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¿Cómo cuidar la salud mental en tiempos de pandemia?

La Biblia nos enseña a proteger nuestra salud mental durante las crisis

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La ansiedad puede desencadenar una enfermedad mental. Inicia con pensamientos de temor al porvenir. La persona se imagina una serie de eventos desafortunados que le podrían llegar a ocurrir: su propia muerte o la de un ser querido, la pérdida de su medio de subsistencia, soledad, desamparo o cualquier otra situación desesperada que se salen de su control.
La gran mayoría de los casos de ansiedad provienen de la incertidumbre; de no saber lo que va a pasar o de esperar malas noticias. El distanciamiento social, la posibilidad de contraer el virus Covid-19 y la cifra oficial de fallecidos a nivel mundial son tan abrumadores que numerosas personas están padeciendo estrés crónico, trastornos del sueño, nerviosismo, depresión y, en el peor de los casos, tienen pensamientos suicidas.
La Biblia nos enseña a proteger nuestra salud mental durante las crisis.
Proverbios 4:23 dice: «Ante todo, cuida tus pensamientos porque ellos controlan tu vida» (PDT). Los pensamientos gobiernan las emociones y rigen el carácter de una persona para bien o para mal. Por ejemplo, si piensas: «¿qué pasará con mis hijos si me contagio con el virus y muero?», comenzarás a somatizar tu ansiedad y llegarás a tener síntomas físicos como taquicardia, subida de tensión, insomnio y, probablemente te enfermarás, pero de ansiedad. 

Para cuidar tu mente debes vigilar tus pensamientos. Los seres humanos somos perfectamente capaces de rechazar las ideas y los argumentos que nos provocan temor. El apóstol Pablo dice que los creyentes podemos destruir especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, y podemos llevar todo pensamiento cautivo para que se someta a Cristo. (2ª Corintios 10:5). Se trata de creer lo que Dios dice (la verdad) y de rechazar lo que nosotros sentimos o lo que dicen otras personas o las circunstancias.
Pero no podemos conocer la verdad si no leemos la Biblia y si no oímos el evangelio, pues «la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo» (Romanos 10:17). El Espíritu Santo cambia nuestra manera de pensar a medida que estudiamos y meditamos constantemente en las Escrituras. Una mente saturada de la Palabra de Dios es controlada por el Espíritu Santo. 

Para cuidar tu mente necesitas depositar tu confianza en Dios. El Salmo 56:3 dice: «El día en que temo, yo en Ti confío». Haz una pausa en las redes sociales. Aléjate del flujo de noticias. Evitar indagar sobre estadísticas de muerte por coronavirus. No medites en estas cosas. Nosotros no tenemos el control de la pandemia, Dios sí. En medio de las circunstancias atemorizantes puedes mirar al cielo y decir: «Señor, no entiendo lo que está pasando, no sé qué voy a hacer si esta situación continua, pero confió en ti». Una de las promesas bíblicas a las que me aferro durante las crisis está en Romanos 8:28: «Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito».
Los creyentes tenemos la certeza de que Dios está con nosotros sosteniéndonos y ayudándonos en las circunstancias dolorosas que enfrentamos, y sabemos que cualquier situación (buenas o mala) que Dios haya permitido en nuestra vida es para nuestro bien y para Su gloria.
Puede que durante esta pandemia estés tratando de razonar con Dios y le hayas preguntado: «¿Por qué está pasando esto?». «¿¡Hasta cuándo, Dios mío!?». «¿Cuándo acabará esta crisis de salud?». Pero si confías plenamente en la voluntad de Dios no necesitas saber todas las respuestas, el Señor sabe lo que está haciendo y su voluntad siempre es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2), aunque nosotros no la podamos comprender. «Porque por fe andamos, no por vista» (2ª Corintios 5:7).

Para cuidar tu mente debes concentrar tu atención en las cosas de arriba.  Uno de los mayores problemas que tenemos los creyentes es pasar de oír la Palabra a ponerla en práctica. Durante las crisis se nos olvida lo que tenemos que hacer y dejamos que nuestra mente brinque de un mal pensamiento a otro como un mono salta de rama en rama.
A los creyentes se nos ha concedido la mente de Cristo (1ª Corintios 2:16). Concéntrate en el amor de Dios por ti. En lo que Jesús hizo en la cruz a tu favor. El apóstol Pablo dice: «Si ustedes, pues, han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Pongan la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra» (Colosenses. 3:1-2).
Un creyente que se concentra en las gloriosas bendiciones y riquezas del reino de Dios sabe que todo lo hay y ocurre en este mundo es pasajero. No durara para siempre. Esta crisis acabará. Solo Dios basta. En los momentos de angustia, yo acostumbro a cantar el himno «Fija tus ojos en Cristo» de Helen Howarth Lemmel. El coro dice así: «Fija tus ojos en Cristo. Tan lleno de gracia y amor. Y lo terrenal sin valor será. A la luz del glorioso Jesús».
Vive este día a la luz del glorioso Día cuando Jesús descienda del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levanten. Entonces, nosotros, los que estemos vivos y permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre (1ª Tesalonicenses 4:16-17).
¿¡No te parece maravilloso!? El Señor ha prometido regresar. Mientras esperamos su gloriosa venida tenemos el Espíritu Santo que nos ayuda en nuestra debilidad (Romanos 8:26-39). Concéntrate en estas cosas. Satura tu mente de Cristo. Regocíjate en sus promesas y espera en Dios. Todo pasa, solo Dios es eterno.
Si determinas cada día concentrar tu atención en la Palabra de Dios renovarás tu mente con la verdad, solo así experimentarás la plenitud de la nueva vida que Dios estableció para ti. Todo lo que necesitas es fijar tus ojos en Cristo. 

Liliana González de Benítez
Periodista
lili15daymar@hotmail.com

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