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¿Cómo respondes a tu cónyuge?

(Luis y Hannia Fernández – Pastores y consejeros).-

¡La respuesta emocional refleja el estado del corazón!
La esencia de una buena comunicación reside en la capacidad de escuchar y responder correctamente. Hemos explicado anteriormente acerca de la necesidad de escuchar bien antes de responder. Lamentablemente la mayoría de personas no escuchan bien, con atención, y terminan adelantando sus respuestas.
Esas personas generalmente no escuchan porque están pensando en la respuesta antes que su interlocutor termine de expresar su pensamiento.
Juan respondió sarcásticamente a su esposa cuando esta le preguntó acerca de unas compras en el supermercado. Ella no entendió la respuesta fuerte y agresiva de su esposo, pero en realidad él estaba expresando su enojo porque ella se negó a tener intimidad con él la noche anterior.
Las respuestas casi siempre responden a la condición emocional de la persona. Si está muy contenta y animada, probablemente su respuesta será muy positiva y hasta puede comprometerse a hacer algo fuera de su capacidad por la emoción de entusiasmo que hay en su corazón en ese momento. Si por el contrario experimenta una emoción de tristeza, desánimo, frustración o algo así, su respuesta a una pregunta sencilla puede llegar a ser muy grosera.
Porque ocurren estas cosas. Porque los seres humanos nos guiamos más por la condición emocional de la mente que por el conocimiento o la sabiduría que nos revela la palabra de Dios? Porque las emociones son las que gobiernan generalmente la voluntad de las personas.
Proverbios 15:1, «La respuesta suave aplaca la ira, pero la palabra áspera hace subir el furor».
Una respuesta suave, tierna, amorosa, cordial, respetuosa, aplaca la ira, pero una respuesta agresiva, venenosa, vengativa, cruel, grosera, hace subir el enojo y la ira.
La respuesta de nuestro Diseñador y Creador Celestial, nuestro Dios padre a la forma en que respondemos, es que no nos conviene usar respuestas que produzcan heridas en el corazón de otras personas. No estamos autorizados a ofender ni lastimar a nadie con nuestras respuestas, y menos aún a su esposa a quien prometiste a Dios que la amarías y la protegerías por siempre, o tu esposo a quién prometiste delante de Dios respetarlo, apoyarlo, animarlo y admirarlo.
Si has tenido una actitud de respuesta agresiva con tu cónyuge, examina la razón de tu corazón, porque muchas veces se debe a frustraciones propias y no realmente de tu cónyuge. Oren juntos y pídanle discernimiento al Señor para entender que pasa con tu vida. Pide perdón a tu cónyuge y reconoce que has tenido esa actitud negativa.
Proverbios 16:24, «Panal de miel son los dichos suaves, suavidad para el alma y medicina para los huesos».
Una respuesta suave, siempre va a producir suavidad al alma y salud a los huesos.
Santiago 1:19: «Escuche con paciencia, luego piense y luego hable». Toma la decisión de controlar tus respuestas. No permitas que de tu boca salgan palabras negativas o respuestas groseras. Respira antes de responder. Ora unos segundos antes de dejar que tu boca sea usada para expresar ofensas. Pide ayuda a Dios para controlar tus emociones.
Tu matrimonio y tu familia son el tesoro más valioso que Dios te ha dado. CUÍDALOS.
luisyhannia@libresparaamar.org
www.libresparaamar.org

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