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Carlos Catarí clamó: “Dios, no quiero ser gay”

[quote]“¿Hijo, si tú nunca hubieses sido abusado sexualmente cuando niño, serías gay?, esa pregunta se convirtió en un fantasma que venía a mi mente”[/quote]

(UnoRed – Verdad y Vida).-

A comienzos del año 2016, Carlos Eduardo Catarí, venezolano residenciado en Canadá, decidió compartir su testimonio a través de su propio canal de YouTube para ayudar a personas que se encuentren confundidos respecto a su sexualidad. Él era homosexual, pero ahora ha sido transformado completamente por Dios.
Desde los 5 años hasta sus 12 años, Carlos fue objeto de abuso sexual, cosa que lo llevó a buscar tener experiencias sexuales en todas partes y a cada momento. También, como toda persona abusada, tuvo que lidiar con miedo, inseguridad y depresión a muy temprana edad.
Como consecuencia de esta constante búsqueda, a los 15 años de edad, Carlos ya practicaba la prostitución y recibía dinero a cambio de satisfacer sexualmente a otros hombres. Un año después, a sus 16, decidió contarle a su familia lo que había vivido y confesarles abiertamente que era gay. “Hablé con mi hermana, mi hermana no pudo soportar esta información y ella decidió hablar con mi mamá”, dijo.
“Mi madre se acercó con lágrimas en los ojos diciéndome: ‘¿hijo, si tú nunca hubieses sido abusado sexualmente cuando niño, serías gay?’. No había pensado en eso. Esa pregunta luego se convirtió en un fantasma que venía y venía a mi mente, pero yo seguía firme en mi creencia de ser gay”, comentó.
Fue conociendo otras personas, se fue relacionando con otros homosexuales y allí, comenzó a sentirse aceptado porque estaba con gente que “siente lo que yo siento”. Aun así, confesó que tuvo que aprender ciertos comportamientos, como movimientos de manos, o corporales, que lo hicieran más aceptado y acorde con el grupo. “De esa manera terminé desarrollando muchos amaneramientos que me hicieron ser parte de ese grupo”, dijo.
Meses después su mamá decidió llevarlo a un psicólogo para ver si podía ayudar a su hijo, quien manifestó que poco tiempo después, con ayuda de la doctora, pudo liberarse de un sentimiento de culpa que lo acechaba desde que había sido abusado, pues él creía que le había pasado esto por algo que él mismo había hecho mal.
Aunque la psicóloga ayudo a soltar esa carga, le dijo q Carlos que si él decidía continuar siendo gay, que lo hiciera por decisión propia y no porque alguien más lo expuso a una situación traumática cuando fue niño. Carlos decidió trabajar en abandonar los amaneramientos y movimientos de boca y cuerpo que lo hacían identificar como gay, pero a pesar de eso y aunque los eliminó, el deseo dentro de sí por los hombres seguía intacto en él, “me puedo quitar todo esto [amaneramiento], pero no me puedo quitar el deseo”, pensaba Carlos.
Este joven insistía en no ser homosexual por sus propias fuerzas y decidió, comenzar a tener relaciones sexuales con mujeres, pero se sorprendió al ver que cuando estaba con mujeres, continuaba pensando en los hombres y como su deseo lo hacía volver a los hombres, al estar con ellos pensaba en la preguntaba que le había hecho su mamá un tiempo atrás.

Un círculo vicioso
Carlos, un joven adicto al sexo, no encontraba tranquilidad estando con mujeres ni estando con hombres, porque ambas opciones torturaban su mente con pensamientos y preguntas, sentimientos encontrados y un estado de ánimo que lo llevó a optar por el suicidio. “Ninguna de las dos opciones me brindaba paz”, dijo.

Año de cambio
En el 2004, Carlos y “su novia”, fueron al cine a ver “La pasión de Cristo”, “esa película impactó mi vida. Evidentemente, yo era un completo ignorante del tema y cuando yo voy a ver la película, pensaba que Cristo era un apasionado por las mujeres porque para mí el único significado de pasión era sexual”, comentó. Fue sorprendente para él, entender –sin saber cómo-, que todo lo que Cristo hizo, lo hizo por él, “para pagar por toda mi vida de pecado, mi vida de desastre”.
“Para mí fue muy fácil recibir el llamado de Jesús como mi Salvador, Él me dice: ‘Yo te doy una nueva vida, una nueva oportunidad, borro todos tus pecados, los echo al fondo del mar y puedes comenzar de nuevo’. Yo deseaba eso que Jesús me ofrecía y decir: Te acepto, eres mi Salvador, te sigo”.
No había pasado ni un mes y ya Carlos estaba asistiendo a una iglesia cristiana y fue absoluto su deseo de ser cambiado por el Señor, “no quiero sentir esta atracción que siento hacía los hombres, no quiero sentir deseo hacia los hombres, no quiero ser gay”, le clamaba.
A pesar de su insistente clamor al Señor, confiesa que no pasaba nada, su deseo no solo continuaba sino que se había acrecentado. “Me convertí en un hipócrita, en una persona de doble cara, doble discurso. Los domingos iba a la iglesia, tenía una novia, criticaba y juzgaba a todo el mundo; pero cuando estaba solo en casa me conectaba en la computadora a ver pornografía gay, tenía encuentros sexuales nocturnos con hombres, y aparte de eso estaba completamente amargado”.
Unos 3 ó 4 años después, con la trágica muerte de su hermana, decidió culpar a Dios, dejó de asistir a la iglesia, se aisló, retomó y empeoró la vida sexual desenfrenada que llevaba. Sin embargo, “Dios en su finalidad 18 meses después, hizo un milagro. El Señor se llevó mi dolor y trauma por la muerte de mi hermana, mi tristeza, el señor verdaderamente me dio esa paz que sobrepasa todo entendimiento, como lo dice Su Palabra, y decidí volver a la iglesia”.
Aunque había vuelto a la iglesia, su vida no tenía mayor cambio. Decidió hacer dinero para llenar el vacío que había en él, pero no tenía un arrepentimiento genuino. Años más adelante conoció a una pareja cristiana en Perú, y veía en ellos un resplandor, como la presencia de Dios en sus vidas, y se dijo: “Señor me gustaría muchísimo tener una relación contigo como la que tienes con ellos”.
Posteriormente, luego de 15 años de lucha, el 1 de enero de 2015 en la madrugada, gracias a una familia cristiana que lo acogió en su casa y con quien pasó año nuevo, Catarí conoció a Jesucristo, le entregó su vida y lo aceptó como su Señor y Salvador genuinamente. A partir de ese momento, Dios hizo un milagro en su vida, ya no sentía atracción por su mismo sexo, ahora quería conocer más a Dios, dejó la pornografía, la masturbación y los deseos de acabar con su vida ya habían desaparecido, ahora es un hombre nuevo.
Actualmente, Carlos Eduardo Catarí narra su testimonio de vida en internet y no sólo eso, sino que continuamente sube videos en los que cuenta su proceso de cambio, de adaptación a su nueva vida en Cristo y cómo su gloria se manifiesta ahora en él.◄

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