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¿A cuál Dios adoras?

(Euclides Fuguet Borregales – Teólogo y abogado).-

Yo no venero como dios al fuego aun cuando este quema, consume, destruye o funde los dioses existentes de oro, plata, hierro, piedra o madera. Siendo ellos quemados obedecen al fuego y le alimentan bajo su influencia.
Nunca llamaré dios al fuego porque el agua lo apaga. Por tanto el agua es más venerable que el fuego. Sin embargo, el agua sirve para regar la tierra y alimentar los árboles y seres vivos y no la puedo llamar dios porque se subsume bajo la tierra y desaparece. A los árboles no los puedo llamar dioses pues aunque producen frutos y ayudan en la producción del oxígeno su vida es limitada.
A la tierra tampoco la puedo llamarla dios pues ella se seca bajo el sol y está subordinada al hombre que la trabaja. El sol podría ser más adorable que la tierra porque sus rayos la iluminan toda pero no lo llamo dios porque cuando la noche viene se torna todo en oscuridad. Tampoco llamar dioses a la luna y las estrellas porque ellas alumbran sólo de noche.
No llamaré dioses ni cargaré amuletos porque ellos se ensucian, se engrasan o se dañan con el sudor del cuerpo; ni buscaré salvación, futuro o paz en frutos, hojas, palmas o ramas de plantas en las puertas de mi casa o negocios por su efímera vida; no consideraré dioses ni descansaré en las publicaciones escritas por el hombre porque todas ellas se cambian o reforman cada día.
Por todo eso y más, te presentaré al Dios en quien creo firmemente. El Dios creador del hombre y todos los seres y cosas. No el dios creado por el hombre en su pensamiento y hechos. Yo te presento al Dios, Jehová de los ejércitos, Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, quien creó los cielos y la tierra. Nos ofrece vida, amor, paz, salvación, redención, orientación y guía cada segundo de nuestra vida y nos colocó en este mundo, en este planeta, en este continente, en este país, en esta ciudad, en este barrio, en este hogar para que vivamos en paz, en unidad y nos amemos los unos a los otros, obedeciendo su mandato.
A ti amigo, donde te encuentres te digo, que el amor de Dios sembrado en mi corazón y mente produce preocupación por ti y tu salvación, a través del Señor Jesucristo, el Señor de Venezuela. Por eso familia, amigo o conciudadano, oro para que el amor de Dios Todopoderoso alcance tu vida. Él te busca, te llama; al atender su llamado encontrarás en Él la verdad y el camino que te guiará hacia verdadero Dios de la humanidad.
eucarfuguet@gmail.com

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