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La visión trae dirección, enfoque y orden a las organizaciones y naciones, Arnoldo Arana

Sabiduría de los dichos de Salomón Nº 22

«Donde no hay visión, el pueblo se desenfrena (no hay orden; se dispersa)» (Proverbios 29:18a).
La visión es esencial para generar dirección, alineamiento y orden a la vida de las naciones y pueblos. La visión es también un factor fundamental en el ejercicio del liderazgo, al igual que en el ejercicio personal para el logro de metas y objetivos de vida. Sin visión no se puede enfocar un esfuerzo –acción, por carecer de una dirección en la que encauzarse. La falta de visión desenfoca, desempodera; trae confusión y falta de orden. Pero cuando hay una visión compartida, hay sentido de dirección y orden; se genera además una orientación hacia los resultados, y se facilita el establecimiento de las prioridades. La visión se convierte para una persona, organización o nación en una brújula que orienta para desplazarse con confianza y convicción en el entorno donde las personas y las organizaciones se mueven.
Cuando no hay visión: objetivos, metas, sentido de dirección, hay mucha dispersión, desalineación y desenfoque. La palabra que usa el rey Salomón para expresar la falta de visión es desenfreno, la cual traduce literalmente «soltar o dejar a solas», y transmite la idea de ausencia de dirección. La raíz de la palabra «desenfreno» evoca la soltura de amarras, el quedar a la deriva, andar sin control, no tener punto co­nector y/o alguien que queda solo, abandonado.
Para comprender el papel de la visión es útil explorar los efectos de su ausencia, en este caso, el desenfreno que causa. Para este fin podemos usar la metáfora de las aguas impetuosas de un caudaloso río que llegan a un gran lago represado donde encuentran calma, a fin de surtir a una gran turbina de ge­neración hidroeléctrica, la cual sirve como canalizadora de la fuerza del agua. El agua del lago no se desborda ya que tiene por donde salir, tiene una infraestructura que le permite canalizar productivamente su fuerza, a fin de producir bienestar y servicio a muchas personas que se benefician del servicio de la energía eléctrica, o las aguas para el riego que se derivan de ese proceso. Sin embargo, si en un momento se deja de canalizar el ímpetu de las aguas represadas, desde ese momento se empieza a correr el riesgo de que se desborden (desenfrenen) las aguas, sobre todo en tiempos de lluvias torrenciales.

La visión: catalizador del alineamiento organizacional
Igualmente funciona en el liderazgo, cuando un líder agrupa seguidores y sus capacidades son bien canalizadas y concentradas en pos de una visión, se produce una gran potencia para la acción eficaz que puede impactar positivamente a muchas personas; sin embargo, si no se canaliza el ímpetu, habilidades, talentos, destrezas y anhelos hacia una visión en particular, ese líder corre el riesgo de que los esfuerzos de sus seguidores se dispersen y se desborden, es decir, se desenfrenen. La visión se convierte, entonces, en uno de los más poderosos catalizadores para el alineamiento organizacional. En un equipo de trabajo la visión facilita la cohesión y la coherencia organizacional.
Ahora, la visión para que sirva de instrumento para alinear el esfuerzo de la gente, requiere ser compartida y comprometida por todos los miembros de la organización. La visión compartida contribuye a que la mayoría de los miembros de una organización remen en la misma dirección, haya verdadera sinergia y se maximicen las competencias de la gente; se cree un núcleo de personas que se comprometan para alcanzar y lograr la visión e implementar las estrategias.

En el liderazgo el poder emana de la visión
«El poder es la habilidad de obtener todo lo que se desea del entorno, considerando lo que está disponible» (H.B. Karp). Warren Bennis lo define como «la energía básica necesaria para iniciar y continuar una acción… la capacidad para traducir intención en realidad y continuarla». Y Manuel Barroso lo conceptualiza como «la energía que se mueve hacia objetivos definidos». Estas tres definiciones ponen de manifiesto que el poder implica la capacidad de generar empoderamiento, y que eso solo es posible cuando hay objetivos y prioridades claramente definidos, que facilitan la capacidad de enfocar la acción. Es difícil, entonces, empoderarse y habilitarse para la efectividad, si se carece de una visión: dirección, norte, que brinde un cauce al poder.
La visión tiene la virtud de producir tanto energía (pasión, entusiasmo, inspiración), como dirección (un norte, una brújula). Ambos aspectos son esenciales en el manejo de la visión: dirección para proveer enfoque, y energía para generar empoderamiento hacia la consecución de la visión.
El poder es energía, pasión, inspiración, determinación de la voluntad, entusiasmo y convicción en las personas; pero para que el poder sea canalizado y se exprese con efectividad, requiere de una forma que le dé estructura y permita canalizarlo; esa forma es el liderazgo. Y también necesita de un sentido de dirección que le permita enfocarse y lograr efectividad; esa dirección la provee la visión.
Aprender a usar el poder para liderar, vale decir, generar influencia para conseguir los resultados con base a objetivos trazados y compartidos, requiere aprender a usar la capacidad de movilizar la energía propia hacia una visión y unos objetivos definidos, con el fin de transformar el entorno.
La visión empodera al líder y a la organización, porque la visión permite enfocar el esfuerzo y la acción. Hay un poder tremendo en un líder y organización enfocados. Pero sin visión no se pude enfocar el poder. Sin visión el poder se disipa por carecer de una dirección en la que encausarse.
El poder, entonces, emana de la visión. La visión empodera porque enfoca, brinda un cauce para que la energía (tiempo, dinero, esfuerzo, pasión, talentos, etc.) se exprese. Sin visión el poder se diluye, o peor aún, se estanca, por carecer de una guía y un norte hacia donde movilizarse. Por el contrario, el poder se convierte en la energía del líder para emprender y continuar las acciones que conlleven al logro de los objetivos pro­puestos, cuando existe una visión que brinde dirección al poder y facilite su enfoque. El progreso en la consecución de la visión, es, entonces, el factor que mide el grado de poder con que se desempeña un líder.
Concluimos, entonces, que el poder se expresa cuando se direcciona y canaliza la energía del líder hacia objetivos definidos. La falta de visión le quita capacidad al líder, lo desgasta, porque lo priva de la brújula que encauce el desarrollo y la expresión de su potencial (energía, talentos, habilidades, personalidad, etc.), que son la base de su poder. En un líder el poder se evidencia en la capacidad de éste para convertir la visión en realidad, por eso el poder siempre necesita tener un lugar en la visión del líder. Por otra parte, la visión empodera al líder, y éste empoderado tiene la capacidad de traducir la visión en realidad. Poder y visión están estrechamente relacionados y vinculados además al liderazgo.
El reto para un líder es definir, comunicar y ejecutar efectiva y cuidadosamente la visión; y lograr así que la gente no se desenfrene, sino que se alinee e inspire a trabajar con ímpetu y enfoque. Desarrollar liderazgo incluye, pues, tanto la visualización de la imagen clara de una visión, como la capacidad para organizar y enfocar un esfuerzo en el área de la visión, y traducir ésta a la realidad.

Enseñanzas para el liderazgo:
La visión es esencial para generar dirección, alineamiento y orden a la vida de las organizaciones, naciones y pueblos.
Pero cuando hay una visión compartida, hay sentido de dirección y orden; se genera además una orientación hacia los resultados, y se facilita el establecimiento de las prioridades.
El poder emana de la visión. La visión tiene el potencial de habilitar, inspirar y motivar al líder al logro de grandes realizaciones.
Sin visión no se puede enfocar el poder. Sin visión el poder se disipa por carecer de una dirección en la que encauzarse.
En una nación u organización es responsabilidad del líder concebir –articular, comunicar de manera eficaz y alcanzar una visión de un futuro mejor y más prometedor.

Pensamiento: Liderazgo es dominio de la visión. El liderazgo demanda establecer y mantener una visión, y luego dominar cada una de las piezas básicas de esa visión.

Arnoldo Arana
Pastor, psicoterapeuta y escritor
arnoldoarana@hotmail.com

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