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A un Dios desconocido, Liliana González de Benítez

Muchos de nosotros somos como los atenienses de la antigüedad, adoramos a un Dios desconocido, porque no nos tomamos el tiempo para relacionarnos con Él

Altar al Dios no conocido

El primer y gran mandamiento dice: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mateos 22:37). Pero cómo vamos a amar a quien no conocemos, para amar a alguien previamente debemos conocerlo. Antes de casarte, seguramente te relacionaste con tu futuro cónyuge, primero fueron amigos, después novios, anduvieron juntos, conocieron sus afinidades, el carácter de cada uno, hasta que finalmente decidieron contraer nupcias.
Nadie ama a quien no conoce. En Hechos 17:23, Pablo, indignado al ver la ciudad de Atenas llena de ídolos, levantó su voz en medio del Areópago y dijo: “Atenienses, por todo lo que veo, ustedes son gente muy religiosa. Pues al mirar los lugares donde ustedes celebran sus cultos, he encontrado un altar que tiene escritas estas palabras: ‘A un Dios no conocido’. Pues bien, lo que ustedes adoran sin conocer, es lo que yo vengo a anunciarles” (Versión DHH).
Muchos de nosotros somos como los atenienses de la antigüedad, adoramos a un Dios desconocido, porque no nos tomamos el tiempo para relacionarnos con Él. Inclusive, algunos veneran a Dios conjuntamente con otras deidades, porque ignoran sus mandamientos. “Mi pueblo está siendo destruido porque no me conoce”, dice el Señor (Oseas 4:6, NTV).
Pablo, con gran valor, les anunció a los atenienses el único Dios vivo y verdadero (Juan 27:3:25): “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que hay en él, es Señor del cielo y de la tierra. No vive en templos hechos por los hombres… Dios no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en Dios vivimos, nos movemos y existimos… Siendo, pues, descendientes de Dios, no debemos pensar que Dios sea como las imágenes de oro, plata, o piedra que los hombres hacen según su propia imaginación. Dios pasó por alto en otros tiempos la ignorancia de la gente, pero ahora ordena a todos, en todas partes, que se vuelvan a él” (Hechos 17:24-30, DHH).
El principio de la sabiduría es el temor del Señor (Proverbios 9:10). Si amas a Dios guarda sus mandamientos: “No tengas otros dioses aparte de mí… no te inclines delante de ellos ni les rindas culto, porque yo soy el Señor tu Dios, Dios celoso que castiga la maldad de los padres que me odian, en sus hijos, nietos y bisnietos; pero que trato con amor por mil generaciones a los que me aman y cumplen mis mandamientos” (Éxodo 20:3-6 DHH).
Si por ignorancia, religiosidad o tradiciones heredadas has adorado imágenes o has estado inmiscuido en ritos de santería, brujería, lectura de cartas, adivinación, horóscopo, interpretación del tabaco… arrepiéntete de todo corazón, obedece los mandamientos del Señor para que te vaya bien a ti y a tu descendencia (Deuteronomio 4:40).

Liliana González de Benítez
Periodista y autora
lili15daymar@hotmail.com

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