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Construcción social con nosotros o sin nosotros, Miguel Ángel León R.

Ciertamente en otros países ha aumentado la influencia de la Iglesia en la construcción social, pero no por las actividades domésticas de la Iglesia, sino por su participación en la política con o sin partidos políticos, condenando todas las malas decisiones políticas en la sociedad, defendiendo públicamente los valores y principios que son necesarios para construir una sociedad estable, funcional y feliz que establece Dios en su Palabra, desde que le entregó al hombre la misión de gobernar la creación y llenarla con los principios del Reino.
Lamentablemente la Iglesia dedicó su mayor esfuerzo a hacer proselitismo para llenar edificios de gente fiel a alguna doctrina, y digo alguna, porque las miles de denominaciones cristianas que existen se diferencian o dividen unas de otras por sus creencias doctrinales, y no logran verdadera unidad en las cosas que son realmente importantes para la vida social.
Creo que el objetivo principal de la Iglesia no es llenar edificios de gente fiel a una doctrina, sino el llenar de Dios al mayor número de personas en el mundo, estableciendo el Reino de Dios en sus corazones hasta convertir el Reino de Dios en un estilo de vida cotidiana y no en una religión doctrinal de cuatro paredes con reuniones de consumo propio, pero con una influencia casi nula en la sociedad donde está establecida.
Se requiere de una participación activa del cristiano en todas las instituciones que construyen el entramado social: la educación, el mercado y el gobierno civil, luchando en todos los espacios sociales para hacer valer los principios del Reino fuera de los templos, a fin de contrarrestar la enorme descomposición social que destruye la familia y las instituciones encargadas de la construcción social.
Algo tiene que estar muy mal cuando la Iglesia crece en edificios y propiedades, y en el número de creyentes, pero cada vez tiene menos influencia social, siendo totalmente incapaz de detener y mucho menos revertir la descomposición social que destruye nuestra sociedad en nuestras narices, un ejemplo de ello es cómo el movimiento LGBT ha logrado desde el año 2.000 que 23 países aprueben el matrimonio homosexual y la adopción de hijos por parejas gay, la mayoría de esos países son latinoamericanos, ¿sabes cómo lo lograron?, con la ayuda de jueces y políticos corruptos e inmorales; ¿sabes por qué lo lograron?, porque esos jueces y políticos no eran cristianos con ética y moral incorruptible para defender el modelo de Dios; ¿sabes por qué pasó todo eso?, Porque los cristianos estaban separados del mundo, orando en sus templos, diciendo que la política es del diablo, y los diablos se adueñaron de la política y las instituciones hasta el día de hoy, mientras los cristianos se convirtieron en espectadores silentes de todo lo que ellos hacen con las políticas públicas.
Bien lo dijo Martin Luther King: «Una nación se condena a sí misma cuando su gobierno legaliza lo malo y prohíbe lo bueno, mientras la iglesia guarda silencio cómplice».
Algo que sin lugar a dudas ha ocurrido en Venezuela desde siempre. Donde quiera que la Iglesia logró influenciar su entorno, fue porque los hijos de Dios participaron activamente en la construcción de las políticas públicas de su país, ya sea desde el gobierno civil o las instituciones encargadas de la construcción social.
Eso es lo que yo llamo colocar la Luz en un lugar alto para que alumbre a todos en la casa (país), pero en Venezuela la Luz aún está debajo de la mesa, alumbrando solo a los que están debajo de la mesa (las congregaciones).
Un país se pastorea (dirige) en forma práctica desde la presidencia, las gobernaciones, las alcaldías, los poderes públicos y las instituciones civiles, mucho más de lo que se hace desde un púlpito dentro de un edificio, eso no quiere decir que el púlpito cristiano no sea importante, lo que quiero decir es que el púlpito debe ser ampliado para poder tocar a los que no están en las congregaciones.
Un lugar donde debería haber un número grande, la mayoría de cristianos, diría yo, es el parlamento nacional, no solo porque es el órgano de representación del pueblo más grande de un país, sino porque es allí donde se hacen las leyes que luego se convierten en el estilo de vida de todos los ciudadanos del país, es allí donde se combaten las políticas malas e inmorales para la gente, es allí donde podemos tener voz y voto para crear leyes morales, éticas y saludables para la salud de una nación, no en los templos. Es allí donde podemos luchar a favor del modelo original de Dios para la familia, evitando que los políticos y jueces corruptos e inmorales se salgan con la suya, para favorecer al movimiento de desconstrucción social, LGBT y muchos otros, que contribuyen al aumento exponencial de la descomposición social que hoy destruye a la raza humana.
Es posible que mi opinión no sea del agrado de muchos, pero eso no importa, no intento agradar a nadie, solo comparto lo que creo con mis compañeros de ministerio.

Miguel Ángel León R.
Apóstol y sicólogo

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