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Comencemos desde el principio

(Fabricia Castorina – Abogada).-

Se ha dicho que nuestra Constitución Nacional es, si no la mejor, una de las mejores del mundo, y yo estoy de acuerdo. Su articulado ha sido objeto de análisis en incontables ocasiones por parte de políticos, abogados, periodistas, gobierno, oposición y hasta el ciudadano «de a pie» -como les dice-. Pero al final del camino, notamos que la enfermita -Venezuela- cada vez está peor. «Que si el gobierno no sirve y engaña… que si la oposición no sirve o desestabiliza o conspira… que si la sociedad está cansada…». Pero entonces, ¿qué pasa? ¿Hasta cuándo? Si la Constitución es buena y casi perfecta, ¿por qué vamos como vamos? Como dice la fábula: «¿Quién le pone el cascabel al gato?».
A mi humilde entender no comenzamos por el principio. El Preámbulo de la Carta Fundamental dice: «…e invocando la protección de Dios…».  Ahora  me pregunto yo, si el preámbulo no importa, entonces ¿para qué se redactó como está? ¿De adorno? No creo. ¿Como amuleto de buena suerte? ¡Mala praxis! Realmente, todas las anteriores Constituciones han establecido expresiones parecidas, incluso las más antiguas contenían en su Preámbulo lo siguiente: «En el Nombre de Dios Todopoderoso, Autor y Supremo Legislador del Universo…». Pero ¿se puede invocar la protección de Dios sin obedecerle? ¡Sí, claro! El problema es el resultado, y aquí estamos…. No me refiero a formalismos religiosos.
En el mundo, millones dicen creer en Dios. Pero vamos como vamos por desobedientes,  porque Dios nos está hablando y no lo queremos escuchar. Me remito a Venezuela porque es lo que me duele, y he escuchado de muchos decir osadamente «Dios nos abandonó». Pues no. Nosotros lo abandonamos a Él. Desde hace siglos, se nos enseñó a creer en Dios a través de un sistema religioso por la necesidad que tienen la mayoría de los seres humanos de creer en algo o alguien; paradójicamente, la palabra «religión» no existe en ninguno de los cuatro Evangelios. Sin embargo, una de las acepciones etimológicamente aceptadas de la palabra «religión» es ésa: La necesidad intensa del ser humano de estar ligado con  Dios. Pero ¿ligados cómo, o para qué, o de qué manera? Muchos ven  a Dios como un dedo acusador. Craso error. Por eso la gente se siente vacía, extraviada,  y prefieren decir «yo no creo en Dios» o «yo creo en Dios a mi manera» para evitar, según ellas, que sus obras sean traídas a la luz. Otros, sin embargo, lo ven como una especie de «Shazam» y le piden a «diosito» -expresión por cierto irreverente- que les ayude a salir de un problema o les conceda un deseo (cual lámpara de Aladino.) Se nos enseñó a creer en Dios pero a través de un sistema religioso humano y tergiversado, con algunos matices espirituales que ha conducido a confusión y a un lamentable y peligroso sincretismo, acompañado de vez en cuando con una oración que se oye «como címbalo que retiñe»; es decir, vacía (evocando en esta expresión al apóstol Pablo). De ahí la deserción en ese sistema. Bien dice Jesús que se ha quebrantado el mandamiento divino con las tradiciones humanas (Mateo 15:3).
Pero existe una gran diferencia entre «creer en Dios» y «creerle a Dios», como lo dicen acertadamente reconocidos conferencistas de fe bíblica.
El apóstol Santiago dice: «¿Crees que Dios es uno? Bien haces. Los demonios también y tiemblan» (2:19). A veces nosotros ni le temblamos a Dios. Una de las infelices aseveraciones que nos ha esclavizado en el libertinaje moral de nuestro país es cuando decimos «creo en Dios a mi manera» o «no creo en Dios» (el efecto es el mismo); y cuando hay libertinaje moral hay libertinaje en todo y lo estamos viviendo desde hace tiempo en todos los ámbitos. No nos respetamos, ensuciamos nuestras calles, nos detenemos con el carro donde nos plazca, se realizan actos antihigiénicos en la calle, actos indignos, robamos con la tristemente célebre «viveza criolla», etc. Eso forma parte de la inmensa escala de antivalores. Creer EN Dios, o creer EN Dios A NUESTRA MANERA no es otra cosa que pretender hacer a Dios «a nuestra imagen y semejanza», es decir, todo lo contrario de lo que Él estableció. ¿No será entonces que esa invocación de Dios en la Constitución la aplicamos «a nuestra manera»?
¡Y todavía nos preguntamos por qué estamos así! ¡Por desobediencia, sencillamente! ¿Es difícil obedecer a Dios? Pues no, si entendemos que los resultados son para bendición. Dios no nos va a exigir nada que no podamos cumplir y es por nuestro bien porque nos ama. El patriarca Moisés por mandato de Dios dijo: «No haréis como todo lo que hacemos nosotros aquí ahora, cada uno lo que bien le parece». Estamos esclavizados y entrampados porque nos acostumbramos a  hacer lo que se nos viniera en ganas y nos hemos perdido de disfrutar de las más de 8.000 -léase bien: ocho mil- bendiciones que Dios ha prometido a los que Le obedecen. Por eso no hemos podido CREERLE A DIOS, porque no LE conocemos. Y sólo podemos hacerlo mediante JESÚS exclusivamente. (No lo digo yo. Lo dice Él); porque como dice  el Señor en el libro del profeta Oseas (4:6), «Mi pueblo pereció porque le faltó conocimiento» o como dice en Proverbios 14:12, «hay caminos que al hombre le parecen derechos pero al final es camino de muerte».
Muchas veces hemos pensado que si invocamos la protección de Dios, Él nos va a proteger sin importar lo que hagamos, porque a fin de cuentas nos dio libre albedrío. Otro error en el que nos complacieron y nunca nos corrigieron. Es verdad que tenemos libre albedrío, pero esa libertad significa saber escoger entre el camino de vida y camino de muerte (muerte = desobediencia). Si escogemos andar por un camino distinto al que Dios dice, obviamente no nos va a proteger porque decidimos salir de la esfera de la bendición. Y Él nos dice claramente cuál es el camino de bendición y cuál el de maldición (por ejemplo, Deuteronomio 28). Dios respeta nuestras decisiones, pero no es «alcahuete» de las malas. «Abandone el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase al SEÑOR, que tendrá de él compasión, a Dios nuestro, que será amplio en perdonar» (Isaías 55:7). «El temor de YHVH (Dios) es el principio de la sabiduría, Y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia» (Proverbios 9).
Venezuela desde hace años, tal vez siglos, camina de espaldas a Dios. Es por eso que ahora en medio de tanta confusión nacional la gente comenta «algo nos está queriendo decir Dios, esto es una lección». Y lo es. «Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo» (Hebreos 12:6). Las lecciones duras sacuden el espíritu y la conciencia del ser humano. Veamos unos pocos ejemplos de nuestra desobediencia: Dice el Salmo 33:12, «bienaventurada la nación cuyo Dios es YHVH» (el Señor). ¿Hemos tenido a Dios como el Señor de Venezuela? No. No porque creamos en Él o le invoquemos en la Constitución lo es. No lo es sencillamente porque no le honramos como Él dice: «Yo honro a los que me honran y los que me desprecian serán tenidos en poco» (1 Samuel 2:30). «Este pueblo sólo de labios me honra; pero su corazón está lejos de mí» (Isaías 29:13. Mateo 15:8). ¿Por qué no lo honramos? Porque no lo tenemos como único objeto o motivo de fe y de adoración, y hay alguien más en Su lugar. En muchísimos pasajes Bíblicos Dios se manifiesta sobre ello. ¿Le hemos obedecido en eso? No y lo sabemos todos. La fe ha sido depositada en forma desviada en motivos compartidos y Dios no comparte su gloria ni su alabanza con nadie (Isaías 42:8, entre otros).  Dios no cambia ni puede ser burlado. ¿Hemos honrado la primera Institución bendecida por Dios, la familia? En la inmensa mayoría de los casos no. Se practica  un «segundo frente» como algo «normal». (Le tengo terror a la palabrita «normal»). Se les pone a los hijos los anticonceptivos en sus bolsos o carteras, cuando Dios nos demanda como padres a cuidarlos celosamente y eso no es cuidar. ¿Somos honestos? En la inmensa mayoría de los casos, NO. ¡Vamos! ¡Seamos sinceros! Las mentiritas blancas son las peores, porque las disfrazamos como «buenas o necesarias». Mentimos porque es «normal». Y Jesús dice que los que mienten son hijos del padre de mentira y no de Dios. (Aunque se nos ha dicho que todos somos hijos de Dios, no es cierto. Otra mentira). ¿Hemos obedecido? No. ¿Estamos honrando a Dios? No, para nada. Él dice que debemos atender sólo a Su Hijo, Jesús. ¿Lo hemos hecho? No. Y esto nos atañe a todos.  Y paro de contar porque no  alcanzaría el espacio para anotar más.
«!Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! !Ay de los sabios en sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!» (Isaías 5:20). ¿Cómo podemos esperar que con la mera invocación en la Constitución nos proteja, si decidimos desobedecerle y andar en nuestros propios caminos? Eso, en resumidas cuentas, es la violación del Cuarto Mandamiento: «No tomarás el nombre de YHWH tu Dios en vano; porque no dará por inocente YHVH al que tomare su nombre en vano» (Éxodo 20:7), pero como invocamos Su Nombre y le hemos desobedecido, lo tomamos en vano y lo estamos pagando. Lo que pasa en el país no es otra cosa que la consecuencia de décadas de desobediencia. Le abrimos puertas al mal.
¿Se puede corregir? ¡Claro que sí! Pareciera difícil, pero no; es cuestión de decisión y voluntad en cada uno de nosotros si queremos ver de verdad a Venezuela Renovada. Dios renueva sus misericordias cada mañana, pero no para complacernos en lo que se nos ocurra, sino esperando ese arrepentimiento y esa voluntad de cambio. Pidámosle ante todo perdón por Venezuela. Mientras más largo lo hagamos, más difícil, doloroso y largo será el recorrido.
COMENCEMOS DESDE EL PRINCIPIO, que haciéndolo así, lo demás será de mayor gozo, a honrar como debe ser la invocación de Dios en el Preámbulo de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Tal vez unos quieran ahora, otros luego, otros no. Pero el cambio se genera porque dice Dios en el libro del profeta Isaías que «Su Palabra no regresa vacía y la hace prosperar en todo para lo cual la envía» (Isaías 55:11), y que «Él no es hombre para mentir» (Números 23:19). Cuando el apóstol Pedro predicaba el día de Pentecostés a los judíos incrédulos sobre la muerte y resurrección de Jesús (no es religión, por favor), ellos compungidos contestaron luego a Pedro y a los otros apóstoles «varones hermanos, ¿qué haremos?» (Hechos 2). Ahí está la respuesta más directa, considerando que esa fue para judíos y no judíos; de aquel tiempo y de todos los tiempos. Le invito a leerla. «La Palabra de Dios es Viva y Eficaz y más cortante que toda espada de dos filos» (Hebreos 4:12).
Cuando dispongamos nuestro corazón para entender el trascendental significado de obedecer a Dios prescindiendo de formalismos religiosos y contaminantes tradiciones, entonces el Espíritu Santo (dije que no es religioso) comenzará a ordenar los pasos de Venezuela. No hay mortal que tenga la vara de la moral y por eso, es urgente acudir al Código Moral por excelencia, si en realidad queremos ver un cambio en nuestro país.
El es nuestro Creador y nosotros sus creaturas; y el Manual del Fabricante es la Biblia. Me permito acuñar esa excelente analogía de los mismos conferencistas. Nada de que «la Biblia es difícil y no se puede interpretar». Otro premeditado error del sistema. Dios quiere que nos acerquemos a Él a través de una relación personal y directa.
Cierro recordando la Invocación de Dios en el Preámbulo de la Constitución: «El pueblo de Venezuela, en ejercicio de sus poderes creadores e invocando la protección de Dios….». Y Dios dice: «si se humillare mi pueblo, sobre el cual ni nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus  malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra» (2 Crónicas 7:14). No sigamos resistiendo. ¿A qué le tenemos miedo? Por lo que a mí respecta, estamos en tiempos de avivamiento. Pero que no nos pase como a Jerusalén, cuando Jesús al verla lloró diciendo: «si también tú conocieses a lo menos en este día lo que es para tu paz; mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con tu vallado y te sitiarán…. Por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación» (Lucas 19:42). Dispongamos nuestro corazón hacia Cristo Jesús con arrepentimiento sincero. Dios está hablando. El cambio comienza desde cada uno de nosotros.
fcastorina@yahoo.com

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