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Alfredo Araque, ex indigente restaurado por el amor de Dios

(Verdad y Vida – REDACCIÓN).-

Desde muy joven, en su adolescencia, Alfredo Araque se vio envuelto en un mundo de tinieblas por el uso, venta y distribución de drogas en su ciudad natal, Maracaibo, estado Zulia. Pronto abandonaría sus estudios para tomar como carrera principal la elaboración, venta y consumo de drogas.
La cantidad de dinero que manejaba le resultaba muy atrayente y fue así como comenzó a viajar a varias ciudades del país, hasta establecerse en la capital, Caracas. Allí vio mayor tentación de continuar con la venta y consumo de drogas, «estaba envuelto en ese sistema», comentó.
Después de eso, viajó a la isla de Margarita, estado Nueva Esparta, donde pudo experimentar mayor entrada de dinero. Araque tenía gran amor por el dinero y esa era su motivación para mantenerse envuelto en ese mundo.

Vida en la calle
Tiempo después, su estilo de vida dio un giro que lo llevó a estar solo, sin dinero, sin un lugar donde vivir y luchando con una adicción que le hacía gastar el poco dinero que tenía en suplir lo que su cuerpo le pedía.
«Todo tiene un precio en la vida», dijo Alfredo. Al verse sin fuente de ingreso fijo y sin familia, amigos, ni nadie que velara por él, comenzó a vivir en las calles, a cuidar y lavar carros en el hospital Luis Ortega, de la ciudad de Porlamar. «Así caí en el conformismo», explicó. Trabajaba solamente para comprar alguna droga y si quedaba comprarse algo para comer. No tenía motivación ni forma de salir de ese mundo donde estaba.
Finalmente, comenzó a pasar sus noches en la puerta de un negocio, de la imprenta Verbo Publicaciones, una empresa ministerial -que elabora este quincenario- cuyo director es un pastor cristiano y la mayoría de su personal también. Allí tenía su cuarto armado una vez que bajaban las rejas al atardecer. Arriba de la santamaría, estaba lo que Alfredo llama «el locker», su closet, allí colocaba todas sus cosas, su ropa y demás bolsas con sus pocas pertenencias.
Cada mañana el personal de esta imprenta debía levantar a Alfredo para poder comenzar con la jornada laboral, no sin antes, extenderle una palabra de parte de Dios para que dejara de vivir en las calles y responder al llamado que el Señor le estaba haciendo.
«Comenzaron a hablarme de la Palabra de Dios y yo no les hacía caso, siempre había algo en mi cabeza que me decía: No le prestes atención, cuando te boten de ese lugar, no le hagas caso. Siempre oía un susurro que me decía cosas negativas pero cuando el pastor me hablaba, me animaba, me animaba a salir de eso».
Por mucho tiempo este hombre recibió ayuda del director personal de la imprenta y a pesar de querer huir del llamado del Señor, a donde quiera que iba, se encontraba con algún pastor o un cristiano que le hablaba del amor de Dios. «Peleaba con todos los que me predicaban», recordó.

El comienzo de una nueva etapa
Un día, la periodista de Verdad y Vida lo invitó a la iglesia. Sin dejar que Alfredo le diera una excusa, lo subió a su carro. Este hombre entró a la iglesia, escuchó el mensaje del pastor y pensó que todo lo que había escuchado estaba dirigido a él. Internamente se dijo: «Esta tipa me trajo para que el pastor me descargara».
«Cada palabra que yo escuchaba, no era más que versículos de la Biblia, no lo había inventado el pastor, era la Palabra de Dios la que me impactaba», comentó. Al salir, ella le entregó una lectura bíblica que él comenzó a repasar diariamente, «eso me llegó al corazón», dijo Alfredo.
No volvió a la iglesia inmediatamente, pero seguía durmiendo en la puerta de la imprenta. Un día se levantó y se dio cuenta que le habían botado todas sus cosas, a pesar de haberse molestado mucho porque entendió que había sido por su bien y para que comenzara a cambiar su vida.
Por un tiempo se mudó al estacionamiento del hospital, hasta que escuchó la voz de Dios advirtiéndole que debía salir de ahí y seguía topándose con muchos cristianos que le decían que debía volver a los caminos del Señor.
Fue así como terminó rindiéndose realmente al Señor, esta vez en otra iglesia. Allí el pastor también le recibió, lo bañaron y le dieron ropa nueva. Lo atendieron y por seis meses le costearon una habitación en un hotel para que saliera de las calles y tuviera un lugar donde refugiarse de sus adicciones y problemas.
Le daban alimento y trabajo para que fuera restituyéndose, cosa que logró con el estudio de la Palabra y a través de la guía del Espíritu Santo. «Solamente Dios salva y restaura, nadie puede salir de la calle y de las adicciones por su cuenta, solamente con la ayuda de Jesucristo», asegura Alfredo.
Aun por varios meses sintió la necesidad de drogarse, pero mayor era su temor de fallarle a Dios y decidió resistir la tentación y refugiarse en su Salvador. «Yo pensaba, Dios no quiere que me salga de sus caminos, porque me daban ataques de consumir drogas, pero como tenía la responsabilidad de no faltarle al Señor ni a mi testimonio, comencé a tener miedo de que Dios me abandonara si yo sucumbía», expresó.
Así comenzó a vivir una vida en santidad, libre de las drogas y de las calles, lleno del amor de Dios y de un gran agradecimiento porque sabe que sin el Señor no hubiera podido salir de esa vida.

Restauración a través de Cristo Jesús
Alfredo sintió y reconoció que Dios estaba haciendo algo con él cuando nuevamente le ofrecieron drogas para vender, supuestamente para ayudarlo económicamente, y él rechazó la invitación, «más bien insté a esa persona a que buscara de Dios».
«Ya no siento ganas de consumir drogas, ya no siento ira, ni rabia. Dios ha transformado mi vida, ahora sólo pienso en salvar a los indigentes de la calle. No hay medicina que saque a alguien de la calle, la solución es Dios. Hay que orar bastante. Al que se va a abordar hay que esperar que esté abierto para que pueda escuchar y domine al sistema y no dejarse dominar por el sistema».
De acuerdo a este exindigente, «hay gente que quiere salir pero cuando alguien se deja dominar por el sistema, le es difícil. Las personas deben recibir al Señor y querer cambiar para poder salir. Yo lo hice. La sociedad no perdona y pasa factura, en cambio Dios es misericordioso, te da amor, ternura, te sientes lleno, andas caminando y todo el que te ve te saluda y ve la diferencia de ser nadie a ser un hijo de Dios».
Actualmente, Alfredo retornó a esa primera iglesia donde el Señor lo llevó, está siendo discipulado, asiste fielmente y muy pronto comenzará a servirle al Señor en las calles, hablándole a los indigentes de su restauración y libertad del pecado en Cristo Jesús.
«Antes era el inquilino de la imprenta, ahora estoy dentro de la imprenta y colaboro con el trabajo, me siento cómodo, como parte de esta imprenta», concluyó Alfredo Araque.

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