, se llega a la misma conclusión: tras disminuir de forma constante durante decenios, el hambre crónica comenzó a crecer lentamente en 2014 y sigue en aumento.
Asia sigue albergando al número más elevado de ciudadanos subalimentadas (381 millones). África ocupa el segundo lugar (250 millones), seguida de América Latina y el Caribe (48 millones). La prevalencia mundial de la subalimentación (es decir, la tasa general de personas hambrientas), de 8,9 %, ha variado poco, pero los números absolutos vienen aumentando desde 2014. Esto significa que, en los últimos cinco años, el hambre ha crecido al ritmo de la población mundial.
A su vez, ello oculta grandes disparidades regionales: en términos porcentuales, África es la región más afectada —y lo es cada vez más—, ya que 19,1 % de la población está subalimentada. Este porcentaje duplica con creces la tasa de Asia (8,3 %) y de América Latina y el Caribe (7,4 %). Sobre la base en las tendencias actuales, para 2030, más de la mitad de las personas con hambre crónica en el mundo se encontrará en África.

EL PRECIO DE LA PANDEMIA

Mientras se estancan los progresos en la lucha contra el hambre, la pandemia de COVID-19 agrava la vulnerabilidad y las deficiencias de los sistemas alimentarios mundiales, entendidos como todas las actividades y procesos que afectan a la producción, la distribución y el consumo de alimentos.
Superar el hambre y la malnutrición en todas sus formas (incluida la desnutrición, las carencias de micronutrientes, el sobrepeso y la obesidad) va más allá de conseguir alimentos suficientes para sobrevivir: la alimentación de las personas —en especial la de los niños— debe también ser nutritiva. No obstante, uno de los principales obstáculos —y que ayudan a propiciar el hambre crónica— es el elevado costo de los alimentos nutritivos y la escasa asequibilidad de las dietas saludables para un gran número de familias.
En el informe se presentan pruebas de que una dieta saludable cuesta mucho más de $1,90 al día, el umbral internacional de la pobreza. Se indica que incluso el precio de la dieta saludable menos costosa es cinco veces mayor que el precio de llenar el estómago solo con almidón. Los alimentos con alto contenido de nutrientes, como los productos lácteos, las frutas y las hortalizas y los alimentos proteínicos (de origen vegetal y animal), constituyen los grupos de alimentos más caros del mundo.
Los cálculos más recientes indican que 3000 millones de personas o más, una cifra alarmante, no pueden permitirse una dieta saludable. En África subsahariana y Asia meridional este es el caso de 57 % de la población, aunque no se salva ninguna región, ni siquiera América del Norte y Europa. Como consecuencia de ello, la carrera para acabar con la malnutrición parece peligrar.
Según el informe, en 2019, entre un cuarto y un tercio de los niños menores de cinco años (191 millones) padecían retraso del crecimiento o emaciación: eran o demasiado bajos o demasiado delgados. Otros 38 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso. Entretanto, la obesidad en adultos se ha convertido en una pandemia mundial en sí misma.

UN LLAMAMIENTO A LA ACCIÓN

En el informe se argumenta que, cuando se tienen en cuenta las consideraciones relativas a la sostenibilidad, si en todo el mundo se adoptaran dietas saludables, se ayudaría a controlar el aumento del hambre crónica, al tiempo que se propiciarían enormes ahorros. Se calcula que ese cambio permitiría compensar casi por completo los costos sanitarios asociados a una alimentación poco saludable, que se calcula que alcanzarán los 1,3 billones de dólares al año en 2030; mientras que el costo social de las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con el sector de la alimentación, calculado en $1,7 billones, podría reducirse hasta en tres cuartas partes.
Y se recomienda transformar los sistemas alimentarios con miras a reducir el costo de los alimentos nutritivos y mejorar la asequibilidad de las dietas saludables, para evitar el hambre crónica. Si bien las soluciones específicas variarán de un país a otro, e incluso dentro de ellos, las respuestas generales consisten en intervenciones a lo largo de toda la cadena de suministro de alimentos, en el entorno alimentario y en la economía política que conforma las políticas comerciales, de gasto público y de inversión.
En el estudio se exhorta también a los gobiernos a incorporar la nutrición en sus enfoques agrícolas; esforzarse por reducir los factores que aumentan los costos en la producción, el almacenamiento, el transporte, la distribución y la comercialización de alimentos, por ejemplo, mediante la reducción de las ineficiencias y de la pérdida y el desperdicio de alimentos; prestar apoyo a los pequeños productores locales para que cultiven y vendan alimentos más nutritivos y garantizar su acceso a los mercados; dar prioridad a la nutrición infantil como la categoría con mayores necesidades; fomentar un cambio de comportamiento a través de la educación y la comunicación; e integrar la nutrición en los sistemas de protección social y las estrategias de inversión a escala nacional.
Los jefes de los cinco organismos de las Naciones Unidas responsables de «El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo» declaran su compromiso de apoyar este cambio trascendental y de asegurar que se desarrolle «de forma sostenible y en favor de las personas y el planeta».

EL HAMBRE COMO SEÑAL DEL FIN

La Biblia muestra que en los tiempos del fin el hambre aumentará y matará a millones, no porque la tierra no produzca lo suficiente, sino que las pocas manos que manejan los recursos en el mundo cada día se les endurece más el corazón por causa de la avaricia.
Jesús habló que una de las señales previas a su venida era el incremento del hambre: «Ustedes oirán hablar de guerras y de rumores de guerras; pero no se angustien, porque es necesario que todo esto suceda; pero aún no será el fin.  Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino, y habrá hambre y terremotos en distintos lugares. Todo esto será solo el comienzo de los dolores» (Mateo 24:6-8).
De igual manera, el libro de Apocalipsis muestra que habrá cuatro jinetes destructores de la humanidad, uno de ellos será el que producirá una hambruna descomunal por causa del desabastecimiento y la inflación: «El Cordero rompió el tercer sello, y entonces oí que el tercer ser viviente me decía: “¡Ven!”. Vi entonces aparecer un caballo negro, y el que lo montaba llevaba en la mano una balanza. En medio de los cuatro seres vivientes, oí una voz que decía: “¡Un kilo de trigo, o tres kilos de cebada, por el salario de un día! ¡Pero no seas injusto con el aceite ni con el vino!”» (Apoc. 6:5-6).
El siguiente jinete producirá muertes, siendo el hambre una de sus principales consecuencias: «Al abrir el Cordero el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que me decía: “¡Ven!”. Yo miré, y vi aparecer un caballo descolorido, y el que lo montaba se llamaba Muerte. Tras él venía el Infierno. Recibió poder sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con guerras, hambre y mortandad, y con las fieras de la tierra» (Apoc. 6:7-8).
Lo que hoy vemos y oímos es apenas «el comienzo de los dolores», y para tragedia del mundo el Covid-19 acelerará el hambre sobre la tierra, a menos que se apliquen medidas urgentes y se concienticen aquellos que se creen ‘amos del mundo’ será difícil detener la ascendente hambruna del mundo, y como siempre, los más pobres serán los que pongan las mayores muertes. ¡Dios tenga misericordia de la humanidad!

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