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¡Acérquense a Dios! (Santiago 4:1-8), Germán Novelli M.

Acercarse a Dios no está centrado en lo que nosotros decidimos, sino en lo que Dios decidió en Cristo

Dios en Cristo lo hizo. Por Su Gracia recibimos el perdón, la paz, la justicia y la gloria eterna. El deseo de Dios ha sido, es y seguirá siendo, que todos procedan al arrepentimiento

INTRODUCCIÓN

Visitamos la Universidad de Wisconsin-Milwaukee.
En la entrada había diferentes mesas con promociones. Estaban presente la mayoría de las expresiones religiosas de EE. UU, jóvenes de diferentes clubes universitarios, hasta un estudiante luciendo una camiseta con el nombre del presidente Trump.
Nos detuvimos a escuchar a un hombre, bastante anciano, «predicando» que la mayoría de los jóvenes, sino todos los presentes, irían al infierno.
Mucha de su predicación, además de ley muy mal aplicada, estaba llena de contenido de odio, racismo y discriminación. Por supuesto, su discurso generó reacciones entre los presentes, al punto que la policía estaba atenta por si alguno de los presentes lo atacara.
No simpatizo para nada con esa manera de predicar, es una presentación horrenda del mensaje de Dios, sin embargo, imaginé si nosotros fuésemos a las universidades, predicando la recta Palabra de Dios, invitando al arrepentimiento, anunciando el perdón de pecados por medio de Cristo, y compartiendo que el Espíritu Santo puede transformar las vidas.
En esa expresión dada a Santiago por el Espíritu Santo es que deseamos enfocar nuestro mensaje: «Acérquense a Dios».

¿CÓMO ACERCARNOS A DIOS?

Nos acercamos a Dios mediante la confesión de pecados.
Dios desea que nos acerquemos a Él.
Nos acercamos a Dios mediante la confesión de pecados.
Parte de nuestra naturaleza es pensar en el pecado como un punto de comparación. Me refiero a que solemos compararnos con los demás, quizás con los más viles y manifiestos pecadores, para decir que nosotros somos mejores, pecadores sí, pero no tan malos como aquel o este… etc.
Santiago nos lleva de la mano en el texto para indicarnos cuáles son los pecados específicos, no solo los de los incrédulos, habla de los nuestros.
La lista comienza con las peleas entre nosotros… Nos resulta familiar esta expresión…
Sigue con la codicia que nos lleva a odiar, y el odio es, según Jesús, matar al prójimo…
Incluye oraciones o peticiones cargadas de egoísmo, buscando nuestro beneficio, y no oportunidades de servir a nuestro Dios, menos a nuestros semejantes….
Actuar así es ser adúlteros espirituales. Pretendemos andar tomados de la mano con prácticas mundanas, y decir que somos creyentes, porque tenemos la Biblia en casa o venimos a la Iglesia, o de niño fui bautizado.
La sentencia de la Palabra es clara: «¡Ay, gente adúltera! ¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Todo aquel que quiera ser amigo del mundo, se declara enemigo de Dios».
Frente a esta realidad, la amorosa invitación de Dios en Cristo es: Acérquense a Dios.
De la mano de Dios podemos resistir al diablo, más que eso, con Cristo el diablo sale corriendo, se aleja de nosotros.
Todo comienza con confesar, sinceramente arrepentidos, nuestros pecados al Señor, sometiéndonos al Espíritu Santo.
No se trata de acercarnos a Dios a medias, sino totalmente. Con humildad, permitiendo que Jesús tome el control de nuestra vida.

DIOS DESEA QUE NOS ACERQUEMOS A ÉL

La clave de nuestra predicación no es, como decía el predicador de la universidad, mandar a todo el mundo al infierno. Según la Biblia, el infierno está reservado para el diablo y sus legiones.
Acercarse a Dios no está centrado en lo que nosotros decidimos, sino en lo que Dios decidió en Cristo. El deseo de Dios ha sido, es y seguirá siendo, que todos procedan al arrepentimiento, que ninguno perezca, que su amor que cubre, confiera la vida eterna a todos los que creen en Jesús.
En el texto descubrimos lo que Dios quiere:
…«Ardientemente desea que el Espíritu habite en nosotros» y su motivación es la gracia que Él nos da es mayor.
Dios desea, por medio de Cristo, que todos nos acerquemos a Él, porque Él ya se acercó a nosotros, está con nosotros, está en esta Palabra. Estos son los medios que se manifiestan por el Espíritu Santo, que mora en nosotros y actúa en el Evangelio.
La motivación de Dios es Su Gracia. La Gracia es la razón de la obra de Cristo en la cruz. «¡Límpiense las manos, pecadores! ¡Purifiquen su corazón!».
Dios en Cristo lo hizo. Por Su Gracia recibimos el perdón, la paz, la justicia y la gloria eterna.
Todos estos beneficios, Dios nos lo da cuando, por medio de Cristo, se acerca a nosotros y en Cristo nos acerca a Él…
A permitir que Él more por su Espíritu Santo en nosotros…
A compartir con los demás la alegría del perdón y la salvación que en Gracia hemos recibido.
Esa es la limpieza y purificación de nuestros corazones.

CONCLUSIÓN

Quiero finalizar con una estrofa y el coro de un viejo himno, que deseo que todos recitemos como una oración:
Tú me perdonas me impartes el gozo,
Tierno me guías por sendas de paz;
Eres mi fuerza, mi fe, mi reposo,
Y por los siglos mi Padre serás.
¡Oh, tu fidelidad! ¡Oh, tu fidelidad!
Cada momento la veo en mí,
Nada me falta, pues todo provees,
¡Grande, Señor, es tu fidelidad!
Amén.

Germán Novelli M.
Pastor y periodista

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