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Conservadores no, conservantes

Cuando Jesús afirmó (Mateo 24) que en su segunda venida a la tierra el mundo se parecería «a los tiempos de Noé» previos al diluvio -donde el pecado había alcanzado su máxima expresión-, jamás nos imaginamos que se reeditarían los pecados de aquella bárbara época, pero en un nivel inimaginable. Hoy no solo se practican, sino que los están legalizando. En ese enmarañado y entenebrecido mundo es en el que nos encontramos en la actualidad.
Lo que nos diferencia a los días de Noé es que no solo hay una familia justa y creyente en el Señor «en toda la tierra», sino que existe una Iglesia conformada por gente lavada y santificada por la sangre que Cristo derramó en la cruz del Calvario que hace la diferencia en este decadente mundo. A esa gente diferente a los demás es a quienes aquellos que defienden abiertamente el pecado -legalización del aborto, uniones homosexuales, cambios de género, pedofilia, zoofilia, cirugías aberrantes, etc.- llaman «conservadores».
Una de las definiciones que existen para la palabra ‘conservador’ es de alguien tradicional (que sigue las ideas del pasado). Quienes catalogan a los cristianos bíblicos de conservadores están dando a entender que somos un grupo que sigue tradiciones pasadas de moda para la mentalidad general de hoy. Aclaremos, los creyentes en Cristo no seguimos ‘tradiciones’ sino la única y eterna Palabra de Dios contenida en la Biblia, de la cual Jesucristo dijo que «el cielo y la tierra pasarán pero mi Palabra no pasará».
La otra definición de ‘conservador’, es de quien conserva, haciendo alusión directa a la sal. Recordemos, el Señor aseguró que aquellos que creen en Él y viven según las Sagradas Escrituras: «son la sal de la tierra, pero si la sal pierde su sabor, ¿cómo volverá a ser salada? Ya no servirá para nada, sino para ser arrojada a la calle y pisoteada por la gente» (Mateo 5:13). Cuando predicamos del amor y la fidelidad a Dios y a su Palabra no somos conservadores, por el contrario, somos conservantes.
Este mundo perdido en las tinieblas y la ignorancia de la verdad le ha dado puertas abiertas al desenfreno del pecado, al extremo de legalizarlo, los que nos oponemos a ello en defensa de la Verdad de la Biblia encarnada en Cristo, sencillamente estamos agregando sal espiritual al mundo pecaminoso; lo estamos conservando del juicio divino. Jesús vino a enseñar la verdad para sanar y salvar a los que de este mundo lo acepten como su único Señor y Salvador, y dejó a sus discípulos que conforman la Iglesia genuina para establecer su Reino en la tierra; Reino que parte de la propia enseñanza y vivencia de la Biblia, la que hoy catalogan como «pasada de moda».
Aquellos que se denominan cristianos y toleran las modernas y «legales» maneras de pecar, simplemente son de quienes Jesús sentenció: «No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. En aquel día, muchos me dirán: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?”. Pero yo les diré claramente: “Nunca los conocí. ¡Apártense de mí, obreros de la maldad!”» (Mateo 7:21-23).
Al respecto el apóstol Juan recomienda: «No amen al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, es decir, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. El mundo y sus deseos pasan; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre» (1ª Juan 2:15-17). Está más que claro.
Pronto la Iglesia de Jesucristo será quitada del mundo a través del arrebatamiento y con ella se irá la sal conservante de la sociedad y la luz de este mundo, entonces iniciará el más terrorífico tiempo profetizado a lo largo de la Biblia -mayormente en el libro de Apocalipsis-, cuando se instale la religión mundial con el falso profeta a la cabeza quien afirmará el gobierno del Anticristo que perseguirá a todos los que se opongan a sus perversos y destructivos planes. Lo que hoy vemos es apenas el preludio de lo que viene muy pronto.
Pero Dios estableció una manera de salvarse de las consecuencias del pecado: Jesucristo. Si usted hoy le recibe como su único Señor y Salvador, y vive según la Biblia, Él le garantiza seguridad, sanidad, paz y vida eterna. De usted depende, amado lector… Él ya lo hizo todo en la cruz.

@GeorgesDoumat

-o-o-o- 1, 2, y 3 -o-o-o-

1 RÉCORD INFLACIONARIO EN VENEZUELA. La hiperinflación ha batido un nuevo récord en nuestro país. Según datos emitidos por la Asamblea Nacional, los precios subieron en 223,1%, solo en el mes de agosto, y según las estimaciones la inflación anual, podría trepar a 4.000.000 %. Todo esto como producto de la mala administración y la aplicación de medidas incorrectas que han dado al traste con el erario; deberían saber quienes nos gobiernan que al final Dios como dueño de todo y quien ha permitido que ellos administren los recursos de Venezuela les pedirá cuentas no solo en lo económico, sino por el costo que su gestión ha traído a las familias venezolanas; dice la Biblia: «¡Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo!» (Hebreos 10:31).
2 HOMBRE SE CORTA NARIZ Y OREJA PARA PARECER UNA CALAVERA. Eric Yeiner Hincapié Ramírez, un tatuador colombiano de 22 años que se hace llamar ‘Kalaca Skull’, se sometió a varias cirugías plásticas para parecerse a una calavera. Para lograr el mayor parecido posible, se cortó la nariz y las orejas y se tatuó su cara y se cuerpo. Además, el hombre se cortó la lengua en dos partes para semejar la de una serpiente. El tatuador se define como “una persona normal que tiene un aspecto diferente a los demás”. ¿Le parecer ‘normal’ asemejarse al estado final del hombre por causa del pecado? ¡Válgame Dios!
3 LO DIJO G. Campbel Morgan: “El hombre que predica de la cruz debe ser un hombre crucificado”.
Y la Biblia DICE: “Pero con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí… Y los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”. (Gálatas 2:20; 5:24. RVC).

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