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Audismo, Julio Almedo

Cometer un acto de discriminación nos convierte en asesinos a la luz de Palabra. Debemos tener sumo cuidado, si queremos estar agradables delante del Señor

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En muchas ocasiones las personas discriminan, se burlan o no respetan a otra persona, ya sea por su condición física o mental, llegando a despreciarlas, pero cuando esta actitud grotesca es hacia los sordos por su discapacidad auditiva, uso de la lengua de señas; entre ellos, definen con el término “audismo” a estos rechazos.
Lo más controversial de una exclusión son las consecuencias que generan, en algunos casos de manera irremediable. Una persona víctima del llamado “audismo” puede llegar a desarrollar rechazo social, alteración o desorden mental, llevándolo a realizar actos de violentos como vandalismo, robo, y hasta poner en peligro la vida de otra persona y su propia vida. Es por ello que antes de practicar cualquier acto de discriminación hacia una persona con algún tipo de discapacidad, evalúe todos estos posibles efectos secundarios en el individuo.
Para cualquier tema, podemos encontrar qué hacer o una guía espiritual dada por nuestro Padre celestial en su Palabra. Para tratar en general el tema de discriminación racial, física, mental, sensorial de cualquier género el Señor nos orienta al respecto con una “regla de oro” instruida por el mismo Jesucristo en el Sermón del Monte y narrada por el apóstol Mateo. Veamos en Mateo 7:12, “Haz a los demás todo lo que quieras que te hagan a ti. Esa es la esencia de todo lo que se enseña en la ley y en los profetas” (NTV). No sabemos si nuestra condición de salud en un futuro se pueda ver comprometida y llegue a mi vida, a causa del pecado o desobediencia, una dependencia que genere una discapacidad en mi vida o la de un ser querido, y ahora sea atormentado por una discriminación, recordemos que todo cuanto sembramos eso mismo cosechamos.
Así mismo, el Señor nos enseña en Juan 13:34, “Les doy este mandamiento nuevo: Que se amen los unos a los otros. Así como yo los amo a ustedes, así deben amarse ustedes los unos a los otros”. Dice el Señor y su Palabra es eterna “así como yo los amo”, esto está escrito en presente, aun hoy Jesús nos ama, con esa misma manifestación de amor, Dios nos manda a amarnos los unos a los otros. ¿O acaso será que el amor de Dios no está en esa persona que practica discriminación?, porque escrito está: El que no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor (1 Juan 4:8).
Además, Dios no puede ser burlado, su palabra nos exhorta “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (1ª Juan 4:20). Todo aquel que se burla de una persona, se está burlando de Dios que creó a esa persona. Entre muchas más bendiciones en su Palabra, podemos señalar en 1ª Juan 3:10-15 nos presenta “…el que no practica la justicia ni ama a su hermano demuestra que no es hijo de Dios…”; y finaliza diciendo: “…El que aborrece a su hermano es un asesino; y ustedes saben que ningún asesino tiene vida eterna…”. Cometer un acto de discriminación nos convierte en asesinos a la luz de Palabra. Debemos tener sumo cuidado, si queremos estar agradables delante del Señor.
Si sentimos alguna culpa por haber practicado en alguna oportunidad un acto de discriminación hacia otra persona, nunca es tarde para buscarla y ofrecerle disculpas, como nos recomienda la Palabra de Dios: “Sobre todo, ámense los unos a los otros profundamente, porque el amor cubre multitud de pecados” (1ª Pedro 4:8). No olvidando lo que dice en Santiago 5:16, “Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros para que sean sanados. La oración del justo es poderosa y eficaz” (NBV).
El Señor sane nuestras heridas y podamos caminar en su amor y verdad, en el nombre de Jesús, amén.

Julio Almedo
Articulista

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