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Cómo podemos amar al prójimo en tiempo de pandemia, Liliana González de Benítez

Los cristianos estamos llamados a amar. A amar en tiempo de pandemia y en tiempo de bienestar. A amar a los amigos y a los enemigos

/ Freepik

Una pandemia puede llevarnos a examinar nuestros corazones. ¿Cómo nos comportamos en las situaciones críticas: con egoísmo o con amor? ¿Estamos pensando solamente en nosotros o consideramos las necesidades de los demás?
Por lo general, nuestro instinto de supervivencia nos impulsa a correr al supermercado para abastecernos de agua, pan, leche, enlatados, papel higiénico… y una vez que hemos realizado la compra regresamos a nuestros hogares sin pensar en las necesidades de los más vulnerables. ¿Cierto?
Es normal que tomemos medidas para protegernos y para ayudar a nuestra familia. Pero, ¿hacemos lo mismo con los ancianos que viven solos? ¿Compartimos nuestros víveres con los vecinos más frágiles? ¿Estamos apoyando a las personas que han perdido a sus seres queridos durante la pandemia? ¿Estamos cumpliendo el más grande de los mandamientos?
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento. Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 32:39).
Si realmente amaramos a Dios con todo nuestro corazón, y con toda nuestra alma, y con toda nuestra mente, pensaríamos en las necesidades de los demás, así como pensamos y suplimos las nuestras.
El apóstol Pablo expresó: “En esto conocemos el amor: en que [Cristo] puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo, y ve a su hermano en necesidad y cierra su corazón contra él, ¿cómo puede morar el amor de Dios en él? Hijos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad” (1ª Juan 3:16-18).
Los cristianos estamos llamados a amar. A amar en tiempo de pandemia y en tiempo de bienestar. A amar a los amigos y a los enemigos. Y, especialmente, hemos sido llamados a amar a los hermanos en la fe.
Una forma de amar es orar unos por los otros. La oración de un hijo de Dios puede mucho. Oremos para que la paz de Cristo sobreabunde en los corazones y para que en medio del sufrimiento numerosas personas alcancen la salvación. Recordemos que Cristo derrotó la muerte: “Palabra fiel es ésta: Que si morimos con Él, también viviremos con Él” (Tito 2:11).
Otra forma de amar es predicar el evangelio. Las personas son más receptivas a la buena nueva cuando están padeciendo. Por lo tanto, los cristianos debemos aprovechar este tiempo de aflicción para anunciar el mensaje de salvación. No es necesario salir de casa, con una llamada telefónica o un mensaje de texto podemos hablar de Jesús y salvar almas para Dios.
Confiamos en nuestro fiel y buen Dios. No desmayemos. ¿Qué bien te está llamando Dios a hacer hoy? ¿Cómo puedes ayudar a alguien que no tiene la salud o los recursos que tú tienes?
“Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el día del mal el Señor lo librará. El Señor lo protegerá y lo mantendrá con vida, y será bienaventurado sobre la tierra; y no lo entregará a la voluntad de sus enemigos. El Señor lo sostendrá en su lecho de enfermo; en su enfermedad, restaurarás su salud” (Salmo 40:1-3).

Liliana González de Benítez
Periodista y autora
lili15daymar@hotmail.com

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