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Vida en la Palabra: ¿Cómo mantener unida a la familia?, Liliana Daymar González

El whatsapp es extraordinario para mandar mensajes y fotos en tiempo real. Gracias a la tecnología le pude enviar un video del nacimiento de mi sobrino, a mi hija que no estuvo presente. Sin embargo, eso no sustituye que le cuente la experiencia mirándola a los ojos.
La tecnología nos conecta, pero no nos comunica. Se nos ha hecho rutinario comer con los ojos pegados al celular; nuestros hijos no quieren salir del cuarto porque están enchufados a la computadora; los esposos, dentro de la misma casa, se hablan por el chat. El mal manejo de la tecnología está acabando con el diálogo entre los miembros de la familia. Los adultos le estamos dando a entender a los más pequeños que los momentos de compartir con los seres queridos no son importantes y que no es necesario valorar la presencia del otro.
La manía de mantenernos conectados al mundo virtual nos ha hecho perder la dimensión entre lo que es importante y lo que no lo es. Dudo mucho que las familias que viven atadas a la tecnología aparten tiempo para la oración.
Si las personas comprendieran la importancia de la oración, pasarían más tiempo orando que mirando el celular. Los momentos más significativos de mi vida son cuando oro junto a mi familia. Gracias a esos preciosos instantes, mi esposo, mi hija y yo, estamos unidos a Cristo y uno con el otro. «Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mateo 18:20), declaró Jesús.
La oración en familia me acerca más a los míos y me permite conocerlos íntimamente. Son momentos para quererse más y perdonarse más. Es un tiempo donde nos tomamos de las manos y agradecemos a Dios por sus bondades, exaltamos su nombre y nos maravillamos de su gran amor y fidelidad.
En este siglo donde la tecnología nos separa, vale la pena apagar los celulares y buscar a Dios en oración. Puede que orando descubras los temores de tus hijos, los anhelos de tu cónyuge y te reencuentres contigo mismo. Aprenderás a valorar cada minuto que Dios te regala, entendiendo que es irrepetible. Pondrás en primer lugar las necesidades de los otros antes que las tuyas. Comprobarás que has perdido mucho tiempo buscando la felicidad en los lugares equivocados, pues la verdadera felicidad se encuentra en una íntima relación con Dios.
Hace tiempo, una mujer me preguntó cómo podía hacer para mantener unida a su familia. Yo le contesté una frase que está gastada por lo mucho que se repite, pero que se practica poco hoy día: «Las familias que oran unidas permanecen unidas».

Liliana Daymar González
Periodista
lili_vidaenlapalabra@hotmail.com

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