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Autoestima: El valor de una persona, Yanintza Aguilera de Yervez

La autoestima es el sentimiento valorativo de nuestro ser, de nuestra manera de ser, de quienes somos nosotros, del conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que configuran nuestra personalidad. Esta se aprende, cambia y la podemos mejorar. Es a partir de los 5-6 años cuando empezamos a formarnos un concepto de cómo nos ven nuestros mayores (padres, maestros), compañeros, amigos, etcétera y las experiencias que vamos adquiriendo.
Según como se encuentre nuestra autoestima, ésta es responsable de muchos fracasos y éxitos, ya que una autoestima adecuada, vinculada a un concepto positivo de mí mismo, potenciará la capacidad de las personas para desarrollar sus habilidades y aumentará el nivel de seguridad personal, mientras que una autoestima baja enfocará a la persona hacia la derrota y el fracaso.
Ahora bien, cuando uno nace recibe mente y cuerpo, y no somos responsables de las diferentes proporciones con que nacimos. No somos responsables de nuestras debilidades o deformidades, ni del tamaño ni la forma de nuestros miembros; pero sí somos responsables de su uso, sea bueno o malo. Más aún, también somos responsables del entrenamiento o hábito que le demos. Aun cuando la autoestima tiene diferentes tipos y grados, y que es algo instintivo, no obstante, y sabiendo que entra por el entendimiento, somos responsables de cómo la eduquemos y en qué manera la hagamos reaccionar.
El Señor nos manda a restringir algunas de sus partes, y desarrollar otras, de tal modo que nuestra autoestima sea cristiana. Veámoslo: «En virtud de la gracia que me ha sido dada, digo a cada uno de vosotros que no piense más alto de sí que lo que debe pensar, sino que piense con buen juicio» (Romanos 12:3). La autoestima del ser humano, como ser inmortal, no consiste tanto en su capacidad intelectual y poderes con que fue dotado en su creación, sino más bien en su capacidad de excelencia moral, y su poder para imitar las perfecciones del Señor, lo cual es revelado así: «Sabemos que cuando Cristo se manifieste, seremos semejantes a Él… Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados; y andad en amor» (1ª Juan 32:2; Efesios 5:1).
La verdadera autoestima se compone de dos elementos: identidad y posesión. Los intelectuales y ricos de la tierra, por lo general, tienen una alta autoestima. En el caso de los creyentes esa identidad es ser hijos de Dios en Cristo, y la posesión, ser morada del Espíritu de gracia. Alguien la ha definido con estas palabras: «La autoestima cristiana o verdadera, es el resultado de la aplicación de principios morales correctos, con santos sentimientos, que nos permitirían asimilar y reflejar el carácter del más Alto, más Bueno y Hermoso de todos los seres. El carácter del Único Hombre Perfecto, nuestro Señor y Salvador Jesucristo». Se trata de un fruto, resultado o efecto. Requiere nuestra colaboración o el uso de nuestro buen juicio; nótese: «Digo a cada uno de vosotros que no piense más alto de sí que lo que debe pensar, sino que piense con buen juicio, según la medida de fe que Dios ha distribuido a cada uno» (Romanos 12:3). Se puede ver que en esta evaluación hay una negación: «No piense más alto de sí que lo que debe pensar».
En conclusión, quiero que sepan que a veces como seres humanos cometemos errores y cuando nos hablan de autoestima pensamos que no somos lo suficiente como para ser aceptado por los demás y allí está el error, nosotros siempre seremos importantes porque Dios nos ama. Y no busquemos nuestra propia aprobación o la aprobación de los demás, es mejor buscar la aprobación de Dios y verán cómo todo se arregla más fácil.
No importa lo que nos haya dicho el diablo tratando de deprimirnos y afectar nuestra propia estima, lo que importa es lo que dice Dios de nosotros, Él nos amó hasta la muerte, y está dispuesto a usarnos cuando nosotros hayamos sanado nuestra alma, despertando nuestra personalidad y levantado nuestra autoestima.
Para terminar, debo dejar en claro que mientras el hombre no se vuelva a Dios por más Psicología, Psiquiatría, Sociología, entre otras ciencias, se aplique para elevar la autoestima, será en vano y una pérdida de tiempo, solo Dios puede llenar ese vacío que tiene forma de Dios.
Recuerden y repítanlo para ustedes: «Yo me amo porque Él me amo primero», y compartan ese amor.

Yanintza Aguilera de Yervez
Psicóloga cristiana
yanimade@hotmail.com

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