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10 razones por las que no soy ateo

(Will Graham – Escritor y profesor de Teología).-

Bueno, queridos hermanos. Ya era hora de que se publicara un manifiesto explícitamente no-ateo. Así que, en obediencia al precioso mandato del hermano Pedro- “Estad siempre preparados para presentar defensa”- hoy queremos compartir diez razones por las que tenemos tanta esperanza en nuestro gran Dios y Salvador.
Esperamos que estas razones fortalezcan vuestra fe y que os animen a seguir predicando las buenas nuevas del Evangelio con gran gozo y libertad por dondequiera que os encontréis.
¡A disfrutar!

1.- No soy ateo porque nada puede salir de la nada.
Dado que la ciencia contemporánea reconoce que el universo comenzó a existir (como bien dice nuestro querido hermano Antonio Cruz), nos resulta necesario elegir entre una de dos opciones: o todo salió de la nada o todo salió de algo. ¿Cuál opción parece más probable? ¡La segunda, por supuesto! ¿Cómo puede algo salir de la nada? Nada viene de la nada. Tristemente algunos ateos actuales tales como el biólogo británico Richard Dawkins y el físico americano Lawrence Krauss están intentando redefinir el vocablo ‘nada’ para que signifique ‘algo’. Así vemos que hasta los mismos ateos reconocen lo absurda que es su cosmovisión.

2.- No soy ateo porque no es posible que la armonía, orden y perfección del universo pudieran existir sin una mente inteligente que los diseñara.
A nivel cosmológico, ¿cómo es que las constantes y las leyes de la naturaleza están tan finamente ajustadas para que haya vida en este planeta? A nivel antropológico, ¿cómo explicar la existencia de órganos tan complejos como el ojo, el cerebro o el corazón? ¿Y como si esto fuera poco, qué diremos del ADN? Con razón confesó Isaac Newton (1643-1727), “A falta de otra prueba, el dedo pulgar por sí solo me convencería de la existencia de Dios”. Tantas señales de diseño implican la existencia de un Diseñador.

3.- No soy ateo porque una mera explosión fortuita no puede explicar cómo la estructura de mi cerebro es capaz de entender las leyes relativas a la armonía, orden y perfección del universo.
Una de las maravillas más impresionantes de la disciplina científica consiste en entender que hay seres en este mundo capaces de descifrar las leyes del universo, es decir, nosotros. Pero alguna vez te has parado a pensar: ¿por qué existen semejantes seres en el mundo? ¿Cómo es que las leyes del cosmos corresponden con las matemáticas de nuestros cerebritos mortales? El matemático norirlandés de la universidad de Oxford- Dr. John Lennox- lo tiene muy claro: se debe a una Mente divina detrás de todo.

4.- No soy ateo porque soy algo más que una máquina-bioquímica-racional. Estoy lleno de amor, deseo y esperanza. Y además puedo reconocer la belleza cuando la veo.
Uno de los desafíos más grandes para el  Nuevo ateísmo  del siglo XXI tiene que ver con explicar la existencia de personalidad en el mundo. Si todo tiene un comienzo impersonal, ¿de dónde surge lo personal? Te pongo un ejemplo. Piensa en algo impersonal. Digamos un trozo de madera. Ahora, si duplico ese trozo de madera perfectamente y ahora tengo dos trozos, ¿el segundo será personal? ¡Claro que no! Y, ¿qué tal si hago cincuenta duplicaciones? ¿Luego será uno de ellos personal? ¡De ninguna forma! Y una pregunta más, si hago diez mil millones de duplicaciones, ¿acaso habrá un trozo personal entre ellos con sentimientos, inteligencia y voluntad? ¡Qué va! Lo impersonal no puede engendrar personalidad. Por lo tanto, el ateísmo teórico lo tiene bastante difícil. La única posible explicación es un Creador personal.

5.- No soy ateo porque tengo una conciencia moral. Puedo distinguir el bien del mal.
Al decir que creo en el bien y el mal, no estoy negando que los ateos puedan ser ‘buenas personas’ y tipos geniales. Pero lo que sí estoy afirmando es que el ateo no tiene ninguna razón lógica para creer que algo sea inherentemente bueno o malo. Cómo observó el autor ruso Dostoievski: “Si Dios está muerto, todo está permitido”. Puesto que Dios no existe, el ateo se ve obligado a conformarse a los estándares éticos que le rodean en su contexto socio-biológico. El problema con este tipo de moralidad surge cuando vives en una sociedad como el Tercer Reich de Hitler que exige que mates a todos los judíos que encuentres por el camino. En tal circunstancia, uno se ve obligado a seguir las demandas éticas de tal Estado ya que no existe una autoridad moral más alta a la cual apelar. Sólo el creyente -con su robusta fe en Dios- puede decir ‘¡Nein!’ a los nazis y vivir según la ética del Espíritu.

6.- No soy ateo porque toda tribu y lengua sobre la faz de la tierra tiene una conciencia religiosa y la idea de un algo (o un alguien) transcendental.
Desde tiempos prehistóricos, el tema de Dios (los dioses) ha fascinado al ser humano. Es como si su naturaleza tendiese hacia la adoración religiosa. Paradójicamente, pues, los escritos de los nuevos ateos están demostrando que el hombre no es capaz de dejar de pensar en Dios. Me acuerdo de una frase: “Me aburren estos ateos. Siempre están hablando de Dios”. El siglo XXI no puede erradicar la idea de Dios. ¿Por qué son las cosas así si somos fruto de la pura buena suerte? Algo aquí no cuadra. ¿No será que fuimos hechos por Dios para Dios?

7.- No soy ateo porque de todo corazón creo que mi vida tiene un propósito y significado.
El ateo más famoso de la segunda parte del siglo XX- el filósofo inglés Anthony Flew (1923-2010)- renunció su ateísmo en el 2004 citando varias razones académicas. Una cosa que no podía entender como ateo fue la existencia de entidades orientadas hacia fines, a saber, seres con propósito. Escribió en su obra Dios existe (2007), “La única explicación satisfactoria del origen de esta vida “orientada hacia propósitos” […] que vemos en la Tierra es una Mente infinitamente inteligente”. El azar no posee ningún propósito ni significado. Por consiguiente, no puede producir seres con propósito. ¡Pero aquí estamos viviendo de acuerdo a propósitos y fines! El azar no nos podrá haber diseñado así.

8.- No soy ateo porque, aunque soy imperfecto, tengo la idea de un ser insuperablemente perfecto dentro de mí. Tal concepto sublime no puede provenir de mi mente finita.
Esta es la idea de Descartes (1596-1650). ¿De dónde surge esta idea de perfección en mí? ¿Por qué sé que no soy perfecto? En este punto, Descartes dependía de la filosofía de Anselmo (1033-1109), la cual definió a Dios como supremamente perfecto. Si algo es perfecto, necesariamente tiene que existir; porque si no existiera, no sería perfecto. Por lo tanto, Dios existe. Tomás de Aquino (1224-1274) también habló a favor de la existencia de Dios a partir del concepto de la perfección razonando que los diferentes grados de perfección que experimentamos en este mundo dan testimonio de una Perfección absoluta (a saber, Dios). Son argumentos que el filósofo americano Alvin Plantinga ha avivado a lo largo de los últimos décadas para demostrar la existencia de Dios.

9.- No soy ateo porque los frutos del ateísmo práctico  son -en su mayoría- feos, malvados y claramente pervertidos. Y mucho del ateísmo intelectual  no es más que un ejercicio de insolubles contradicciones.
Ya ha quedado claro que el ateísmo deja muchas preguntas complejas sin contestar. Pero más allá del debate académico y teórico, hay que reconocer que el fruto del ateísmo está totalmente podrido a nivel práctico. Es imposible hacer clic en una página web o en una cuenta de Facebook abiertamente atea sin encontrarte con groserías, imágenes repulsivas y comentarios feos. En el segundo siglo, Justino Mártir argumentó a favor de la existencia de Dios gracias a las vidas cambiadas y transformadas de los creyentes que había conocido. Y creo que podríamos emplear el mismo argumento hoy día en contra del ateísmo. De forma irónica, las vidas, acciones e insultos de la banda atea son tal vez el mejor anuncio para la fe en Dios. ¿Quién tendría ganas de vivir como ellos? ¡Yo no! El odio que percibo en muchos de ellos es el mismo odio que llevó a los ateos Mao (China), a Pol Pot (Camboya) y a Stalin (Unión Soviética) a asesinar a millones de creyentes en el nombre del ateísmo el siglo pasado. Me quedo con el amor. Me quedo con la esperanza. Me quedo con mi Cristo. El ateísmo no me interesa para nada.

10.- No soy ateo porque el Espíritu Santo mora en mi interior. Sé que Dios está vivo. Acabo de hablar con Él hace sólo cinco minutos.
Punto diez, sin comentarios.
©Protestante Digital

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