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Cambiar con nuestra familia comienza con el arrepentimiento

Por muchos años Simón fue el borracho del pueblo. Se bebía el poco dinero que ganaba trabajando en los socavones de una mina y algunas veces —generalmente los domingos en la noche— llegaba a exigirle a su esposa que consiguiera dinero prestado para pagar deudas de juego que él había contraído en medio del alicoramiento.La golpeó muchas veces e igual suerte corrieron sus hijos cuando pretendieron evitar que la siguiera agrediendo. “Un día de estos voy a acabar con todos”, les decía.Pero todo cambió el día que recibió a Jesús como Señor y Salvador. Una anciana le predicó de Cristo y él no solo lo recibió en su corazón como Redentor sino que además, desde ese mismo instante —aunque comenzaba un prolongado fin de semana— decidió no beber un trago más.Su esposa estaba sorprendida con la transformación en el comportamiento y temía que en cualquier momento volviera a sus andadas. Pero nunca fue así. Él cambió de una vez y por muchas décadas hasta que partió a la presencia del Señor.Si algo puede salvar nuestra relación de pareja y mejorar la situación con nuestros hijos, es hacer un alto en el camino, evaluar los errores, disponernos al cambio y dar pasos firmes en esa dirección.El autor y consejero matrimonial, Gary Chapman, escribe:“Cuando Cristo gobierna en nuestro corazón, no nos sentimos bien repitiendo lo mismos viejos pecados. En lugar de eso buscamos ayuda divina para cambiar nuestro rumbo. Si herimos a nuestro cónyuge, es necesario reconocer que aquello en lo que incurrimos está mal y que la sola disculpa no es suficiente para corregir. Es necesario hacer un plan para cambiar nuestra conducta con el fin de lastimar nuevamente de la misma manera a la persona amada” (Gary Chapman. “Los 5 lenguajes del amor – Devocionales”. Tyndale House Editores. 2009. EE.UU. 07/01).El paso más importante para cambiar con nuestra familia y con las personas que nos rodean, es el arrepentimiento. Aceptar que fallamos y disponernos a no incurrir en el mismo comportamiento. El arrepentimiento es fundamental.El evangelista Mateo relata una escena a la que debemos prestar especial atención: “En esos días, Juan el Bautista llegó al desierto de Judea y comenzó a predicar. Su mensaje era el siguiente: «Arrepiéntanse de sus pecados y vuelvan a Dios, porque el reino del cielo está cerca». Gente de Jerusalén, de toda Judea y de todo el valle del Jordán salía para ver y escuchar a Juan; y cuando confesaban sus pecados, él las bautizaba en el río Jordán. Cuando Juan vio que muchos fariseos y saduceos venían a mirarlo bautizar, los enfrentó. «¡Camada de víboras! —exclamó—. ¿Quién les advirtió que huyeran de la ira divina que se acerca? Demuestren con su forma de vivir que se han arrepentido de sus pecados y han vuelto a Dios” (Mateo 3:1-8. NTV).Y le decía que debemos poner especial cuidado al texto porque Juan el Bautista enseñó que el arrepentimiento sincero se demuestra con el cambio de nuestras acciones. No basta con decirle a la esposa o a los hijos: “He cambiado”. Es necesario reafirmarlo con un trato diferente, con expresiones de amor, comprensión y tolerancia, y además, con mantenernos con esa actitud de cambio por encima de las circunstancias que se puedan enfrentar a nivel familiar. Decídase hoy a cambiar con su familia…Si no ha recibido a Jesús como Señor y Salvador, hoy es el día para que lo hago. Le aseguro que no se arrepentirá porque prendidos de la mano del Señor Jesús emprendemos el proceso de cambio que siempre hemos anhelado.
Una meta familiar para hoy: Una meta hoy es pedirle a Dios la sabiduría necesaria para disponernos a cambiar y mantenernos en esa misma dirección.

Fernando Alexis Jiménez
Pastor y escritor
pastorfernandoalexis@hotmail.com
www.mensajerodelapalabra.com

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